El 19 de junio de 1907 falleció en La Habana doña Leonor Pérez Cabrera, la madre de José Martí. Había nacido en la madrugada del 17 de diciembre de 1828, en Santa Cruz de Tenerife, Canarias. La llamaron Leonor Antonia de la Concepción Micaela en honor a su abuela paterna.

Desde muy joven, había aprendido a leer y escribir, a pesar de que sus padres —don Antonio y doña Rita— y la sociedad de la época lo consideraban impropio en una mujer. Ello evidencia que no era ignorante y, de una y mil formas, debe haber influido sobre la formación de sus hijos.

Llegó a La Habana en 1842, pues su padre había sido asignado a la Brigada de Artillería de esta capital. Era por entonces Leonor una hermosa quinceañera. En 1851, conoció en un baile a Mariano Martí, un apuesto valenciano con quien danzó durante toda la noche. Se casaron el 7 de febrero de 1852, en la iglesia de Monserrate. Pronto nacería su primogénito.

A través de su breve pero fecunda vida, ese primogénito, que fue bautizado como José Julián Martí Pérez, reflejó tanto en sus cartas como en poemas el gran amor y respeto que sintió por ella. Una de sus primeras creaciones poéticas, escrita cuando tenía tan solo 15 años, estaba dedicada a la madre:

Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar,
Porque mi alma, de amor henchida,
Aunque muy joven, nunca se olvida
De la que vida me hubo de dar.1

Otra se la dedicaría desde el presidio, en el reverso de aquella foto tan conocida, en la que se le ve con el pelo rapado, el uniforme de prisionero, cadena y grilletes:

Mírame, madre, y por tu amor no llores:
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores.2

La mujer que le dio el ser estuvo siempre presente en los pensamientos y en el corazón de nuestro Héroe Nacional. La recuerda, admirado de su valor: “[…] mi madre atravesó para buscarme, y pasando a su lado las balas, y cayendo a su lado los muertos, la misma horrible noche en que tantos hombres armados cayeron el día 22 sobre tantos hombres indefensos. ¡Era mi madre: fue a buscarme en medio de la gente herida, y las calles cruzadas a balazos, y sobre su cabeza misma clavadas las balas que disparaban a una mujer, allí en el lugar aquel donde su inmenso amor pensó encontrarme”.3 Este texto recrea la misma anécdota que luego escribió en uno de sus Versos sencillos:

A la boca de la muerte,
Los valientes habaneros
Se quitaron los sombreros
Ante la matrona fuerte.

Y después que nos besamos
Como dos locos, me dijo:
¡Vamos pronto, vamos, hijo:
La niña está sola: vamos!”4

A pesar de las incomprensiones que marcaron su relación, nunca dejó de estar la madre presente en sus más puros sentimientos. El 30 de marzo de 1878, desde Guatemala, Pepe escribió a su amigo mexicano Manuel Mercado: “Recibí con la última de V.—por lo tardía más deseada que otra alguna, la injusta y amorosa carta de mi madre. —Realmente se cree que yo las he sacrificado a mi bienestar […] La verdad es que yo he cometido un gran delito;—no nacer con alma de tendero.—Mi madre tiene grandezas, y se las estimo, y la amo—Vd. lo sabe—hondamente, pero no me perdona mi salvaje independencia, mi brusca inflexibilidad, ni mis opiniones sobre Cuba”.5 Gran aflicción le traería al hijo amoroso el reproche materno, la incomprensión que siempre sintió como una injusticia.

Sin embargo, hay que entender que la época en que vivieron Martí y sus padres era, desde todo punto de vista, desfavorable para el desempeño de la mujer, más aún para la mujer humilde. Como era natural en ese entonces, recién casada, a Leonor le nacieron sucesivamente siete hijas, antecedidas por un varón, una numerosa familia que había que sostener con el escaso e inseguro salario de don Mariano. Por ello, ambos padres —como después Carmen— fiaban a su inteligencia y esfuerzo su propio bienestar. La misión que desde los tempranos días del Hanábana —cuando viera azotar a un esclavo—  abrazó Pepe resultaba poco o nada provechosa a la supervivencia familiar, en una época en que a los hijos correspondía esa responsabilidad para con los suyos. Nada puede extrañar que la madre —como luego haría Carmen— le reprocharan continuamente su entrega a la causa libertaria.

Resulta importante precisar que, además, Martí procuró proveer a su familia y que, en el caso de Leonor, dedicó lo que le pagaban por sus colaboraciones para La Nación a sustentar a su madre: “Trabajo para un gran diario de Buenos Aires; pero este sueldo va a mamá”.6

Urgido de su comprensión, a la propia madre escribe: “A otros puedo hablar de otras cosas. Con Vd. se me escapa el alma, aunque Vd. no apruebe con el cariño que yo quisiera sus oficios; y a esa tierra infeliz donde Vd. vive, no le puedo escribir sin imprudencia, o sin mentira”.7

También en lo que fue la última carta que le escribiera, fechada el 25 de marzo de 1895, Martí recoció que la tenía presente: “Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Vd. con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”.8

Ese recuerdo, pese a desavenencias y regaños, fue siempre para él un necesario consuelo, porque, como dijera en otra ocasión, “las madres son amor”.9

Notas:

1 José Martí: “A mi madre”, en Obras completas, t. 17, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, p. 13., J

2iCit. por María Luisa García Moreno: La ruta cubana de José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2011, p. 31.flores”.10

3 José Martí: “El parte de ayer”, Revista Universal, México, 21 de marzo de 1875, en Obras completas, t. 1, ob. cit., p. 116., J

4 _________: XXVI “El enemigo brutal”, Versos sencillos, en Obras completas, ob. cit., t. 16, p. 13.

5 _________: Carta a Manuel Mercado, Guatemala, 30 de marzo, Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t. 1, p. 116.

6 _________: Carta a Manuel Mercado, Nueva York, 13 de noviembre de 1874, Epistolario, ob. cit., t. 1, p. 286.

7 _________: Carta a la madre, 15 de mayo de 1894, Epistolario, ob. cit., t. 4, p. 138.

8 _________: Carta a la madre, 25 de marzo de 1895, Epistolario, ob. cit., t. 5, p. 116.

9 _________: “27 de noviembre”, en Obras completas, ob. cit., t. 1, p. 84.

Ver además

Un día fructífero en la bitácora martiana

Un patrimonio de amor