René Martínez Calderón, combatiente del Ejército Rebelde (Foto: MC)
René Martínez Calderón, combatiente del Ejército Rebelde (Foto: MC)

— Martínez, baje usted para que se quede aquí en el cuartel —me dijo el jefe.
— Pero…, déjeme ir con los demás.

“Tuve discrepancias con él, a toda costa yo quería seguir en aquel camión que nos llevaba a la muerte. En el cuartel de Guara llevábamos ya seis o siete meses, nos habían mandado allí a nosotros, que éramos combatientes del Ejército Rebelde, como misión luego del triunfo revolucionario.

“Yo soy de Cumanayagua y me alcé cuando tenía 17. Estuve once meses en el monte, recogiendo armas, transportando mensajes, haciendo varias cosas. Después del ’59 continué en el Ejército, catorce años en total: pasé por distintas unidades, estuve en zonas rurales y ayudé en la construcción de la Fábrica de Fertilizantes aquí en Cienfuegos. Me desmovilicé en el ’68. Estuve 22 meses en el Congo y en Angola.

“Tengo ya 81, y aun así, cuando llegan estos días y me acuerdo de todo aquello, del 4 de marzo de 1960, me pongo mal, me siento mal. Las imágenes me vienen a la mente e inevitablemente pienso que yo pude haber caído allí también.

“Recuerdo el camión de la capitanía que vino recogiendo guardias para descargar el barco La Coubre, en La Habana. Nosotros éramos seis y el jefe nos dijo que todos no podíamos ir porque alguno tenía que quedarse en el cuartel; bajó a dos. De los otros cuatro compañeros, —calla—… ninguno sobrevivió a las explosiones.

“La noticia corrió muy rápido, movilizaron después a todos los soldados y a todas las unidades para ir hacia allá. Estuvimos en posición de combate, en acuartelamiento. Luego nos enteramos de que había sido un sabotaje”.

A René Martínez Calderón, prácticamente, le regalaron una vida. La orden de bajarlo de aquel camión impidió más tragedia, aunque él no se conforme y le sea difícil hablar, recordar, y contar en fecha cercana estas memorias que, invariablemente, caminan de la mano de la muerte por causa de un acto criminal.

Como consecuencia de las dos explosiones del barco La Coubre murieron, aproximadamente, entre 75 y 100 personas y resultaron heridas otras 200, entre ellos muchos voluntarios que corrieron a socorrer luego de la primera detonación. Todo sucedió alrededor de las 3:10 de la tarde y se perdieron también las 76 toneladas de municiones belgas.

Milagrosamente, Martínez no quedó tendido en el suelo del muelle cerca de Tallapiedra.

Por Melissa Cordero / Cubaperiodistas

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