prensa_cubanaPensar revolucionariamente es siempre pretender ampliar, mejorar, aportar a las ideas directrices, indicaciones, orientaciones que se reciben o están establecidas y crear nuevos caminos, proponer metas y luchar por ellas.“… sólo el pensamiento puede guiar a los pueblos en los instantes de grandes transformaciones…”. Fidel

Eso trata de hacer el presente texto, no ceñido a los cánones establecidos por la Academia, pero inspirado en hacer de mis conclusiones de este II Curso de postgrado para directivos de la prensa algo más que un mero ejercicio formal.

Como comparto con nuestro inmortal José Martí el criterio de “Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas”, siento válido recordar que en el año 2004, en la convocatoria al VI Festival Nacional de la Prensa Escrita, desde la Upec nos anticipábamos a lo que ahora el Papa Francisco ha advertido: “La Tercera Guerra Mundial está en marcha. Ninguna potencia ha hecho una declaración formal para el inicio de las hostilidades, pero un poder hegemónico pugna por imponer su manto homogenizador sobre el planeta a contrapelo de soberanías, pluralidades ideológicas y diversidad cultural”.

Ya entonces, más de una década atrás, advertíamos “Los medios de comunicación “mundialistas” –arma estrella de esta nueva contienda global- debutan en roles antes inusitados, sopesan nuevos escenarios de acción, ajustan sus tradicionales estructuras, acatan y defienden como propias las leyes del mercado, claro, en nombre de la democracia y del llamado “libre flujo de la información”.

“No se trata de meras prácticas inusuales, ni de novedosos ensayos teóricos. Están en juego intereses económicos, aspiraciones políticas, ideologías contrapuestas y el mismísimo ABC de la ética profesional que enseñan todas las escuelas de periodismo: el apego a la verdad y la responsabilidad social de comunicadores y medios de comunicación”.

En esta época decisoria, no sólo para el periodismo cubano, hay que recurrir a José Martí, quien penetró y ejerció esta profesión evidenciando el desequilibrio que reinaba en el mundo. Lo hizo especialmente desde Estados Unidos, que entonces ya era –como ahora lo es– uno de los factores principales del desequilibrio.

Asumo y resumo ideas expresadas en distintos momentos pero que tienen hoy singular vigencia. Entre ellas advertí que “Enfoques limitados a una arista del vasto entramado que engloba prensa-periodismo-periodistas dejan fuera muchas otras de sus funciones, en especial en una sociedad como la cubana de hoy, que requiere de un necesario, vital, fortalecimiento en el campo de las ideas”.

En su informe al VI Congreso del Partido, Raúl advertía que actuar “con rapidez y armonía atendiendo las preocupaciones de la población” es obligación de las direcciones políticas y estatales. Y añadía que mediante razonar “con claridad y sencillez, se logra el respaldo a la medida y se fomenta la confianza del pueblo en sus dirigentes”.

En ese empeño, significó, “la prensa cubana, en sus diferentes formatos, está llamada a jugar un papel decisivo con el esclarecimiento y difusión objetiva, constante y crítica de la marcha de la actualización del Modelo Económico”

Entonces volvía a preguntarme ¿por qué aún hay que convocar públicamente y desde la más alta instancia del país a que los profesionales de la palabra y la imagen elaboren “artículos y trabajos sagaces y concretos, en un lenguaje accesible para todos?”.

Las razones para que aún no se generen “materiales escritos y programas de televisión y radio, que por su contenido y estilo capturen la atención y estimulen el debate en la opinión pública”, como convocara el Primer Secretario del PCC, tiene muchos más matices que los acotados por estos días.

Formé parte de los esfuerzos de la Upec por elevar el conocimiento de su membresía desde hace décadas: participé del Primer curso de superación Política e Ideológica para Periodistas que impartió la Escuela Superior del PCC, Ñico López, en 1976, experiencia que se mantuvo durante varios años.

