El periódico Alerta fue un diario cubano surgido a mediados de la década del treinta. A partir de 1949 lo adquirió Ramón Vasconcelos, periodista de reconocido talento, pero servidor de causas antipopulares. No obstante, en sus páginas aparecieron constantes denuncias acerca de los males de la República, en particular las presentadas por el joven abogado Fidel Castro Ruz contra el gobierno auténtico de Carlos Prío Socarrás (10 de octubre de 1948-3 de marzo de 1952).

Desde su graduación, Fidel había puesto sus saberes profesionales al servicio de las causas justas y contra la corrupción imperante. El 11 de septiembre de 1951 apareció en las páginas de Alerta un texto titulado “Más vale morir de pie”, en el que Fidel condenaba la muerte del obrero Carlos Rodríguez a manos de importantes jefes de la policía.

Poco después, el 28 de enero de 1952 —aniversario del natalicio de Martí—, en el mismo periódico apareció, con la firma del joven abogado, un artículo titulado “Yo acuso al presidente Prío de traicionar los altos intereses de la nación”, el cual constituyó una vibrante y documentada denuncia acerca de la corrupción existente durante su mandato.

En primer término, Fidel acusaba a Prío de engañar a la opinión pública. En este sentido, se refirió a varias acusaciones que le habían sido hechas con anterioridad al gobernante y que este había desmentido públicamente, a la vez que exigía pruebas, que sabía no podrían ser fácilmente conseguidas.

En su texto, el abogado anunciaba una inmoralidad “capaz de invalidarlo [a Prío] del respeto y la consideración de la ciudadanía” y tan o más grave que las anteriores y lo retaba a que lo desmintiera afirmando que “en una mano tengo la denuncia y en la otra las pruebas”. Se refirió al “voraz apetito de tierras”, que se había apoderado de Prío, quien había ido “adquiriendo una serie de fincas, en cada una de las cuales se vieron erguir fastuo­sos palacios, piscinas, aeropuertos y toda una serie de fantasías. Así fueron haciéndose famosas La Altura, La Chata y otras”. Mas, como “esto no era suficiente” adquirió “una cadena de fincas de las mejores y más valiosas tierras en las proximidades de La Habana que van desde Calabazar, en el término de Santiago de las Vegas, hasta más allá de Managua, en el término municipal de San Antonio de las Vegas”.

¿De qué medios se valió Prío para adquirir estas fincas y fomen­tar enormes latifundios? Parece que el abogado se va del tema al relatar la siguiente estampa de corrupción: en 1944, una madre denunció la violación de su hija por Emilio Fernández Mendigutía, hombre inmensamente rico, que nombró como abo­gado defensor al doctor Amador Bengochea primero, y después, “al doctor Carlos Prío Socarrás con bufete en esta ciudad, calle A no. 66 en el Vedado”. Por entonces, Prío era “se­nador de la República, aspirante a presidente y uno de los personajes más influyentes del régimen”. No obstante, Fernández Mendigutía fue sancionado a privación de libertad por seis años y a “indemnizar a la perjudicada por daño moral causado”. El culpable acudió a la instancia superior y “después de varios fallos del supremo, fue dictada [la sentencia] con carácter definitivo”. Para ese momento, “ya Carlos Prío era Presidente de la República y 10 días después, sin haber estado el sancionado siquiera una hora en la cárcel, donde solo iba a firmar acompañado de un ayudante del Presi­dente, firmaba el Jefe del Estado el Decreto número 182 del primero de agos­to de 1950, publicado en la Gaceta Oficial el día 4 de ese mismo mes y año en la página 15 367 que en su parte esencial dice lo siguiente: ‘En uso de las facultades que me están conferidas […] Resuelvo: otorgar indulto total incondicional a Emilio Fernández Mendigutía’”.

¿Por qué esta aparente digresión? Pues resulta que a través de una Sociedad Anónima, Mendigutía transfirió a Prío las fincas Casas Viejas, Gordillo, San Francisco de Paula o Menocal, Galera y el cafetal anexo Avelino. Bajo la presidencia de Prío se construyó, con fondos del Estado, por supuesto, una carretera “que iría desde Calabazar a Managua”, aunque, en verdad, “no hasta Managua, sino hasta el cora­zón de las fincas comprendidas bajo la Sociedad Anónima Compañía Agropecuaria e Industrial El Rocío, S. A.”.

