Un Catalejo para debatir

Foto: yoandry Avila
Foto: yoandry Avila

Este viernes, como ya es habitual cuando se convoca el espacio Catalejo, la sala teatro se llenó de colegas de diferentes medios, ávidos de escuchar a los anunciados oradores que intervendrían nada más y nada menos que sobre “Los espacios de debate públicos y su repercusión social”.
El gancho ya era fuerte por el título, más al divulgarse los nombres de los invitados: Rafael Hernández, filósofo y Director de la Revista Temas y del Espacio “Último Jueves de Temas”; Elier Ramírez, Doctor en Ciencias Históricas y conductor del espacio “Dialogar, Dialogar”; y Raúl Garcés, Doctor en Ciencias de la Comunicación y Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

No pudo acudir Elier, pero Rafael y Garcés llenaron la tarde de conceptos comunicacionales referidos a la manera de propiciar, implementar y sostener un debate público, basados en experiencias propias o ajenas.

Es así que el director de la Revista Temas, desmenuzó hasta las normas creadas para el escenario del Último Jueves, que van desde el tiempo del espacio concebido para dos horas exactas, por lo cual se regulan las intervenciones mediante reloj, pero primero se parte de la selección del tema y del panel que lo expondrá, en el que debe haber una variedad de personas que conozcan del asunto desde diferentes aristas: investigadores, académicos, funcionarios, expertos, artistas, periodistas, escritores…

Esa presencia, aseguró, garantiza una dinámica en el debate, porque el panel debe centrarse en los problemas a plantear y en sus alternativas, y claro, difundir previamente el contenido del debate siempre puede aportar.

El filósofo insistió en la importancia de generar esos espacios para que la gente interactúe.

catalejo4Garcés, también integrante de la presidencia nacional de la Upec, elogió la larga trayectoria de 14 años del Último Jueves y su aporte a la diversidad de debates para convertir a la sociedad en deliberativa sin confrontación de pasiones enardecidas. Ese es el mérito mayor del debate, aprender a dialogar.

¿Qué circunstancias ecualizar para producir un debate más equitativo?, indagó el decano, y explicó que hay que dejar de sentirse agredidos porque una persona diga algo que para nosotros no tiene sentido, dejar de tener una visión fragmentada de los auditorios, no tener una visión instrumental de la participación y entender que el consenso no es un proceso terminado, se va construyendo.

Insistió en la importancia de que pensar con cabeza propia tenga influencia en la toma de decisiones en la sociedad, y tener en cuenta que el escenario en que se mueve nuestra manera de ser y actuar es otro después del 17D. Tenemos que estar preparados política y culturalmente para este amplio debate que se dirime en la sociedad cubana.

A continuación se produjo un ameno intercambio con los asistentes, que desmiente la regla de dos horas y ya.