Se busca un pretexto para interrumpir el mandato constitucional de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, “sin ninguna base jurídica”, aseveraron intelectuales y académicos brasileños, quienes repudiaron los intentos por iniciar procesos políticos (impeachment) contra la gobernante, quien hace un año fue relecta con más de 54 por ciento de votos.

Rousseff fue respaldada en días recientes por varios gobiernos de la región, frente a los intentos de un golpe blando que se endurece día tras día, cuando “el asalto conservador al poder juega una coartada de vida o muerte contra el reloj político de los días próximos”, sostiene el analista brasileño Saúl Leblón.

Leblón, de la agencia Carta Maior, advierte que el “país vive horas cruciales”. Estima que se hunde la reputación de los que llama “centuriones” del golpismo, como es el caso del diputado Eduardo Cunha, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), aliado del gobierno, y otros como el ex candidato presidencial Aecio Neves y Augusto Nardes, relator del Tribunal de Cuentas de la Unión, el cual acusó recientemente a Rousseff de maquillar las cifras de las cuentas públicas de 2014 y pedir al Congreso el impeachment de la presidenta.

EL FACTOR CUNHA

Cunha deberá responder en los días próximos a unos tres pedidos de destitución de la Presidenta, entre ellos uno presentado por uno de los fundadores del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Helio Bicudo, que se basa, sin presentar pruebas, en las supuestas maniobras contables del gobierno en 2014.

Documentos aparecidos el pasado 10 de octubre evidencian una historia de corrupción del acusador Nardes, quien fue uno de los dueños de la empresa Planalto Soluciones, ligada a firmas de consultoría envueltas en el gran escándalo del Consejo Administrativo de Recursos Fiscales.

Resurgió también el pasado de corrupción y las investigaciones sobre movimientos financieros ilegales del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y de cuentas suyas en Suiza, vinculadas con el escándalo de corrupción en Petrobras. Cunha, principal acusador de la mandataria, “negoció articulando una operación con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB)” para impugnar a la gobernante, señala Folha de Sao Paulo.

Por eso “un personaje que no tiene nada más que perder debe acelerar la operación de impeachment como última estaca de sobrevivencia antes del abismo”, dice Leblón, quien sostiene que al grupo mayor del asalto al gobierno de Rousseff “sólo le resta apostar todo en un estrecho espacio de tiempo entre la desmoralización absoluta y la capacidad residual de articular el golpe”.

En la legendaria sede de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sao Paulo, lugar de resistencia contra la dictadura militar (1964-1985), por convocatoria del cientista político André Singer, unos 50 intelectuales y académicos se reunieron en días recientes para manifestar su “asombro” por tener que volver a un escenario en el que hace 47 años se luchaba contra la opresión y porque algunos de sus contemporáneos “hoy están urdiendo un golpe contra Rousseff”.

La filósofa Marilena Chauí dijo que es “insoportable que los que resistieron el golpe militar sean los golpistas de hoy”, en alusión a las “cabezas coronadas” del PSDB, como el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, José Serra y Aloysio Nunes Ferreira, entre otros.

En un manifiesto titulado La sociedad brasileña necesita reinventar la esperanza, los intelectuales aseveraron: “La propuesta de impeachment implica serios riesgos para la constitucionalidad democrática consolidada en los últimos 30 años en Brasil y representa una violación al principio del estado de derecho y de la democracia representativa”.

Advirtieron que el impeachment fue instalado “para castigar a gobernantes que efectivamente cometieran crímenes y para proteger la democracia, y no puede ser usado para amenazarla”.

De triunfar la “aventura del impeachment, sería un extraordinario retroceso dentro del proceso de consolidación de la democracia representativa, que es ciertamente la principal conquista política que la sociedad brasileña construyó en los últimos 30 años”.

Demandaron que “los parlamentarios brasileños abandonen la pretensión de remover a la presidenta electa sin que exista ninguna prueba directa frontal de crimen alguno”.

Entre los firmantes figuran Antonio Cándido, Alfredo Bosi, Evaristo de Moraes Filho, Andrés Singer, Rogerio César de Cerquiera Leite y María Herminia Tavaes de Almeida.

LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN

El analista Santiago Gómez, desde Florianópolis, sostiene que es acertada la posición del PT de advertir sobre el peso que tiene en los intentos golpistas el accionar de los medios de información –como se vio en las manifestaciones–, pero estima que la opción elegida para dar la batalla contra eso no es suficiente.

El PT “optó por dirigirse a 47 por ciento de la población que puede acceder alguna vez a Internet. Pero es necesario resaltar que el gobierno sólo cuenta con dos medios de comunicación para informar sus acciones, un programa de radio de una hora en cadena nacional a las siete de la noche, tradición que lleva más de 50 años, e Internet. No existen diarios ni canales de televisión que comuniquen las acciones positivas de Rousseff. El 80 por ciento de los brasileños se informa por el noticiero de la noche de O Globo”, que como todos conocen está manteniendo la campaña frontal contra la mandataria.

También hay referencia a los ataques contra el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, quien es golpeado a diario por denuncias sin pruebas.

Hay mucho más en el análisis de la compleja crisis, pero también sobre una realidad que la cabeza más visible del golpismo, el derrotado ex candidato presidencial Aecio Neves, tiene diferencias con Fernando Henrique Cardoso, porque la posibilidad del impeachment contra Rousseff puede abrir las puertas a un llamado a elecciones en las que se presente Lula, lo cual no es buen escenario para el socialdemócrata Cardoso. Tampoco es fácil para los que sueñan con el golpe blando.

Fuente: La Jornada

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