“Lo que más marcó mi vida es haber vivido”

auroraUna mujer mira hacia el infinito a través de las persianas de la habitación. Está embarazada y tiene un cigarrillo en la mano. Me pregunto en el cuarto de quién habré caído, provinciana yo, acabada de llegar a La Habana, porque a ojos vista esta mujer está loca, fumando con un bebé a punto de salir de su vientre.

Así conocí a Aurora María López Herrera hace más de cuatro décadas. No tardé en darme cuenta de que había caído en la mejor área de aquel edificio de becados –amado por muchos- situado en la mismísima intersección de las calles Tercera y F.

Ajena a tribunas, fanfarrias y lentejuelas, puede ser la persona más sencilla del mundo. Difícil de apresar, le tiendo una trampa ineludible para entrevistarla: le envío un cuestionario por correo electrónico y espero pacientemente que lo conteste una madrugada de estas. A fin de cuentas ahora tengo una excusa mayor: su reciente premio Bonifacio Byrne por la obra de la vida en Matanzas.

-En cuarto grado nos encomendaron una composición sobre Martí y por la que redacté me designaron responsable del periódico mural del aula. Tenía una excelente profesora y fue mi primer guía en el enrevesado y subjetivo camino de las letras.

-Estudié inicialmente dos años en la Escuela del Partido Ñico López y en tercero nos unieron al grupo de Periodismo de la Universidad de La Habana.

El lugar donde uno descubre el mundo, donde devela los misterios de la vida, lo marca definitivamente. Sin chovinismos de ningún tipo, para los oriundos de este pedazo de Cuba es ineludible el sentido de pertenencia. Sería ingrato no responder a tanta belleza, a tanta espiritualidad acumulada, a los reclamos del mar que abraza sus calles…

-La ciudad ha sido protagonista en todo mi quehacer. Trabajé ocho años en la Isla de la Juventud, donde el colectivo, no sólo del periódico Victoria, sino también de otros medios como radio Caribe y la corresponsalía de la AIN, éramos en realidad una gran familia y amo a muchos a quienes conocí en esa etapa.

-Pero cuando retornaba a la cuna me percataba de la fuerza de esa matanceridad que algunos no reconocen, pero que vive en cada uno de nosotros. La ciudad dormida, de los puentes, de los ríos, la Venecia de América, la Atenas de Cuba, ha sido también llamada, y se justifica, la de los sobrenombres. Y se trata de que queremos describirla, pero nos elude y se resguarda definitivamente en los sentimientos.

Comparte la alegría y hasta el orgullo de haber visto nacer a Yumurí, primer semanario cultural de un periódico de provincia. Girón acogió lo mejor de sus años de profesional. En él se estrenó como jefa de un suplemento de ocho páginas y también de su equipo cultural. Pero Girón también la vio al frente del departamento Informativo y hasta de subdirectora.

-Recuerdo la primera crónica que publiqué en Girón, dedicada a Martí. Hablaba de lo que podía significar un simple busto de yeso para un niño. Recuerdo las madrugadas, el olor a plomo, las máquinas Underwood o la revolución que significaron las Olivetti, lastradas por la falta de cintas. Tengo conmigo a quienes venció la muerte y gozo el encuentro con los que aún resistimos. El periódico, aunque se trabaje en equipo, tiene la trampa de una soledad creativa que impone desafío y satisfacción. Adoro la prensa plana.

-Yumurí dio la posibilidad de enaltecer al creador matancero. Todas las manifestaciones artísticas tuvieron cabida. Lleno de imperfecciones, llenó un vacío. Leí recientemente una entrevista a alguien que se enorgullecía en su momento de publicar en él y que ahora, con mayores posibilidades editoriales, lo empequeñecía. Recordé entonces a la orquesta Aragón: “No me vengas con chaleco, que te conocí sin mangas.” No renuncio al orgullo de haber sido su primera redactora-jefa, ni a la humildad de reconocer sus lunares. Debía, porque Matanzas se lo merece, retomarse.

-La televisión es bien distinta. Permite un vuelo imaginativo que logras, o no, ver en una pantalla. Me dio la posibilidad de probarme y de recibir muchas satisfacciones. Me he entregado a TV Yumurí. Y si tuviera que escoger entre los dos medios, sufriría de una severa indecisión profesional.

