Debates de género o la construcción de una cultura de paz

Carlos Alejandro durante su conferencia en la región central (Foto: Albert Fajardo)
Carlos Alejandro durante su conferencia en la región central (Foto: Albert Fajardo)

Medio contrariada preparé mi mochila viajera, por otra vez,  hacia la región central del país a reunirme con colegas cuyo interés en los temas de género les hace abandonar por unos días su zona de confort para trocarla por talleres realizados a partir de ponencias nacidas de la investigación académica o productos comunicativos que deben su surgimiento al afán de contar historias humanas que ofrecen razón a la prensa. Entonces se cruzan saberes, que pueden o no, salir de las paredes en que se suscitan esos debates que transversalizan  la Cuba del siglo XXI.

Me reconozco creyente en el poder de las transformaciones que en el plano individual y colectivo producen las reflexiones que se socializan porque pueden mejorarnos como seres pensantes y actuantes. La contradicción me llegó colgada de la sospecha de comentarios desacreditadores de prácticas que, como lluvia sobre mojado, se refieren a las problemáticas de mujeres cuando en Cuba está declarada oficialmente la participación activa de las mujeres y es política de la Revolución la plena igualdad de derechos para su ciudadanía.

Ante la incomprensión de posibles beneficios prácticos luego de dialogar acerca de la comunicación, los medios y el periodismo desde una perspectiva de género y al consecuente empleo de un lenguaje no sexista, o al destierro de estereotipos patriarcales mediadores en la construcción de imaginarios me propuse abrir ojos y oídos que me pudieran ofrecer nuevas razones para la insistencia por el reencuentro con personas que hace algunos años, algunas más de 20, como la Upec se dedican a los estudios de género en el país.

Sin embargo, una vez en la conocida tierra de la piña, y hasta donde llegaron representantes de Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus y Camagüey a unirse con los  anfitriones de Ciego de Ávila mi vuelta a la calma tuvo una primera razón. Junto a las de mayor experiencia llegaban jóvenes que también se han dejado provocar por la propuesta de una contracultura feminista en los medios de comunicación que tiene entre sus  voces mejor afinadas en el gremio la de la Doctora Isabel Moya Richard quien defiende con su título de Reinventar el periodismo, la teoría y la práctica para una comunicación no sexista.

conferencia de Carlos alejandroPor eso, en la Universidad de La Habana, la asignatura Género y comunicación: entre los medios y las mediaciones de optativa va ganando reconocida popularidad entre los más jóvenes, que también se van interesando por conceptos como feminismo, masculinidades, identidad de género, diversidad sexual, derechos sexuales y reproductivos, entre otras tendencias y teorías que actualizan las miradas acerca de la relación entre los seres humanos no sólo en Cuba, sino en el mundo, y que para nada desconocen los nuevos medios sociales que nos propicia la tecnología.

Que tantas instituciones, junto a la Upec, (como la FMC, la ACCS, la UNEAC, el PCC, el CAP en Ciego de Ávila) hayan contribuido a preservar alianzas no sólo en defensa de las mujeres sino de los hombres, de la infancia, de la adultez mayor, contra la violencia en cualquiera de sus versiones y en especial, la simbólica desde los medios de comunicación y que además, propicien con acciones concretas a que  los debates no se encierren entre cuatro paredes sino llegue a comunidades o a diferentes grupos etarios se me antojan nuevas razones para más que calma, llegue la satisfacción.

Y si además, ha aumentado el número de investigaciones que ya van amparadas no sólo desde la praxis cotidiana sino desde la academia, y que se escuche hablar de impactos en la sociedad cubana actual a partir del trabajo no estatal, del alcoholismo en mujeres, de la baja tasa de fecundidad, del envejecimiento y cómo lo esperamos, de la urgencia de leyes por defender por ejemplo, la maternidad en mujeres lesbianas o se hable del empoderamiento de mujeres para el desarrollo de su comunidad, por ejemplo en la ganadería que obligan a mirar más allá, que obligan a descubrir lo invisible a los ojos las razones ganan espacio.

Claro, a esas razones habría que sumarles una especial dosis de compromiso y activismo para multiplicar las buenas prácticas y para abonar de memorias el camino hacia el avance.

Por eso, luego de breves e intensas jornadas de aprendizaje colectivo, de conocer diferentes historias humanas que te ayudan a interpretar mejor a Cuba y a su gente, de compartir saberes con un grupo donde ha primado el respeto, la solidaridad y los deseos de que la felicidad más que quimera sea promovida también desde los medios de comunicación como sinónimos de conocimiento y libertad, una se siente muy desagraviada ante comentarios que más que el desánimo ganan potenciar la validez de una cruzada por la construcción de una cultura de paz.