correctoresEl X Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, celebrado esta semana en San Millán de la Cogolla, municipio de la comunidad autónoma de La Rioja en España, deja una serie de reflexiones para tomar en cuenta:

1. Los lingüistas, periodistas, investigadores y el resto de profesionales que acudieron al seminario coinciden en la necesidad de adaptar los manuales de estilo a los nuevos tiempos. En este sentido, abogan por facilitar el acceso y su uso gracias a las nuevas tecnologías para resolver las posibles dudas que puedan surgir y, con ello, preservar el buen uso de la lengua.

2. Los manuales de estilo más generales tienen su utilidad para el público y no solo para los profesionales de los medios de comunicación o las empresas editoriales.

3.  “Normas y estilo no se oponen, se complementan”.  Algunas de las nuevas normas se incumplen más que otras (la supresión de la tilde en solo, la del punto de los millares en las cifras, la eliminación de algunas mayúsculas como las de rey y papa…). Aunque suelen argumentarse razones técnicas o de claridad, se trata más bien del apego a normas, reales o no, interiorizadas previamente.

4. Los libros de estilo siguen teniendo sentido. En el caso de los medios, los ayudan a dotarse de una voz propia, marcan preferencias cuando hay varias posibilidades admisibles, iluminan las zonas grises de la norma, ayudan a interpretar las grandes obras académicas, que en ocasiones son complejas.

5. Los libros de estilo se quedan en las estanterías y se consultan poco. Hay que lograr que sean orgánicos, que formen parte de la cultura de la redacción. Para ello es conveniente que su redacción sea colaborativa, que sus decisiones estén explicadas y que se recuerden y revisen sus pautas regularmente.

6. Los manuales de estilo pueden ser útiles para el público. Los manuales de estilo más generales, dirigidos a un público amplio más allá de los límites de las redacciones, tienen utilidad en esta época en la que cada ciudadano es un medio capaz de comunicar y busca orientación para expresarse correctamente. Ambos, libros y manuales de estilo “deben adaptarse a los nuevos tiempos”. Profesionales y público necesitan herramientas útiles, ágiles y rápidas, que no solo miren a la edición tradicional en papel, sino a los muchos retos de estilo que plantea la escritura digital.

7. Libros de estilo y correctores-asesores lingüísticos profesionales son complementarios. Los segundos recurren a los primeros, los consultan y aplican.

8. El autor suele ser el peor corrector de su propio texto. Se necesita un ojo entrenado (para detectar), imparcial (no implicado en el texto) y conocedor de los recursos (como los manuales de estilo).  La relación entre corrector y redactor ha de ser de confianza. Un buen corrector hace mejores redactores.

9. La labor de estos profesionales de la calidad del texto es accesible y asequible y, en un mundo en el que todos somos o podemos ser medios, deberá estar presente en ámbitos donde hasta ahora apenas lo ha estado: blogs, autoedición…

10.  La existencia de correctores automáticos y sistemas de redacción asistida no convierte en innecesaria la labor de los correctores ni de los asesores lingüísticos. Estos sistemas ayudan a ejercerla de otra manera, orientada siempre hacia una mejor comprensión del texto.

11. La corrección aporta seguridad y confianza a los periodistas y calidad a los textos
finales.

Fuente: Clasesdeperiodismo.com

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