Restaurar el imperio de la urbanidad, la educación formal y las buenas costumbres, es tarea de todos
Restaurar el imperio de la urbanidad, la educación formal y las buenas costumbres, es tarea de todos

Es muy noble, grande y generoso cuanto entregan los maestros, cada día, en las escuelas cubanas y de Cienfuegos, nuestro territorio. Con los docentes contraemos los padres deuda de gratitud eterna, no solo porque ellos educan e instruyen; sino además porque preservan, salvaguardan, protegen al alumno durante el extenso tiempo que permanece en las aulas.

La escuela es templo, santuario, reducto sagrado donde se edifi ca el pensamiento y forja el sentido de la percepción. Por lo anterior, todo cuanto a dicho entorno le resulta ajeno, desentona allí más que en cualquier otro sitio.

Y por eso, las palmas, el total espaldarazo a los gestores de la idea de colgar en la puerta principal de la escuela primaria Guerrillero Heroico el siguiente cartel:
“Se prohíbe la entrada al centro en camiseta, short, chancleta y fumando”.
Similar disposición podría operar en otras instituciones educativas —de ser así, congratulaciones para todos esos equipos directivos—, no obstante es en el mencionado centro donde el redactor la ha visto.

El comienzo resulta la base de todo, cuanto no inicia no se termina; de modo que si por las vías profilácticas, las campañas de bien público, los “¿Grabaste?” televisivos y los comentarios de prensa poco se consigue, pues muy bien otra vez para el director y claustro de la “Guerrillero Heroico” por actuar de una vez y dar ejemplo.

El cartel y la escuela constituyen el pretexto columnístico para referirnos al tan tocado aunque irresuelto asunto de ciertas incumplidas normas de educación formal y urbanidad. Es inconcebible, por ejemplo, la manera de vestir con la cual algunas personas acuden a los hospitales, instituciones culturales, restaurantes, oficinas, bufetes, colegios, bancos, tiendas…

Cuando tal sucede es porque falló todo: la familia, la educación, el respeto al prójimo, la ética, el sentido de las normas… Una de las líneas de discurso —mejor, matriz permanente— del enemigo ideológico consiste en promulgar la idea de que Cuba es un país de restricciones permanentes, de un No absoluto, cuando en realidad es lo contrario.

A carencia de acciones restrictivas enérgicas, hoy hemos incurrido en los aludidos u otros muchos desmanes involutivos, los cuales afloran a la superficie a falta de reglas, diques contendores, del “eso aquí no puede ser”.

Todo el que ha viajado lo sabe: desde Chile hasta Italia existen normativas, ordenanzas de diversa índole prohibitivas de comportamientos que riñen con las normas de convivencia. Estados Unidos es la primera nación del mundo en el volumen de regulaciones para con sus ciudadanos.

El norteamericano vive en permanente estado de alerta desde que sale de su casa hasta el retorno; e incluso dentro de ella. Está sujeto a multas por los motivos menos creíbles y, si se sale dos milímetros de la línea en materia de interrelación social, está propenso a que le caiga arriba cualquier demanda, realizada lo mismo por una persona natural que por innumerables asociaciones, organizaciones, entes.

No queda otra que sonreír, con ironía, cuando se escucha a gente que era malacabeza en Cuba y luego de cinco años allá llega “convertida” aquí, hablando de “disciplina”, “respeto”. En realidad ellos no han cambiado, solo han tenido que adaptarse al medio; saben que está en juego el billete y si no entran por el carril, tienen dos trabajos.

En EUA, reitero, el lugar de más prohibiciones del universo (algunas puritanamente ridículas como esa estupidez de vetar la semana pasada un anuncio de la Super Bowl que interrelacionaba éxito sexual con dieta vegetariana; aunque otras muy correctas, la verdad sea dicha) no puede entrarse en licra o en camiseta a las instituciones oficiales, no puede agredirse a nadie ni de hecho ni de palabra, no se puede escandalizar en público, no se puede tomar ron en las esquinas, no puede abrirse a pico limpio una calle, no se puede llegar tarde a nada porque cierran la puerta, no se puede lavar el auto en medio de la acera, no se puede plantar una mesa de dominó e interrumpir el paso de los peatones, no se puede vender mercadería de ninguna clase de manera ilegal, no puede golpearse a los animales ni a los hijos en la calle, no se puede fumar en sitios cerrados, lo audios particulares o estatales no pueden amplificarse hacia el exterior del inmueble, no se puede orinar en la vía pública y centenares de cosas más con las cuales aquí lamentable y primariamente convivimos y que allí reciben la respuesta instantánea de policía, tribunales, organizaciones, demandantes…

Por Julio Martínez Molina
Fuente: 5 de septiembre (Cienfuegos)

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