Luis Suárez, quien fuera Presidente de la Felap, firma ejemplares de su libro "Puente sin fin", en la Feria del Libro de La Habana, en enero de 2003
Luis Suárez López (1918-2003), quien fuera Presidente de la Felap, firma ejemplares de su libro “Puente sin fin”, en la Feria del Libro de La Habana, en enero de 2003.

Sobrino de Luis Suárez, José Luis Suárez González, recuerda a aquel hombre de “ideas claras” que sabía llegar a Sevilla, a la casa familiar, “con su máquina de escribir y con cámaras de fotos colgadas a los hombros”. Con el respaldo de distintos compañeros -uno de ellos Álvaro Manuel Fernández Rivera-, José Luis mantiene viva en Andalucía la llama de quien fuera durante muchos años, en distintos períodos: secretario general y presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP). Secretario general, presidente y, por sobre todo, uno de los principales hacedores históricos de nuestra organización continental.

-¿De dónde nace la idea de darle vida a la obra de Luis y a su entrega por una sociedad mejor?

José Luis Suárez González, sobrino de Luis Suárez, en Sevilla, España
José Luis Suárez González, sobrino de Luis Suárez, en Sevilla, España

-Es que para mí Luis era como una utopía, era alguien al que nunca vas a ver. Mi abuelo Gregorio, padre de Luis, me contaba que Luis se había ido de España cuando la guerra y me hablaba de su valentía luchando en el bando de quienes defendían la República y me decía de sus discursos, de su capacidad de oratoria. Por ese entonces yo tendría unos diez años.

-Y un día…

-Y un día mi tío regresó, como a mis doce años, y al verlo no me lo creía. Nunca había escuchado hablar de política y con él supe de qué se trataba. Llegaba con su máquina de escribir, con cámaras de fotos colgadas a los hombros; fue mi maestro, mi orientador.

-¿Qué contaba?

-Historias que me hicieron leer, que me hicieron querer saber más. Una de las veces que vino a Sevilla, cuando mi hermano y yo éramos chicos, al enterarse que estudiábamos en un colegio salesiano dijo que a ese colegio no debíamos ir: “no, a un colegio de curas no”. Y nos mandaba el dinero para que fuéramos a otro colegio. No sólo mandaba el dinero para el colegio, sino para los libros y todos los materiales que se necesitaban.

-Ya siendo grande tuviste la oportunidad de trabajar con él cada vez que regresaba a España…

-Más que de trabajar de colaborar con su agenda de trabajo. Me llamaba y me pedía que le consiga una entrevista con Adolfo Suárez, con Felipe González, con distintas personalidades, y se preocupaba por todos los detalles previos. Siempre fue muy exigente consigo mismo, muy preciso acerca de qué quería y cómo lo quería, muy dedicado a su profesión.

¿Cómo lo definirías, más allá de sus ocupaciones y preocupaciones laborales?

-Como un luchador de clase, antiimperialista; un hombre de ideas claras, un muy buen analista, muy abocado a su trabajo profesional y sindical, entregado a la lucha política y social.

-En el primer homenaje a Luis en su tierra, destacaste de él “su sinceridad, su honradez y su tesón para enseñar a los demás”. Dijiste que “no quedaría en el olvido”, y por lo que veo y escucho tu tarea por la recuperación de la memoria histórica no se remite únicamente a mantener presente a Luis.

-No soy yo solo, otros compañeros tampoco dejan morir la identidad y la lucha de quienes han dado ejemplo de compromiso político y social y fueron perseguidos y, en muchos casos, asesinados.

-Hace unos años se le puso el nombre de Luis a una calle de Albaida del Aljarafe y ahora procuran lo mismo en una rotonda de otro pueblo.

-Luis murió en el año 2003 y tres años después, junto a representantes del ayuntamiento de Albaida del Aljarafe, pueblo donde nació Luis, le hicimos un homenaje, al que asistieron, entre otros, la hija de Luis – mi prima Aurora-, y el compañero Martins Morim, periodista de Portugal. En esa ocasión se puso el nombre de Luis a una calle y desde hace un tiempo venimos hablando con el alcalde de Anazcóllar, para hacer lo mismo en una rotonda que está a la entrada del pueblo. La recuperación de la memoria histórica requiere no abandonar nunca la lucha contra el olvido.

Por Juan Carlos Camaño, presidente actual de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap)

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