Tiempo después, en 1993, fui electo para la dirección de la organización a nivel nacional y los vocablos “capacitación”, “superación”, “aprendizaje de nuevas tecnologías” se hicieron prioritarios en el sector. Un solo dato basta: en más de dos décadas, por las aulas del reactivado Instituto Internacional de Periodismo “José Martí” han pasado miles de alumnos/cursos, la inmensa mayoría colegas del país. Esto sin tener en cuenta los estudios que cada cual y a distintos niveles han desarrollado en toda la nación, tanto en maestrías y doctorados, como cursos de idiomas, computación y otras materias antes impensables.

Por eso, aunque comparto la exhortación del compañero Raúl de “aumentar la profesionalidad y los conocimientos de nuestros periodistas” no creo que deba quedarse en ella el análisis que se requiere para ir al fondo del complejo y grave problema que constituyen los medios y su efectividad en las anteriores y actuales circunstancias.

El propio Presidente de todos los cubanos advertía que “a pesar de los acuerdos adoptados por el Partido sobre la política informativa”, existen graves dificultades para el acceso a las fuentes. Pero el problema no sólo radica en ellas.

Las limitaciones que explican “la difusión, en no pocas ocasiones, de materiales aburridos, improvisados y superficiales”… También obedecen a las concepciones prevalecientes –más allá de las fuentes- sobre el papel del periodismo revolucionario cubano y no a incapacidad de sus profesionales para ejercerlo.

He considerado desde hace mucho que entre nosotros hay quienes tienen una visión reduccionista del significado y rol de esta misión.

Incluso cuando se nos menciona como comunicadores no se tiene en cuenta que esa expresión tiene una función biunívoca –decir y escuchar, trasmitir y recibir- y no ser sólo caja de resonancia unidireccional.

Estamos en la primera línea de la batalla permanente por defender las conquistas sociales de nuestro pueblo y difundir nuestra verdad y realidad a todo el planeta, bajo las nuevas condiciones de un mundo unipolar, con un hegemonismo neoliberal casi absoluto, que busca arrasar no sólo con las economías sino incluso con las conciencias de quienes se les opongan.

Pero para realizar con eficacia esa defensa, que abarca también los afanes por “la cultura nacional y la recuperación de valores cívicos en la sociedad”, se debe asumir también –desde la diversidad de formas, estilos y medios- la contribución al desarrollo del pensamiento y la acción colectivos.

Me sumo a Silvio Rodríguez cuando expresara: “Algunos llevamos años combatiendo, dentro de Cuba, contra esa manera superficial y poco realista de asumir la prensa. En toda sociedad debe haber lucha de contrarios, voces que alerten contra lo mal hecho. Si la sociedad no tiene conciencia de sus errores, ¿cómo puede avanzar?”

Silvio significaba que, en los últimos años, periodistas cubanos, incluso algunos de sus medios, están tratando de revertir eso. Y acotaba: “Los mejores revolucionarios siempre han sido muy autocríticos”.

Y ahora me cito cuando escribí “Preguntas para Meditar” en un artículo que titulé REVOLUCIONAR LA REVOLUCION. Entre las ideas que formulé –y pueden ser aplicadas al tema que expongo- estuvieron ¿Hasta qué punto estamos psicológica y conscientemente preparados para cambiar todo lo que tiene que ser cambiado, en especial las más veteranas generaciones? ¿Dónde se encuentran los puntos débiles para alcanzar lo propuesto y necesario para mantener los propósitos socialistas que nos inspiran?

Los discursos retóricos, llenos de lugares comunes –tan distintos a los de Raúl- son reflejo de poco o ningún convencimiento real en la necesaria transformación de mecanismos y mentalidades, más allá de “elevar la productividad y el ahorro”

¿Qué nos está faltando para revolucionar la Revolución sin añadirle peligros a perderla?

En ocasión del paso por nuestro territorio del huracán Michelle, y la loable labor de los medios y mis colegas, escribí: “El heroísmo de lo habitual, en las durísimas condiciones que enfrenta nuestra nación desde que asumió sus propios destinos, tiene que contar con la imaginación y el coraje desplegado durante el reciente meteoro, para seguir siendo, en el favor de nuestro pueblo, luces siempre fiables que apuntan hacia el porvenir”. La reciente cobertura televisiva de la visita del Papa Francisco es otro buen ejemplo de preparación, diseño, producción, calidad y diversidad de mensajes, entre otros elementos, que muestran la profesionalidad que tenemos para hacer las cosas a gran altura.

