Los cubanos y el debate público sobre Cuba

foro-debate-sociedad-civilEl debate tiene que ser el punto de partida de un ejercicio de transformación de la sociedad ¿Qué papel tiene la prensa en tamaño desafío?…
Catalejo es un espacio de debate con diversos actores de la sociedad actual gestado por el Ramal de la Prensa Escrita de la Unión de Periodistas de Cuba.

El tema para el encuentro del 9 de octubre fue ‘‘Los espacios de debate público y su repercusión social’’.

¿Existen espacios para el debate en la Cuba de hoy? ¿Tienen repercusión las ideas que allí se plantean en los medios cubanos? Desde el reconocido Último Jueves de la revista Temas, así como otros que han ido ganando terreno como Dialogar, Dialogar de la Asociación Hermanos Saíz; La Kfetera de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, y La Revuelta del Centro Juan Marinello… cada uno representa un pequeño sitio en el que—durante un determinado tiempo—se intenta “arreglar” el mundo, o al menos pensar algunos de los problemas de la realidad cubana hoy.

La necesidad de pensar de manera pública nuestra realidad, y aprender a convivir en una cultura del debate, es quizás uno de los mejores saldos que dejan cada uno de estos espacios, en los que suele participar un panel conformado por especialistas, así como personas que guardan relación con el tema, para luego dar la palabra a las reflexiones del público. La universidad, la problemática racial, el socialismo, la economía cubana, la burocracia… cualquier tema puede ser susceptible de discusión, tal y como ocurre en espacios cotidianos como la calle, redes sociales y blogs.

¿Pero qué repercusión tienen estos debates en la vida practica del país? Reflexionar sobre esta importante temática fue la invitación más reciente del espacio de la Unión de Periodistas de Cuba, Catalejo, en respuesta a la necesaria vinculación que tiene que tener la prensa con la Cuba que se está pensando en sitios como estos. ¿Tienen estos problemas— con sus más diversas aristas— sitio para la reflexión necesaria en la prensa nacional? ¿De qué manera estos debates individuales se amplifican y ese ejercicio de pensar la sociedad se convierte en un asunto que compete al país todo? “Los espacios de debate público y su repercusión social” fue el título del encuentro y estuvo acompañado de un amplio público de periodistas.

A deliberar sobre cuánto hacemos, cuánto podríamos hacer, así como la oportunidad que ofrecen espacios como estos para pegar el oído a la sociedad, fue dedicada la tarde de este viernes, con la participación del decano de la Facultad de Comunicación, Dr. Raúl Garcés Corra y el director de la revista Temas y fundador del espacio de debate Último Jueves, Rafael Hernández. Por la validez de las intervenciones para ese necesario ejercicio de construcción colectiva del socialismo próspero y sustentable al que aspiramos, Cubahora comparte algunas de las reflexiones allí difundidas.

Para Hernández, líder por más de 14 años de ese espacio de pensamiento sobre los problemas de la sociedad y la cultura cubanas, el hecho de que se desarrollen y mantengan espacios de debate es consustancial a la política del país. Desde su experiencia, lo más complejo de desarrollar una cultura del debate entre los panelistas y el público implica lograr que el grupo se autorregule, entienda las normas y su significado, para que así cada quien pueda participar. En ese sentido, el también politólogo explica que es importante esquivar las catarsis, e intentar propiciar que comparta sus criterios el mayor número de personas posibles.

“Hemos aprendido que dejar la puerta abierta no es algo que pueda destruir el debate, el debate se destruye cuando el organismo reacciona de manera excesiva frente a un problema”.

Para Raúl Garcés, quien suele ser partícipe de varios de estos debates, los medios de comunicación tienen una misión clara frente a estos escenarios de reflexión pública.

“Los medios estamos llamados a amplificar el debate y a articular los diferentes intercambios que se puedan dar en la sociedad, para que la ciudadanía participe del mismo. Por las razones que sean, en nuestra sociedad nos quedamos con fragmentos de debates, atomizados, que ocurren en Último Jueves, en Catalejo, pero muchas veces no tienen la posibilidad de articularse entre ellos y adquirir un carácter masivo que involucre a la sociedad en un proceso deliberativo”.

“55 años después esta sociedad está en mejores condiciones que nunca de ir desarrollando una cultura de debate en la que la gente entienda que debatir no necesariamente implica demonizar al otro porque no piense lo mismo que yo, aceptar la opinión del contrario, sobre todo si es una opinión argumentada y forma parte del sentido común”.

El desafío de la prensa cubana lo resumió Garcés en una idea y es el mismo del resto de las organizaciones que forman parte de la sociedad cubana: “La prensa no es una isla apartada de las relaciones sociales que nos rodean. Pidámosle a la prensa lo mismo que le pedimos al Poder Popular, lo mismo que le pedimos a una Asamblea de rendición de cuentas, que ojalá fuera deliberativa e implicara a todos los ciudadanos en la discusión de los problemas de su entorno. Allí donde hay una rendición de cuentas ritualizada, allí donde hay 80 personas que levantan la mano unánimemente para acabar con la reunión porque la novela de turno viene detrás, hay una expresión indeseada y que ocurren también en la prensa”.

“Entender que el consenso no es un proceso terminado es importante, porque este es un país en efervescencia, y tenemos que buscar la manera constante y dinámica— tanto como la turbulencia que vive el país— de incorporar la mayor cantidad posible de debates a nuestros procesos”.

Para Hernández, uno de los mayores peligros hoy tiene que ver con la reproducción a diversas escalas de una mirada economicista de la población, así como la idea de que a esta solo le interesa su mejoramiento económico. “Eso no es cierto, el mismo debate de los intelectuales está en las calles, la población habla con otro lenguaje, no dice hegemonía, no dice consenso, pero de los mismos problemas, porque sus luchas cotidianas en el centro de trabajo, en la escuela de sus hijos, los hacen tener preocupaciones y criterios propios… El día que nosotros pensemos que a la gente no le importa qué socialismo… estaremos iniciando el camino de su desintegración… Necesitamos un socialismo próspero, sustentable y culto”— insiste—, y con culto enfatiza que significa capaz de pensarse a sí mismo.

Si ponemos lo ojos en nuestro alrededor, esa necesidad de reflexionar a fondo sobre los problemas que tenemos está en todas partes, en la bodega, en la parada de la guagua, en las redes sociales de Internet, en los comentarios de los medios de comunicación, la escuela, la reunión de la UJC… allí donde desaprovechamos nuestra oportunidad de decir lo que pensamos estamos cerrando una puerta a nuestra capacidad de pensar y actuar sobre la sociedad que queremos.

En un momento de la tarde Raúl Garcés rescató de la memoria aquellas palabras del Che en las que llama a no producir asalariados dóciles del pensamiento oficial, y dejó a muchos pensando.

“El Che estaba diciendo que nuestras opiniones tienen que contar para determinadas transformaciones de carácter social, porque si algo desestimula el debate y el ejercicio de ciudadanía es que uno se pasa la vida hablando sin que tenga la certeza de que sus opiniones cuentan, o que han contribuido a cambiar un escenario determinado. El debate tiene que ser el punto de partida de un ejercicio de transformación de la sociedad, aunque sea la sociedad de 70 personas que estamos aquí, tiene que haber una esperanza de transformación”.

Los problemas, los debates, la necesidad de tomar el pulso a los criterios de la gente sobre cualquier tema seguirán ahí y la prensa tiene por delante la parte que le toca: extraer los temas de la agenda pública, investigarlos, y contribuir a la conformación de esa esfera pública deliberativa que tanto necesita el país.

Tomado de Cubahora