A estas alturas vale preguntarle qué lugar ocupa la televisión con respecto a los demás medios en la difusión del mensaje ético y estético a la población, y si cumple actualmente con esa función que se le ha asignado.

-Tengo entendido que la producción televisiva cubana es superior a la de muchos países subdesarrollados. Pero tenemos que mirar al mejor patrón técnico y aunque no se compartan ideologías, aprovechar experiencias que han demostrado eficacia. Nos falta, y lo lamentable es que muchas veces existe la creatividad precisa, pero nos perjudican dogmas y la innegable y omnipresente falta de recursos.

En Cuba la vida de una mujer que es madre, abuela, esposa, periodista, escritora y además de eso, durante la mayoría de su vida laboral se
desempeña en múltiples cargos es algo cotidiano. Tal vez esa cotidianidad le reste valor a algo que es casi épico.

-Se llega a la conclusión de que todo se basa en el amor. No se trata de idealismo, ni de que se quiera sublimar la realidad. Es que no existe otra forma de decirlo. Ser madre de tres hijos, abuela de tres hombrecitos, bisabuela, responsable de un hogar y periodista, sólo se logra si te sientes plena cuando lo abarcas todo y, sorprendentemente y contra cualquier pronóstico, tienes resultados. Las mujeres bien sabemos de cuánta voluntad se requiere y llevamos una ventaja a los hombres: es mayor la dicha cuando nos reconocemos que somos.

-A pesar de los innegables avances, aún nos pesan los siglos de incomprensión, que se manifiestan en los hogares, el ámbito laboral y social. Queda mucho por decir y hacer, y a las mujeres periodistas nos corresponde mucho de ese mucho.

Periodista y abogada, siempre he creído que estudió Derecho casi que por gusto, porque ¡ay del contrario cuando se enfrenta a ella! En todo momento en defensa de las causas más justas y humanas posibles.

-Me hubiera gustado probarme como reportera en la escena internacional. Como pasajera de avión he llegado a Cienfuegos –en mi primera luna de miel, en un aparato que llamaban Patico–, Camagüey, Holguín y la Isla. No me frustra, pero fue una variante reporteril nunca desempeñada.

La recuerdo en su etapa de estudiante universitaria; en los gloriosos tiempos de Girón, cuando llegó a estar entre los mejores periódicos de provincia del país; he visto su incertidumbre al despedir a compañeros del diario que partían hacia Angola, sin saber si volverían; en recogidas de caña y campos de tomate, en construcciones de micro brigada; en incontables días y noches de barricada en Girón, en fechas señaladas; y la he visto velando a amigas toda una madrugada, con la sorpresa por su inesperada partida. La he visto, en fin, enterrando a sus propios muertos.

-Decía Neruda: Tanto he vivido, que quiero vivir otro tanto. Hitos: ser madre, haber conversado en varios momentos con Fidel, perder a personas muy queridas, departir con colectivos inolvidables, ser alumna de maestros prodigiosos, tropezar y tropezar y levantarme, escuchar una canción o leer una obra –poema o narrativa— estremecedora. Lo que más marcó mi vida es haber vivido.

Casi siempre llama la atención alguna mujer con un oficio inusual para su género, como ser ponchera o piloto de aviación, por ejemplo, pero casi nunca se piensa en la intelectual y mucho menos en la periodista. Pero, ser mujer y periodista entraña tener tiempos limitados para casi todo. El periodismo, más allá de una profesión, es un modo de vida, cuando usted ama y está comprometido con lo que hace. Su vida está en función de coberturas, entregas de reportes y hasta llega a extrañar su rinconcito en la Redacción. Hay lugares que no son los mismos sin ciertas personas, ellas forman parte intrínseca del espacio.

La prensa plana y la televisión le deben mucho a esta mujer incansable, asmática, excelente periodista, fumadora empedernida, polémica, que tiene, además, el don de la enseñanza. El periodismo matancero no sería el que es sin Aurora López Herrera.

Por: Maritza Tejera

Tomado de: www.radio26.cu