El decoro vale más que el dinero que lo asedia

deportistas01Los enemigos de Cuba quieren hacer la fiesta. Siempre la han querido hacer. Solo que en una especie de vértigo de noticias que emana de algunos medios, la Isla figura entre sus líneas editoriales de alto perfil. Los que andan en Internet, o viven en Latinoamérica o España, esencialmente, así lo podrán notar y saben de sobra quienes son los que dedican rápidamente espacio a este asunto.

No los citaré, porque la importancia o la visibilidad se las debe dar otro, pero no cabe duda que es un engranaje que funciona como un reloj, cuando de Cuba se trata.

Los reporteros y las direcciones de estos medios y otros libelos de la autopista digital y también de periódicos y emisoras tradicionales, dejan en el tintero detalles más importantes que las cifras de los cubanos que tienen precio.

En Toronto, Canadá, los lenguaraces del asunto preguntaron a las autoridades deportivas panamericanas y del propio país, por la cantidad de aquellos que decidieron abandonar la delegación cubana y los representantes de estos organismos respondieron con la decencia y la objetividad que merece: “No sabemos, son asuntos personales…”.

Pero los sabuesos de la noticia que vende; buscan, indagan, sacan cuentas, saben que el tema Cuba, más que noticia es ya publicidad. No importa si es mentira o no se diga toda la verdad, lo sustancial es que quienes compran minutos o espacios para sus anuncios, tengan en el canal chanchullo y comentarios procaces que llamen la atención. Algunos, como se sabe además, han recibido miles de dólares por tratar el tema Cuba como se les ordena. El Caso de los Cinco, fue una fotografía de tal desfachatez.

No he leído un solo texto de esos a los que me refiero, que objetivamente (¡ellos tan dados a la objetividad!) hayan mencionado siquiera que Cuba, con apenas 12 millones de habitantes, un país pobre, con recursos económicos limitados y sometido a un acoso feroz por la potencia económica más grande de la historia, haya quedado cuarto en los pasados Juegos Panamericanos de Toronto, detrás de la primera, la décima y la octava economías mundiales, con más de 320, 200 y 36 millones de habitantes, respectivamente.

Pero hay algo más importante y sutil, que no se ve, no se escucha, ni se escribe en ninguna información. Los isleños son los únicos ciudadanos del mundo que pueden acogerse a una legislación denominada Ley de Ajuste Cubano, que le garantiza, a ellos y solo a ellos, la posibilidad de llegar a suelo norteamericano (política de pies secos–pies mojados) y encontrar la aprobación inmediata para instalarse y residir en ese país con beneficios estatales.

Por qué no hicieron una ley semejante para el resto de los latinoamericanos o cualquier otro ciudadano del mundo. ¿Qué hay detrás de esa ley por la que han muerto también en el estrecho de la Florida, una cifra indeterminada de cubanos buscando esencialmente mejorías económicas como sucede a los cientos de miles de emigrantes del sur, hacia las potencias financieras que los expoliaron durante siglos?

Incluso hoy, en el comienzo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, dicha ley, no entra, según las propias palabras de las autoridades norteamericanas, en el “plan” de negociaciones con la Isla. Es como para pensar que el flujo migratorio ilegal de Cuba hacia el norte les conviene sobremanera.

Primero hacen el show con los que “escapan, “huyen del “régimen o la dictadura”, como prefieren llamar los libelos y algunos medios más influyentes, al gobierno que debieron reconocer para iniciar relaciones.

Segundo, la migración cubana es muy diferente, se trata de personas que en su gran mayoría estudiaron hasta niveles altos de enseñanza, desde bachilleres hasta universitarios, en su más amplia gama de especialidades. Una fuerza de trabajo calificada en la que no invirtieron nada y ahora los comercializan, porque dan dividendo en una sociedad donde todo es mercancía.

Lógico, Cuba no es una vedette, sino que el pequeño país decidió tomar un rumbo diferente al resto desde 1959 y dedicarle recursos al deporte como hizo con la salud, la educación y la asistencia social, entre otros aspectos que denotan una preocupación gubernamental por la calidad de vida y el desarrollo humano.

Quizás por estos mismos desatinos de la prensa y la arrogancia de los políticos más reaccionarios que han injuriado a la mayor de Las Antillas durante tanto tiempo, es que siento la importancia de creer que no es del agrado de quien nos acosa, el hecho de que Cuba se encuentre en uno de los primeros lugares de Índice de Desarrollo Humano (IDH) en América Latina y el mundo, a pesar de sus escasos recursos económicos.

Y no es que quiera politizar como hacen ellos el deporte.De hecho ha existido en nuestro país una política deportiva, con más aciertos que desaciertos, toda vez que se pensó desde un inicio sobre la base de que es un derecho del pueblo, y gracias a ello se ha logrado poner bien alto la bandera tricolor en cientos de competencias internacionales, incluso obtener récords mundiales, algunos intactos durante décadas.

De todas maneras, la Mayor de las Antillas seguirá compitiendo, en  Las América, Europa, Asia, Oceanía y ojalá en África, porque ese continente, desangrado también por la explotación de las corporaciones del poder económico global, difícilmente hoy pueda organizar una olimpiada, a donde nos correspondería asistir. Y quizás, como ahora, haya quien decida abandonar su estandarte y sentarse, al decir del poeta, en la silla que le pusieron en su andar, pero siempre serán más los que regresen, porque al final, el decoro vale más que el dinero vil que lo asedia.

(Félix Témerez, para Cubaperiodistas.cu)