Falsa como el sol que ilumina la medianoche, la noticia se regó por el ciberespacio a velocidad cósmica: de las primeras 14 entradas en google –del más de medio millón que aparece al pedir Cuba-Panamá-droga, la primera afirma –en la mañana del inicio del VII Congreso del Partido Comunista- “Panamá decomisa droga proveniente de Cuba”.

El Diario de Hoy, como el Diario de las Américas, eldia.es y otros medios que auspician o se prestan a las campañas de difamación contra la mayor de Las Antillas, incluyendo los de la “reacción miamera” y sus acólitos, intentaban arrojar el lodo de tan nefasta práctica sobre un país que escapa a esa tragedia social.

El hecho utilizado como arriete del nuevo episodio de propaganda negra fue la incautación por la policía panameña de más de 400 paquetes de cocaína con destino  a un puerto belga.

Luego de lanzada la pelota de fango, comenzaron los tímidos desmentidos virtuales al referirse al asunto como “confusión por decomiso de cocaína en puerto de Panamá” (El Nuevo Herald) Según un reporte de última hora, y en exclusiva para el noticiero de América

Noticias, un alto oficial de la Policía Nacional panameña, …o a distanciarse de la afirmación colocando un “pero…” en el texto de notas que seguían encabezadas con el titular de la que está leyendo.

Muchas horas después del inicio de la avalancha anticubana, una exclusiva del noticiero de América Noticias informaba que un alto oficial de la Policía Nacional panameña confirmó al Canal 41 que la droga encontrada, y que presumiblemente había salido desde Cuba con destino final Bélgica, habría sido plantada en el propio puerto de Colón.

Y añadía el desmentido definitivo: “Férreos críticos del régimen habían manifestado por diversas vías que no tenían dudas que la misma había salido desde la Habana. Rosa María Payá, hija de Oswaldo Payá, comunicaba ayer vía Twitter que los “narcogenerales” estaban detrás de esta operación”.

Parece sobrar cualquier comentario sobre lacayos, testaferros mentirosos y aberrados propagandistas, que a veces son calificados como “periodistas independientes” por los mismos medios que los utilizan y que, luego, la realidad y sus propios auspiciadores los dejan “colgados de la brocha”.