Graduados de la Facultad de Comunicación de la UH-2016 (Foto: Yoandry Avila Guerra)
Graduados de la Facultad de Comunicación de la UH-2016 (Foto: Yoandry Avila Guerra)

En la graduación de 200 jóvenes en periodismo y ciencias de la información por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el decano de esta institución, Dr. Raúl Garcés Corra, pronunció unas breves pero sustanciales palabras, que por su trascendencia publicamos en este 15 de julio, aniversario de la fundación de la Upec, de cuya Presidencia nacional también él forma parte actualmente.

Hace exactamente once años, en esta misma Aula Magna, Fidel Castro lanzaba de sopetón una pregunta a los jóvenes cubanos aquí reunidos: ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad? Fue el punto de partida de una discusión trascendental que involucraría más tarde a muchas personas y removería el debate de un extremo a otro de la Isla con una máxima: poner los pies sobre la tierra.

Se ha dicho que dedicamos este acto al cumpleaños 90 de Fidel Castro, pero poco haríamos, en realidad, si nos limitamos a dejar constancia en el guión de la dedicatoria. Si fuéramos más allá, y comprendiéramos el significado de su práctica política, el alcance de un liderazgo puesto a prueba lo mismo en Bahía de Cochinos que en la crisis de los balseros, la capacidad para adaptar batallas tácticas a necesidades estratégicas mediante la persuasión y el encantamiento; si comprendiéramos eso –repito- nos explicaríamos más fácilmente el pasado reciente y la magnitud de los desafíos que están por venir.

Dr. Raúl Garcés, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (Foto: Yoandry Avila Guerra)
Dr. Raúl Garcés, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (Foto: YAG)

Algunos intentan levantar el futuro de Cuba sobre los pilares del olvido o la desmemoria. Se edulcora recurrentemente el pasado, sobre todo el anterior a 1959. No es difícil, por ejemplo, encontrar en paladares de la Vieja Habana las fotos deslumbrantes del Capitolio, el estilo imponente del Hotel Nacional, las imágenes casi perfectas de los rascacielos bordeando el Malecón. Esa es una parte de la Historia: la otra hay que buscarla en la pobreza estremecedora recogida en las portadas de Bohemia, en los censos de población de los años 40 y 50, en las denuncias fulminantes de Oscar Pino Santos, sobre la situación del campo cubano, en la Revista Carteles.

Lo peor que pudiera pasarnos en este país es la ignorancia. Barack Obama ha dicho –lo ha dicho recientemente, en el Gran Teatro de la Habana-, que él no es un hombre varado en el pasado. En el fondo, los círculos de poder norteamericanos quisieran que, a nivel de subconsciente popular, marcáramos el 17 de diciembre de 2014 como el inicio de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. No niego que hayamos empezado una nueva época. Lo que digo es que sortearemos mejor el peligro de la absorción, de la asimetría económica y política respecto a Estados Unidos, si mantenemos vivas las lecciones de la Historia.

Ustedes tienen poco más de veinte años. A su edad, en la década de los 20 y los 30, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras la emprendían contra el National City Bank, la Standard Oil Company, la United Fruit Company, la Cuban Telephone Company y otras decenas de empresas que se habían apoderado de las finanzas del país. A su edad, en la década de los 40, jóvenes habaneros protestaban contra el ultraje que encarnaban marines yanquis orinando sobre la estatua de José Martí en el Parque Central. A su edad, en la década de los 50, José Antonio Echeverría atravesaba los angostos pasillos de Radio Reloj, presto a su propia muerte con tal de regalarle a Cuba la noticia del fin de Fulgencio Batista.

Ustedes tienen poco más de veinte años y toda la vida por delante. No permitan que la Historia se repita. Claro que les toca cambiar y mejorar la sociedad imperfecta que tenemos, discutir sus contradicciones, hacerla moderna e insertarla dentro de las dinámicas globales de la actualidad. Pero no confundan eso nunca con retroceder, o con ceder en valores ineludibles de la cultura política compartida. Dialoguemos con lo mejor de los Estados Unidos, seamos hospitalarios con sus ciudadanos, alentemos relaciones comerciales fecundas y prósperas. Pero dejémonos acompañar, al mismo tiempo, por ese sentido común político que encarnó Ernesto Guevara cuando dijo: “al imperialismo –decía el Che- ni un tantico así”.

