Consumo cultural en Cuba: la diversidad que se renueva

cultural01CMBF, Radio Musical Nacional, se aproxima a los estudios de consumo cultural y sus características, así como al comportamiento y perspectivas para este fenómeno en Cuba.
En Cuba, los preparativos del X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas han puesto sobre el tapete la temática del consumo cultural, en tiempos en que la globalización, el neoliberalismo y el avance de las tecnologías, diversifican el panorama actual de ese indicador entre los jóvenes del archipiélago, de lleno en el vertiginoso siglo XXI.

Los patrones de consumo de las sociedades alrededor del planeta se desplazan a los nuevos medios, y donde antes reinaba la televisión o la radio, se posicionan internet y los dispositivos móviles.

En la primera parte de esta serie de trabajos que propone CMBF, Radio Musical Nacional, sobre el tema, queremos aproximarnos -desde una perspectiva científica- a los estudios de consumo cultural y sus características, así como al comportamiento y perspectivas para este fenómeno en Cuba.

Con ese propósito nos acercamos al Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, de La Habana, donde entrevistamos a Pedro Emilio Moras, jefe del Departamento de Participación y Consumo Cultural.

¿Cómo se define el consumo cultural?

El consumo cultural es la apropiación de bienes y servicios culturales donde prevalece el valor simbólico que tiene este producto, más que su valor de uso.

Proviene del movimiento sociológico latinoamericano, fundamentalmente de Néstor García Canclini, y es importante destacar sus características porque puede confundirse con la acepción dirigida al consumismo, ese uso irracional e irreflexivo que pueden tener determinados productos a partir de la estrategia de mercado.

A esto no nos referimos. Hablamos de la apropiación activa que realizan los sujetos a partir de la importancia y la significación que pueda tener un determinado objeto de consumo.

¿Cómo se enfocan los estudios de consumo cultural en el Instituto Juan Marinello teniendo en cuenta el panorama cubano?

Acá relacionamos la noción de consumo cultural con la de participación social en la cultura.
Buscando destacar el rol activo del sujeto, las prácticas de consumo y teniendo en cuenta los resultados de investigaciones de nuestro equipo, detectamos que la práctica por excelencia de la población cubana en la cultura es como público, o sea, como beneficiario de una acción que organiza otro, en este caso –fundamentalmente- el Estado.

Ello nos remite a lo que llamamos un nivel de consumo, justamente legitimando el rol del público que se apropia activamente de los mensajes, que reproduce a través del proceso de socialización el valor simbólico que pueden tener determinadas interacciones con bienes artísticos, literarios y culturales en el más amplio sentido de la palabra.

Esto hay que acotarlo de acuerdo a una noción de cultura, la referida por una parte a las bellas artes, y por otra a exponentes de la cultura popular tradicional que poseen un poder simbólico muy importante por el enganche que tienen con las identidades en los territorios.

¿De qué manera se comporta el consumo cultural en Cuba?

El consumo de medios masivos es la práctica por excelencia de la población cubana, fundamentalmente ver televisión.

Además, encontramos el uso de espacios públicos en la ciudad por los grupos poblacionales, en especial los jóvenes que expresan y construyen sus propias identidades culturales.

También está el ámbito privado como portador de estas identidades culturales y un espacio de socialización importante de grupos que tejen, alrededor de su propia casa o de amigos y familiares, expresiones culturales que pueden ser bailar, consumir determinado tipo de música, comentar algunos comportamientos, etcétera.

Son muy importantes las prácticas relacionadas con la cultura popular como festejos, juegos y asociaciones de personas en torno a una determinada afición.

¿Y el consumo del arte y la literatura?

Los espacios artísticos y literarios quedan focalizados fundamentalmente a poblaciones con alto nivel cultural.

Por tanto, requieren de determinadas competencias culturales para su asimilación, para su apropiación, pero no deben ser despreciadas, pues en nuestro contexto —por la asequibilidad que poseen— alcanzan valores discretos, fundamentalmente en poblaciones jóvenes de alto nivel de instrucción.

Tenemos realmente una diversidad cultural creciente, y estudiar las prácticas de consumo cultural es un reto, dado que cada grupo poblacional se subdivide en múltiples segmentos. No es lo mismo hablar de un universitario, que de un campesino o un obrero.

