José Martí
José Martí

Aunque generalmente cuando se va a hacer alusión al necesario secreto en que han de prepararse las conspiraciones, se cita de Martí su carta inconclusa a Manuel Mercado, del 18 de mayo de 1895 —“En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias p.a alcanzar sobre ellas el fin”—,1 lo cierto es que existen otros

documentos en los que nuestro Martí aborda esas ideas, incluso trabajos periodísticos como este que comentaré hoy, publicado el 6 de agosto de 1892, en Patria y titulado “Las expediciones y la revolución”.

Al referirse a los trabajos para la constitución del Partido Revolucionario Cubano, Martí afirma: “Ni el material atrasado, ni el atareo en cosa mayor, dejan a Patria, en días en que es ilícito dormir, tiempo para reseñar en este número, como hubiera querido, los acontecimientos, no todos de naturaleza pública, que acaban de sellar la organización, larga y firme, de los cubanos revolucionarios. Ni el riesgo de los habitantes de Cuba, y el sigilo indispensable en una obra revolucionaria viril, permiten, por dar miel a la vanidad, que se saque al público lo que se ha de quedar para la almohada […]”.* Como se sabe, la constitución del Partido estuvo acompañada de todo un proceso de aprobación de las bases y estatutos secretos, puesto que el fin de esta organización era la preparación de la guerra de independencia contra el régimen colonial español.

Por eso, el Apóstol expresaba: “Ni en el estado delicadísimo de composición en que aún andan, y en la guerra después han de andar, los elementos revolucionarios de nuestro pueblo, sería perdonable poner ante el enemigo los modos con que los vamos componiendo, ni comprometer nuestra propia obra con el alarde de un triunfo que solo será verdadero cuando la previsión de unos cuantos sea confirmada por la continua y unánime justicia”.*

Para Martí, “En revolución, los métodos han de ser callados; y los fines, públicos”. Por eso, la intensa actividad del Partido y de su vocero, el periódico Patria, con el fin de exaltar los ánimos patrióticos a favor de la causa libertaria.Por eso mismo, sin embargo, bien callados andaban los preparativos de la conspiración, concretados en el Plan de Fernandina, que llevaría a Cuba tres barcos con abundantes armas y pertrechos, hombres y los principales jefes —Máximo Gómez Báez, general en jefe del Ejército Libertador; Antonio Maceo Grajales, su lugarteniente general, y el propio José Martí, en su doble condición de delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y soldado de la Patria—, con el fin de reiniciar la lucha por la independencia.

 

Por ello, los hilos de la preparación del alzamiento eran conocidos por poquitísimas personas, entre las cuales, lamentablemente, se encontraba el coronel Fernando López de Queralta —combatiente de la Guerra de los Diez Años y recomendado por Serafín Sánchez.

Hay que decir que el fracaso del Plan de Fernandina —12 de enero de 1895—, justo a causa de la delación de Queralta — en contra de las órdenes recibidas de Martí, declaró como material de guerra las cajas de pertrechos y las embaló con las cápsulas descubiertas, además de cometer “indiscreciones” que revelaron la parte del plan que conocía—, en vez de derrumbar los planes conspirativos, paradójicamente, sirvió de estímulo, pues los patriotas conocieron, asombrados, la inmensa labor realizada “en silencio” por José Martí. No obstante, se había perdido el factor sorpresa.

Por otra parte, los enemigos de la revolución no entendían cómo se habían podido obtener tales recursos en las mismas narices del espionaje español y norteamericano, y se percataron, demasiado tarde, de que la labor del Partido Revolucionario Cubano y de su delegado, José Martí, iba muy en serio. En el Plan de Fernandina, se invirtió la para entonces fabulosa cifra de $ 65 000 y, aunque las armas y los pertrechos confiscados llegarían a Cuba en varias expediciones entre 1895 y 1898, en ese preciso instante, el Apóstol se vio sin fondos y urgido de dar inicio a la guerra.

Lo cierto es que Martí se reveló como un hábil conspirador, ducho en evadir al espionaje de los enemigos declarados y de los ocultos, y en tejar los hilos de aquella trama, que pese al fracaso de Fernandina pudo salir adelante.

Notas

1 José Martí: Carta inconclusa a Manuel Mercado del 18 de mayo de 1895, en Obras completas, t. 4, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, pp. 167-168.

* _________: “Las expediciones y la revolución”, en ob. cit., t. 2, pp. 93-96

 

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