Digo todo lo anterior para subrayar la naturaleza ideológica del desafío que se nos avecina. Y, por ideológico, es también comunicativo. No es posible reproducir los consensos presentes y futuros sin construir el tejido social comunicativamente; de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, en todas las direcciones posibles.

Ustedes representarán, en lo adelante, una cara importante de la institucionalidad revolucionaria. Van a la prensa a dar la pelea, van a las bibliotecas públicas a socializar conocimiento con los usuarios, van a las empresas, a las localidades, a las organizaciones de la administración pública, a reivindicar el papel de la comunicación y la información en la gestión del desarrollo. Van a centros que, probablemente, tienen todavía una pobre comprensión del papel de los cientistas de la información, los comunicadores y los periodistas en la Cuba actual.

Nadie ha dicho que la tarea que enfrentarán será fácil, pero puede que lo sea más que la enfrentada por sus predecesores. Nuestras especialidades están llamadas a abrirse paso cada vez más aceleradamente dentro de la sociedad cubana. No por gusto se riegan como pólvora las direcciones de comunicación, y los blogs, y las redes sociales, y los repositorios institucionales, y los sistemas de información tan demandados por los diferentes tipos de organizaciones. La Facultad de Comunicación tiene, tal vez como nunca antes, el encargo de responder a una demanda de comunicación creciente: necesitamos profesionales competitivos, un sector público que se comunique vigorosamente, cuadros de dirección hábiles en lidiar con las cámaras y las conferencias de prensa, una cultura de control interno que asocie la información y la comunicación a indicadores indispensables de un ambiente de transparencia.

Queridos estudiantes, familiares, profesores:
Graduamos hoy, sumando todas las modalidades de estudio, unos 200 estudiantes. Ha sido un curso difícil e intenso. Enfrentamos uno de los eventos más relevantes de la historia de la Facultad. ICOM 2015 trajo a Cuba a decenas de investigadores de Europa, Estados Unidos y América Latina. No había terminado ICOM, y teníamos a las puertas la evaluación institucional de la Universidad de La Habana, que le otorgó a esta casi tricentenaria casa de estudios la condición de excelencia. Después, sobrevino la acreditación de la maestría en Ciencias de la Comunicación, igualmente calificada de Excelente. Y más tarde la carrera por publicar artículos científicos en revistas de alto impacto, la obligación de graduar el número de másters y doctores comprometidos, el objetivo de acreditar la especialidad de Periodismo y el doctorado en Ciencias de la Comunicación, previsto para los meses de octubre y noviembre próximos. Y la alegría de que FCOM se instaló, por primera vez, entre las tres primeras Facultades de la Universidad de La Habana.

Nada de lo anterior, sin embargo, es meta, sino más bien un punto de partida. Son ilimitadas las potencialidades de nuestros jóvenes y sus profesores cuando trascendemos las parcelas, cuando integramos competencias, cuando superamos la tentación de subestimar el todo, y concentrarnos apenas en una parte. Mirar con luz larga la casa FCOM es combinar teoría con práctica social; armonizar investigación con solución a los problemas del entorno; es docencia y festivales de cultura, y copas de cultura, y orgullo feconiano.

Muchachas y muchachos:
No dejen de aprovechar cada minuto en lo adelante para convertirse en hombres y mujeres útiles. Escuchen las palabras del viejo Enrique José Varona, pedagogo de todos los tiempos, que una y otra vez aconsejaba a la juventud de las primeras décadas del pasado siglo en el camino de construir un mejor país: “Yo quisiera ver a la juventud gallarda, cívica, combatiente, preparada, culta, capaz de enfrentarse con los problemas de hoy y encararse al futuro, con la misma gallardía heroica que supieron demostrar aquellas juventudes gloriosas del 68 y el 95. El deporte es útil, hace hombres fuertes, pero la patria necesita ciudadanos”.

Cuba les espera jubilosa ahora que reciben sus títulos de graduados en Ciencias de la Información, Comunicación Social y Periodismo; y la Facultad los despide momentáneamente, consciente de que pronto estarán de vuelta, convertidos en parte de nuestro claustro, investigadores o estudiantes de posgrado.

Aquí los estaremos esperando. En nombre de todos los que formamos parte de la casa FCOM, muchas felicidades.

(Palabras del Dr. Raúl Garcés Corra, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en el acto de graduación del curso 2015-2016, efectuado el 12 de julio de 2016, en el Aula Magna)

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