DCuando el ser humano logró enviar señales de audio a través de las ondas de radio, las palabras pasaron a ser voces, y en cada rincón hubo un instante parecido a la noche de pánico norteamericana en 1938, durante la trasmisión de La Guerra de los Mundos, cuando una gran multitud salió a las calles convencida de la presencia real de aquellos marcianos, fantaseados en un guion del actor, director,guionista y productor de cine estadounidense Orson Welles.

En Cuba, además de la canción alusiva de la orquesta Aragón, las huellas perduraron en el tiempo en cada hogar desde 1950. Por entonces, un niño desandaba las calles de su pueblo natal, para ir junto a su papá, Fabio Bosch, a Radio Cruces.

“Eso inició mi cercanía. Veía el proceso de quemar las placas con los comerciales. Los locutores lo hacían todo, hombres arañas, no habían realizadores de sonido, eran los disc jockey de hoy”.

¿Cómo continuó esa formación incipiente?

“Creo que ayudó en parte la información genética. Luego, ya en los 60, vivíamos en Santa Clara; enfermé y no pude ir a una Escuela al Campo. Me fui para complacer a mamá a la emisora CMHW con papá; empecé a ayudar a Franklin Reinoso en todo, y en eso, él debió acudir a una movilización para la recogida de café y me dejó con la dirección de sus programas.

“Recuerdo que la primera vez que lo hice, el locutor Machín de la Peña daba los créditos en vivo y dijo alzando los brazos, en señal de interrogante: ‘Fabio… Bosch, hijo’, y acuñó mi apelativo. Allí seguí con programas juveniles, como Música y juventud y Panorama de éxitos.

“Luego pasé el Servicio Militar y me incorporé a la carrera de Filología, durante seis años por encuentros; la graduación coincidió con mi primera evaluación como director de radio: obtuve la calificación de A y pasé a integrar los tribunales nacionales”.

¿Y el traslado a Radio Ciudad del Mar?

“‘El que se casa, casa quiere’…; me propusieron vivienda y vine en 1984”.

Durante tal fecha, mi vida laboral coincidió con la de mi entrevistado, y recuerdo el sacrificio de dejar de lado la creación para dirigir, labor que aun con su capacidad organizativa extrema, no lograba enamorarlo.

¿Cuáles fueron los resortes para la adaptación?

“La confianza y comprensión del difunto Armando Cedeño Lameiro fue decisiva; me prometió que el cargo de subdirector de Programación sería transitorio y concedió licencia para cambiar la parrilla. Transformé todo lo que quise, pero respeté programas que me enorgullezco hoy sigan entre los favoritos, como Siete mil musical, Para ti y De mi ciudad te cuento“.

Realizador multipremiado y jurado de prestigiosos eventos, Fabio Bosch es un radialista empedernido, me atrevo a asegurar que un rey Midas de los sonidos, pues atestiguo que como director, convierte en oro toda obra.

Ahí están sus dos premios Caracol, de la UNEAC , por Luis Gómez en su punto y el más reciente, La música desconocida de un músico conocido, sobre Sindo Garay, también galardonado en la última Convención Internacional de Radio y Televisión, junto a la emisión de El triángulo de la confianza, referida a si somos felices o no los cubanos en este país.

Y en este punto vuelvo a mis memorias de colega y aprendiz de Fabio, pues el “Triángulo”, nacido en la programación de verano de 1993, es la obra cumbre de este autor. Devino materialización aquí de contemporáneas tendencias, relacionadas con el paradigma comunicacional del hombre EMIREC (amalgama entre emisor y receptor). Así sobrevivirá, porque como dijo un excelso, “las grandes historias nunca dicen adiós, si acaso un hasta luego”.

En lo personal fue la realización de Fabio, de recónditas vocaciones. ¿Qué prefieres a estas alturas?

“Los programas informativos. Allá en CMHW, Gelasio Vidal me decía que llevaba un periodista dentro”.

¿Nunca te han interesado otros medios?

“No, en Guinea Ecuatorial, durante 2010, hice televisión, pero por necesidad”.

Este creador dice estar próximo a iniciar su último año de trabajo, pues en 2017 llega al retiro. Cuenta que quiere dejar de ser “Fabio Bosh, hijo” para ser “el hijo de Fabio Bosh”; y eso está por ver, pues pertenece al club de los atrapados por el mundo de la cajita mágica.

La radio se reacomoda a los nuevos tiempos; ahora las voces emitidas por labios invisibles no solo entran a casa. Modernas tecnologías han devenido elixir de su eterna juventud, porque llevaron la difusión de las ondas hertzianas a la fibra óptica y la captación satelital, acompañan siempre, en el más minúsculo dispositivo, y quienes aman este arte, difícilmente escapan de su hechizo.

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