Mili, una dentista de Ciego, rumbo a Venezuela…

mili02Esta es una historia de la hija de la cocinera de la Casa de la Prensa
Siempre las partidas son tristes, vayamos al lugar que sea, más cuando se separan por vez primera madre e hija, a la mente solo llegan nostalgias, recuerdos bellos y gratos, pero a los ojos no asoman más que las finas o gruesas lágrimas del amor maternal y paternal, por que no.

Vilma Esther y Orelvis, nunca olvidarán este 19 de octubre, cuando su más nuevo retoño se despedía para partir hacia La Habana y tras unos días volar hasta la hermana Venezuela a sanar a los millones de hijos de Bolívar, como estomatóloga, graduada en Cuba, su país, que además de las conferencias magistrales de estomatología y ética médica le enseñaron a amar a sus semejantes y ver en ellos seres maravillosos que esperan lo mejor de la medicina cubana, escuela para el mundo.

Hoy Vilma sigue extrañando a su pequeña Mili, como cariñosamente le llaman; su hermana, ya más consolada anima a la madre a sonreírle a la vida, pues la doctora de la familia, está donde el deber le llama, pero nada alegra aún a mi compañera de trabajo, ni los chistes que hacemos todos acá en la Casa, ni los disparates de nuestros choferes, que debo resaltar con todo orgullo que es la mejor cocinera de las Casa de la Prensa de Cuba y perdónenme si exagero, pero es la opinión de los cientos de periodistas que por la Casa de la Prensa de Ciego de Ávila han pasado y degustado los sabrosos platos que sazona Vilma Esther.

Los días pasarán y la tristeza desaparecerá del trigueño rostro de esta madre cubana, de ese padre cubano que también seguro, detrás de los andamios del almacén en que labora, asumirá las lágrimas por la partida de la hija, padres y hermana que dan al mundo su más preciado tesoro para que atienda las carencias y dolencias de los que allende los mares, esperan que las delicadas manos de Misleidys del Sol, haga desaparecer el dolor y florezca la sonrisa entre las dentaduras de los hermanos venezolanos que sabrán aquilatar, otra vez más, la entrega solidaria de un pueblo que no da lo que le sobra, sino que comparte lo que tiene, hasta a sus más preciados hijos, con los quienes lo necesitan.

Por Jorge Luis Delgado Felipe