Falleció el destacado periodista Javier Rodríguez

javierSus colegas y amigos de Prensa Latina y de la prensa cubana, de la Upec y en general, los profesionales que le admiramos, nos sentimos conmocionados por la noticia de la muerte del reconocido periodista Javier Rodríguez Roque, (Cienfuegos 15/02/35-La Habana 16/10/15) en esta mañana lluviosa del otoño caribeño.
Ayer ni enfermo estaba y de momento, conocimos este 16 de octubre, de su fallecimiento víctima de una repentina enfermedad que se fue complicando en la madrugada.

Solo al consultar su expediente biográfico como afiliado de la Upec, conocimos que ya había cumplido 80 años, pero quienes alguna vez tuvimos la suerte de laborar a su lado, como en los gloriosos días de la reciente visita del Papa Francisco que nos permitió compartir en la Sala de Prensa en el Hotel Nacional de Cuba, ni imaginamos que este profesional tan talentoso, competitivo y capaz, anduviera ya sobrepasando las ocho décadas.

Ético, algo callado a veces, Javier tenía una cualidad importante en el periodista: se hermanaba con la verdad y defendía sus puntos de vista contra molinos de vientos si fuese necesario. Tampoco andaba vanagloriándose de sus múltiples viajes por el mundo, como corresponsal de PL ni se jactaba de las personalidades entrevistadas ni de eventos reportados. Pero era historia viviente del periodismo revolucionario cubano.

De su amplia biografía resalta su incorporación a la Juventud Ortodoxa con apenas 14 años, su participación en actividades públicas contra Batista dentro de esa organización y su despunte en la radio en programas que fueron clausurados unos tras otros, por manifestarse en contra del régimen oprobioso.

Fichado por el Buró de Represión de Actividades comunistas (BRAC), detenido por la policía en varias ocasiones, tuvo que emigrar hacia Venezuela en 1958 y allí se incorpora al diario El Nacional, de Caracas, desde el cual informaba sobre la marcha de la lucha revolucionaria cubana comandada por Fidel, a quien logró entrevistar desde la Sierra Maestra por una radio clandestina enclavada en la capital venezolana, trabajo que se difundió internacionalmente por agencias de prensa.

A su regreso a La Habana, trabajó en los periódicos La Calle, Revolución y Diario nacional y la revista Bohemia, luego, fue fundador de Granma, a continuación, dirigió la revista del MITRANS, y ya en 1975, ingresó a la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, donde aún permanecía.

De sus vivencias en PL, escribió en ocasión del 50 cumpleaños de la Agencia:

“Conocí a PL prácticamente desde su fundación. El primero que me propuso venir a trabajar aquí en los inicios de la agencia fue Ángel Boán, uno de sus fundadores, antiguo compañero de estudios mío en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, y quien murió en un accidente mientras cubría como corresponsal de PL una visita del Che a Argelia, pero en ese momento no me era posible dejar mi trabajo en la revista Bohemia.

Por solicitud de Roberto Pavón, entonces director de prensa del Departamento de Orientación Revolucionaria, me incorporé a PL en septiembre u octubre de 1975, y estuve dos meses laborando en la Redacción Central, antes de ser enviado a abrir la corresponsalía en Lisboa a raíz de la Revolución de los Claveles en ese país.

Siempre recordaré que en PL aprendí, según mi criterio, que no hay nada más completo en la prensa cubana desde el punto de vista profesional que el trabajo de corresponsal de Prensa Latina, una agencia revolucionaria, en el exterior. Allí te enfrentas a todas las situaciones, incluso a dificultades políticas según el lugar donde estés y económicas siempre, debiendo escribir de todos los temas, incluyendo aquellos en los cuales no estás especializado. Yo venía del periódico Granma donde desarrollaba en ese momento el trabajo de jefe de redacción y no puedo dejar de recordar también a muchos compañeros que me ayudaron a adaptar al lenguaje y características usados en PL.

Resulta inolvidable la situación vivida durante el golpe de Estado en Venezuela, en abril de 2002, cuando me quedé reportando solo y con muchas dificultades de comunicación, con la violencia desatada en la calle, mientras el resto de los compañeros cubanos se encontraban en la Embajada rodeada por los golpistas. Tenía, lógicamente, la misión de mantenerme en mi puesto e informando para Cuba aunque el golpe triunfara y la alegría fue inmensa cuando, tras 48 horas sin dormir, pude ver a Chávez regresando al palacio de Miraflores.

En Angola, durante la guerra (entre 1978 y 1979), creí tener un gran reportaje, tras convivir tres días en la cárcel con dos oficiales de las fuerzas armadas sudafricanas que serían cambiados por tres cubanos apresados por Suráfrica y asistir en la frontera como único periodista al canje, pero por razones de seguridad para nuestro país, las cuales compartí por encontrarnos, además, en medio de una guerra, no se publicó una sola línea.

Desde el punto de vista puramente periodístico fue una experiencia frustrante pero, sin embargo, me permitió conocer mejor de su propia boca, la ideología racista en la que habían sido educados los soldados surafricanos, el desprecio que sentían por los angolanos y otros africanos y los criterios excluyentes que tenían en relación a toda persona de raza negra o de humilde posición social. Era la cara horrible del apartheid.”

En la sede central de PL asumió como editor, editor jefe de América y jefe de la redacción de Servicios Especiales, además de redactor en la Redacción Nacional. Trabajó en numerosas coberturas como enviado especial, entre ellas los viajes del Comandante en Jefe a Nicaragua, Brasil, Italia, el Vaticano y las distintas estancias en Venezuela. Independientemente laboró siete meses como segundo corresponsal en México y realizó coberturas importantes en la ONU (dos veces), Brasil y México (en tres o cuatro ocasiones), Perú, Canadá, Sao Tome y Príncipe, Mozambique, República Democrática del Congo, Uruguay, Portugal, Venezuela, Argentina y otros.

Son apenas unos apuntes de su prolífera vida profesional en PL, donde fue corresponsal jefe en Portugal, Angola, Nicaragua, Argentina, Venezuela y Paraguay. En los últimos tiempos, además, se desempeñaba además como columnista del sitio web Cubadebate.

Por sus méritos, había recibido los siguientes reconocimientos: Medalla y diploma de combatiente internacionalista de 2ª clase; Medalla Cuba-República Popular de Angola; Medalla XX Aniversario del 26 de Julio; Medalla 40 Aniversario de Prensa Latina; Distinción Raúl Gómez García; Distinción Félix Elmuza; Premio Nacional Anual de la Upec Juan Gualberto Gómez; Medalla de Producción y Defensa, Sello del Laureado del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura y Diploma de la Presidencia de la UPEC como corresponsal de Guerra.

Llegue a sus familiares y colectivo de PL, el pesar sincero de la Presidencia de la Upec, su Comité Nacional y todos los afiliados de la organización en el país. Cubaperiodistas.cu se suma a ese sentir por la pérdida del egregio profesional cubano.