Lectura de fin de semana: Lola de Tió y sus dos alas

Lola Rodríguez
Lola Rodríguez

Hasta hace poco, yo pensaba, erróneamente, que había sido José Martí el creador de la máxima: “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas”. El apóstol anunció en las bases del Partido Revolucionario Cubano, el propósito de conquistar la independencia de Cuba y “auxiliar y fomentar la de Puerto Rico” y quizá por ello, muchos le agenciamos la consabida sentencia. Mas no fue Martí, sino Lola Rodríguez de Tió, quien inmortalizó la frase en el poemario “Mi libro de Cuba”:

¡Vuestros dioses tutelares

Han de ser también los míos!

Vuestras palmas, vuestros ríos

repetirán mis cantares…

Culto rindo a estos hogares

Donde ni estorba ni aterra

El duro brazo que cierra

Del hombre los horizontes…

¡Yo cantaré en estos montes

Como cantaba en mi tierra!

Cuba y Puerto Rico son

De un pájaro las dos alas,

Reciben flores y balas

Sobre el mismo corazón…

¡Qué mucho si en la ilusión

Qué mil tintes arrebola,

Sueña la musa de Lola

Con ferviente fantasía,

¡De esta tierra y la mía,

Hacer una patria sola!

Le basta al ave una rama

Para formar blando lecho:

Bajo su rústico techo

¡Es dichosa porque ama!

Todo el que en amor se inflama

Calma en breve su hondo anhelo:

Y yo plegando mi vuelo,

Como el ave en la enramada,

Canto feliz, Cuba amada,

¡Tu mar, tu campo y tu cielo!

Valga decir que Puerto Rico fue la cuna de Lola, o Dolores Rodríguez de Astudillo Ponce de León, poetisa y periodista. Nació el 14 de septiembre de 1843, en el poblado de San Germán. Allí cursó los primeros estudios, tutelada por su padre, quien atesoraba una gran biblioteca.

Desde muy temprano vio publicados sus versos en los diversos rotativos del país. El periodista Bononcio Tió se quedó prendado de la joven poeta y ella le confío sin titubeos sus inquietudes culturales y políticas. Ambos contrajeron nupcias en 1863.

Durante el “Grito de Lares” de 1868, Lola escribe La Borinqueña, una composición valiente contra el régimen español. Acciones rebeldes como esta le valieron el destierro a Caracas junto con su esposo.

Otra vez sufrió las penurias del desterrado en 1889. En esta ocasión su destino fue La Habana. Allí vivió hasta 1895, año en que la errante Lola se mudó a Nueva York, enrolándose en los movimientos independentistas cubanos y puertorriqueños, por lo cual mereció el título de Presidenta Honoraria del Club Político Rius Rivera. Fue además secretaria del Club Caridad, empeñado en socorrer a los combatientes cubanos que luchaban en contra del régimen español.

Hacia 1899, regresó a La Habana, donde fungió como inspectora de Escuelas Públicas. Aquí enviudó, envejeció, mereció la membresía de la Academia de Artes y Letras de Cuba, devino socio Bienhechor de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Galicia en La Habana.

Nunca pensó retornar a Puerto Rico, pero corría el año 1915 y ya había pasado el miedo de volver a su tierra amada. Fue acogida con gran Júbilo, aclamada por su pueblo. Su visita alcanzó la dimensión de un acontecimiento nacional.

Dolores moriría el 10 de noviembre de 1924 en Cuba, su segunda patria, la ciudad donde encontró casa y abrigo.

Por usana Rodríguez Ortega/Tomado de Guerrillero)