jacinto_grandaA esta hora duerme tranquilamente. Así preferimos imaginar a Jacinto Granda de la Serna, quienes, de alguna manera compartimos junto a él minutos de su eterna presencia.

Suele hablarse bien, tal vez por respeto, de quien cambia el modo de existir. Con Jacinto sobra ese formalismo. No necesita cumplidos. Jamás le hicieron falta, ni en el vientre del más apremiante Consejo de Dirección (Juventud Rebelde, Granma, Prensa Latina…) ni en la cresta del más familiar o cotidiano instante del día.

Con su proverbial modestia en plasma conquistó aprecio, cariño, admiración, respeto y apoyo en las inquietas arterias del periodismo; no solo entre subordinados, también a ras de quienes valoran, deciden, reconocen… Por ello integra la honrosa lista de Premios Nacionales de Periodismo.

A pesar de su aparente fragilidad —tal vez por su pequeña estatura, su noble mirada, el tono bajo de su voz, la insuficiencia respiratoria— fue siempre el directivo y el hombre de vertical y clara postura.

Cuentan que, a pesar de su delicado estado de salud, trabajó hasta el último día, totalmente consciente, quizás, de que sobraría tiempo por delante para descansar después de la virtual partida.

A esta hora duerme tranquilamente. Así prefiero imaginarlo. Nadie altere su calma, excepto para pedirle el consejo que jamás negó, o para beber de su también noble experiencia.

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