Mendigutía, que ya había sido condenado, amparándose en la Sociedad Anónima traspasó las acciones a Carlos Prío Socarrás a cambio de que lo librara de la mereci­da sanción, incluso, “antes de ser indulta­do fue designado Secretario Civil del Presidente, cargo creado expre­samente para él y convertido desde ese momento en testaferro para la adquisición de nuevas fincas por los alrededores”, como la Pancho Simón y la Lage o Mercedes, además de contar con una hipoteca a su favor sobre la finca Amelia María.

Para colmo, sus fincas eran “administradas por el teniente del Ejército Marino Coy, que era sargento hasta el día 6 de este mes y año [enero de 1952] en que pasando sobre el escalafón militar, como regalo de Reyes, fue ascendido por el Presi­dente Prío. Las labores del campo, y esto es lo gravísimo, son realiza­das principalmente por miembros de las fuerzas armadas. Aproxi­madamente 40 reclutas del Campamento de Managua son trasladados diariamente a la finca por la carretera de Calabazar donde se les ve cruzar en el camión comando chapa oficial número 2770. Co­mienzan sus labores a las 7 a. m. y se marchan a las 5:30 p. m. / La limpieza de las cuadras y caballerizas corre a cargo del vigilan­te Figueredo, de la Policía Nacional. / El soldado Tejeda hace el oficio de caballericero. / Un hermano del teniente administrador, Neno Coy, vigilante de la Policía Nacional, presta también sus servicios allí en diversos trajines”.

Es decir que el presidente de la República utilizaba a las fuerzas armadas de la nación en labores que nada tenían que ver con el servicio militar.

Por si fuera poco, “Las condiciones de trabajo son allí realmente horribles […] En más de una ocasión han manifestado de manera violenta su protesta por los rigores del trabajo […]”.

Terminaba Fidel su denuncia afirmando:

“Todo cuanto he dicho es rigurosamente exacto e invito a su com­probación a un Tribunal de Honor en cuyas manos pondré todas las pruebas y medios para su verificación.

”Y con estos hechos irrebatibles a la vista: YO ACUSO al Presidente de la República de rebajar la dignidad de su cargo y su decoro de profesional, al indultar como presidente al que no pudo absolver como abogado.

”YO ACUSO: al presidente Prío de prostituir el espíritu de la gracia presidencial, cometiendo un delito de cohecho, sancionado por el Código de Defensa Social, al otorgar el indulto de manera evidente mediante dádivas y presentes de la persona interesada, haciéndose dueño con anterioridad al indulto, de fincas que eran propiedad del indultado Emilio Fernández Mendigutía.

”YO ACUSO: al Presidente de la República de vulnerar todas las leyes del trabajo y las garantías de la legislación social, al someter a los obreros que trabajan en su finca a la más inicua explotación con jornadas de 12 horas de trabajo y salarios de miseria bajo la direc­ción de capataces militares.

”YO ACUSO: al Presidente de la República de mixtificar y rebajar la función de las fuerzas armadas de la República, convirtiendo a los soldados en caballericeros, braceros y peones de campo sometién­dolos obligatoriamente a un trabajo esclavo valiéndose de su inves­tidura, para ponerlos a producir en beneficio de su patrimonio par­ticular.

”YO ACUSO: al Presidente de la República de fomentar el latifundismo en contra del espíritu constitucional y contribuir por su parte al desem­pleo crónico mediante la sustitución del obrero pagado, por el traba­jo obligatorio de soldados

[…]”.

Fidel concluyó su denuncia emplazando a Prío a desmentirlo, lo cual, de hecho, no era posible. Tenía entonces nuestro Comandante en Jefe apenas veintiséis años de edad y, a pesar de su juventud e insuficiente experiencia profesional, se irguió en contra de la corrupción y en defensa de la dignidad de la nación. Esa actitud ética ha marcado siempre su quehacer.

 

Notas

Todas los textos entrecomillados corresponden a “Yo acuso al presidente Prío de traicionar los altos intereses de la nación”, denuncia de Fidel Castro, publicada en Alerta el 28 de enero de 1952. Puede consultarse en Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado: fondo Fidel Castro Ruz.

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