Estimo que en la confianza que tengan nuestros lectores, oyentes y televidentes sobre lo que decimos, mostramos e incluso opinamos estriba también la que depositan en los destinos por los que luchamos. No se puede ser atractivos y profundos en algunos momentos y totalmente omisos en otros, cuando de acontecimientos públicos se trate.

Por eso hurgar en las limitaciones obliga a mirar hacia arriba en la escala de decidores, de aquellos que acomodan a su juicio leyes cuya violación atenta contra la credibilidad, no sólo del medio específico. Se revierte contra el sector y hace de lo cómodo, sin aristas ni balances, el pan común de la mesa informativa.

Recordemos a nuestro Martí cuando advertía “Uno de los grandes peligros de esta profesión es la rutina…, uno corre el riesgo de estancarse, el periodismo es un acto de creación”.

La cita se encuentra en un singular texto del colombiano Javier Darío Restrepo, “Diez condiciones para lograr ser un buen profesional”, que significa “ser una buena persona”, “estar orgulloso de su profesión”, “tener sentido de misión en su ejercicio profesional”, “ser un apasionado por la verdad”, “ser autocrítico”, “elaborar conocimiento y compartirlo”, “hacer periodismo con un objetivo”, “tener el sentido de servicio”, “ser independiente”, y “mantener intacta su capacidad de asombro”.

Si repasáramos esas condiciones entre todos los integrantes de la cadena del periodismo cubano contemporáneo, desde el estudiante y el auxiliar de redacción hasta los que dirigen y deciden qué y cómo se publica, encontraríamos las fisuras que impiden que nuestro periodismo sea un más eficaz soporte para hacer avanzar la Revolución.

Para mi el gran reto del periodismo en la Cuba actual es Cambiar Mentalidades y no continuar admitiendo fórmulas amparadas en asuntos y temas que no son prudentes divulgar de forma oficial. Eso no es secretismo sino reflejo del necesario espíritu conspirativo con el que los revolucionarios cubanos enfrentaron sus desafíos, primero en la clandestinidad previa a 1959 y luego ante las agresiones foráneas, incluido el bloqueo estadounidense.

Lo otro, lo que lastra la credibilidad y el atractivo de nuestros medios, es darle la impunidad que otorga la no denuncia pública de errores y pifias de mayor envergadura.

Fuimos criados en los debates públicos y educativos de los de inicios de la Revolución, en los que la prensa –escrita, radial y televisada- jugó un relevante papel.

“Cambiar lo que debe ser cambiado” en el ámbito de los medios debe dejar de ser consigna para convertirse en praxis cotidiana ante todo lo que frene la consolidación de nuestra sociedad socialista y su proyección.

“La peor información es el silencio” es una expresión que utilizo desde hace años para opinar sobre los vacíos que dejamos los periodistas y quienes nos dirigen ante un acontecimiento público y/o conocido, de relieve, que no deben seguirse produciendo por métodos ya caducos y que dan espacios al rumor y la mala intención.

Es de subrayar la vigencia de lo dicho por el compañero Raúl en 1980, al clausurar el IV Congreso de la Upec, cuando significaba: “un periodista es, por el solo hecho de su profesión, un reproductor de ideología… que llega con sus puntos de vista a los ciudadanos de todas las profesiones y edades y que puede hacer mucho por su correcta orientación”.

Entonces dijo que “…sin renunciar a los aportes positivos del pasado, nos reservamos el derecho a continuar edificando un nuevo periodismo, al que le planteamos la permanente tarea de impulsar formas sugestivas, creadoras, dinámicas que… deben también en la forma lograr una competencia ventajosa con la prensa burguesa”.

Y concluyo con palabras suyas, ya hace 35 años: “la prensa socialista debe ser crítica por esencia…Necesitamos un periodismo que sea más profundo en todas sus apreciaciones… que no sólo refleje pasivamente las realidades… sino que sea un reflejo activo que procure y aporte soluciones y ayude a su realización”.

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