fifi_vera01La historia del periodista Ernesto Vera, nos muestra a un hombre que dedicó su vida a la Revolución en su país,  Cuba, desde sus primeros años hasta sus últimos días. Y como revolucionario que fue  en cada momento,  su solidaridad eterna con todas las causas justas del mundo y con su amada América Latina fue un ejemplo inolvidable para todos los periodistas, los estudiantes, los compañeros de turno en ese largo camino de las luchas por la liberación de Nuestra América.

Fue maestro de la humildad, la dignidad, la coherencia, la ética. Cada ataque contra su país, su patria, su pueblo, lo conmovía y lo movilizaba donde estuviera. Cada injusticia en cualquier lugar del  mundo lo encontraba dispuesto a la denuncia, a la respuesta rápida,  a la solidaridad. Sus artículos, libros, conferencias eran de una extrema rigurosidad, con precisión del lenguaje, que defendía tanto como la verdad, y esto lo convirtió en uno de los grandes periodistas cubanos en el mundo.

Fue, sin duda alguna, el alma de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), cuando asumió su dirección en México, proyecto que acompañó desde su fundación en 1976.

Lo conocí entonces y para siempre.

En esos tiempos dolorosos de exilio, pero de fuerte aprendizaje, que significó estar lejos de nuestra patria, la casa, el hogar de Ernesto y su querida compañera Fifi, la “también nuestra” por amorosa apropiación, fue el lugar adonde llegábamos a festejar algo, a llorar muchísimo cuando algunos acontecimientos,  muertes, desapariciones  de compañeros, o las llegadas de nuevas dictaduras  a algunos países nos hacían más pequeños, más débiles.

Fifi y Ernesto fueron nuestro refugio y también nuestro aliento, dando todo lo que tenían, no sólo en lo material, que era muy austero siempre, lo que es otro atributo de su condición revolucionaria auténtica, sino lo que podían darnos en amor, comprensión y solidaridad de esa que se expresa en abrazos, en una sopa caliente, en un hombro amigo, en alguien que te escucha profundamente, que es la mejor y más sabia compañía.

Jamás alardeaba de su pasado militante,  de su trayectoria  periodística admirable, ni de sus tareas revolucionarias en la prensa clandestina y el Movimiento 26 de julio, en los años 50.

Como señalan sus compañeros de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) cuya presidencia honoraria ejercía “enfrentó la persecución, el arresto, la censura y el exilio, por parte de la tiranía de Fulgencio Batista, que llegó hasta el asalto policíaco al periódico La Calle, donde laboraba”. También participó en la edición y distribución clandestinas de los periódicos Revolución y Vanguardia Obrera.

Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, asumiría otras tareas entre las cuales fue fundador del periódico Granma en 1965, del cual llegó a ser subdirector y también fue fundador del Partido Comunista de Cuba. Presidente de la UPEC en 1966- 1986 y desde allí a la Felap. Fue profesor, en la Universidad de La Habana, conferencista en México.

En Cuba, lo acompañé muchas veces  para escuchar sus clases en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Si hay algo que lo enorgullecía fue también su trabajo en la Organización Internacional de Periodistas (OIP), que fue uno de los momentos  más importantes en el siglo pasado, y en los que se trataba de adelantarse a los acontecimientos, que ya estaban marcando el camino de la apropiación de la mayoría de los medios de comunicación en el mundo para ponerlos al servicio de un imperio, de la dominación, el saqueo, las guerras, los crímenes contra la humanidad, como sucede en estos tiempos.

Fue director de la Oficina Regional para América Latina, con sede en México. Su visión marxista dialéctica, lo llevaba a anticiparse a en sus previsiones de lo que podía venir, especialmente en tiempos de la decadencia imperial y el delirio de tomarse el poder mundial. Junto a la Upec en su constante lucha por el establecimiento de un nuevo orden  de la comunicación y la información- por el que seguimos luchando en estos tiempos oscuros de retornos coloniales y guerras de ocupación -Vera escribió memorables trabajos y nos dio elementos para fortalecer nuestras tareas. Fue merecedor de muchos reconocimientos como  precisamente el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de la Vida.

fifi_vera02Los compañeros de la Upec me dijeron que había muerto en la mañana de este 10 de enero de 2015. Pero eso es casi imposible porque todo lo que nos llega de Ernesto Vera es un camino de vida y lucha, en su obra, en los recuerdos que sobreviven tormentas y huracanes, guerras frías y calientes.

Yo quiero recordarlo como uno de los seres más generosos y humildes que conocí en mi vida algo errante, un verdadero “hombre nuevo”, que podía serlo incluso bailando a la perfección el danzón con Fifi, ¡Qué belleza!.

Quisiera poder tocar a la puerta de su casa en México o en La Habana. Quisiera  volver a abrigarme en esos lugares donde tu presencia nos cobijó, y pedirte una luz de hoguera, que es lo que nos dabas siempre, para andar con fuerza estos caminos que se van cerrando, pero que vamos a abrir otra vez, alamedas que, te aseguro Ernesto, se llenarán de muchachos, como aquellos que acompañaste a bajar de la Sierra Maestra en un día de muchos soles, para Cuba y el mundo.  Estás aquí por todas partes. Nadie tan luminoso como tú y tu recuerdo”.

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