En pleno siglo XXI ¿cómo evolucionan las prácticas de consumo cultural entre la población cubana?
Hay elementos que nos homogenizan como población, sin embargo el consumo también es un espacio de distinción.

En este sentido las prácticas más tradicionales se le van añadiendo nuevos atributos que complementan o entran en contradicción.

Las personas tienden a usar más la computadora y el DVD para asistir a un determinado espectáculo audiovisual, hecho que disminuye discretamente el consumo de televisión, aunque no lo desplaza.
De igual modo se comprueba la tendencia de completar mediante el uso de este tipo de dispositivos la programación de la Televisión Cubana.

De manera general, teniendo en cuenta los estudios más recientes y las encuestas realizadas hasta el momento, ¿cómo puede caracterizarse el consumo cultural de las poblaciones jóvenes en Cuba?
Las prácticas de consumo cultural tienden a ser más ricas y más variadas en esos grupos.

Son los más activos en la búsqueda de opciones culturales en los territorios y tienden a plantear menos problemáticas de transporte, distancia y demás; y se movilizan con facilidad en busca de esas alternativas.

La interacción de los jóvenes con ofertas culturales no es insignificante para ninguno de los campos. Que las más relevantes a nivel macro estén relacionadas con la práctica de los medios, —con las nuevas tecnologías que tienen mayor uso en este grupo—, no deslegitima que haya comportamientos específicos.

En líneas generales, son la música y los audiovisuales los que marcan el rumbo de las preferencias, lo cual no remite en todos los casos a la asistencia ni a espectáculos musicales, ni a salas cinematográficas.
Sí hay un alto consumo referido al ámbito privado y a través de dispositivos propios como la computadora, los reproductores, entre otros.

Las investigaciones más recientes demuestran que son los jóvenes las personas con mayores interacciones con las nuevas tecnologías.

En el llamado «paquete» son el público más activo, los que más atesoran y utilizan la información para su disfrute y consumo, lo cual en determinados segmentos disminuye la interacción en espacios públicos, con instituciones culturales o con la programación de la televisión cubana.

Este tipo de práctica también se socializa a nivel horizontal.

Hay un alto nivel de socialización de los consumos a partir de la promoción y el préstamo, que llenan sus expectativas y pueden satisfacer a las personas a su mismo nivel, es decir, a sus iguales.

¿Qué factores son los más importantes para determinar el consumo cultural? ¿Los medios, la familia, el contexto social?

El consumo cultural está atravesado por múltiples mediaciones.

Cualquier estrategia educativa que pretenda reformular determinados valores, que quiera desarrollar otro tipo de hábitos culturales, tiene que reconocer las potencialidades actuales de los sujetos y no verlas como lagunas o déficits de formación.

Indiscutiblemente son muy importantes los grupos de socialización que van desde la familia hasta las comunidades de pertenencia.

Los medios tienen una responsabilidad muy importante, pero justamente es compartida con otras herramientas que usen los sujetos, incluso a la par de los medios.

Entonces, hay que tener la cautela de no sobredimensionar o estigmatizar la actitud de los mismos, porque puede crear prejuicios. En la actualidad coexisten en un entramado que hay otras influencias que pueden contradecir la acción de los medios.

Esto se rige por las motivaciones de las personas, pero también consumos es elección. Si lo que te están presentado no te interesa, lo rechazas. No basta con cinco canales de televisión si tienes la opción de descargar un terabyte de información para elegir y configurar tu propio canal de visionaje.

También esta interacción con las nuevas tecnologías brinda la posibilidad de acceder al producto deseado en el horario más conveniente, que se pueda pausar la transmisión, atender otras funciones o simplemente disfrutar de un determinado producto en el espacio que tú configures para hacerlo de la manera idónea.

«Son fenómenos complejos por las múltiples mediaciones que los atraviesan y que hay que estudiar básicamente para su comprensión», asegura Pedro Emilio Moras.

Ante un panorama tan complejo y un fenómeno tan cambiante, la mesa dedicada a Consumo Cultural en el X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas tiene por delante una tarea titánica: evitar los prejuicios habituales respecto al tema y asumir con seriedad el debate, sin caer en el escollo de «lo bueno» y «lo malo» en una sociedad altamente instruida y marcada por la renovación tecnológica.

Fuente: Ernesto Guerra – CMBF