Por estos días —y desde finales del pasado año—, los cubanos disfrutamos de la estadía en nuestra tierra de los Cinco. Tras tantos años cumpliendo injusta y férrea prisión en las cárceles del imperio, nuestros hermanos han regresado a casa y su presencia se hace cotidiana ya sea en el Concierto por los barrios junto a Silvio Rodríguez, la inauguración de una escultura o exposición, un juego de pelota, el concierto inicial de la temporada de la Orquesta Sinfónica a ellos dedicado, o en cualquier actividad.

Dondequiera que aparecen se ven rodeados de las manifestaciones de un sincero cariño, de una y mil muestras de respeto y admiración. Y es que durante estos años ellos se han convertido en símbolo y han encarnado las más altas virtudes de nuestro pueblo revolucionario.

Estos hombres —y sus familias, tan heroicas como ellos mismos—recuerdan la prédica martiana, prédica que está presente en toda la vida y la obra del Maestro; pero que cobra especial relieve en las páginas de La Edad de Oro, escritas para los niños de América a partir del 1o de julio de 1889, en las que se siente, sin didactismos, eso que hoy se conoce como “educación en valores”.

Es precisamente en “Tres héroes”, uno de los más conocidos textos de esta obra, donde ofrece José Martí toda una serie de consideraciones acerca de la honradez, la dignidad humana y, además, uno de los más hermosos conceptos de heroísmo.

Repasemos las primeras. Dice Martí: “Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados […]”.

Y este análisis, que nuestro Martí realizó pensando en las tres figuras a las que dedica su trabajo —Simón Bolívar, Miguel Hidalgo y José de San Martín—, ¿acaso no es aplicable a René, Fernando, Ramón, Antonio y Gerardo?

Justo, uno de los méritos más notables de las páginas martianas es su vigencia; tienen una validez perpetua y son parte del legado ético de nuestra nación. Y los Cinco son de esos hombres de luz “que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor”, “que tienen en sí el decoro de muchos hombres” y, por eso, en ellos “van miles de hombres”, va nuestro pueblo, “va la dignidad humana”.

Luego de ofrecer una mínima semblanza de cada uno de los tres héroes  a los que se refirió en estas páginas, concluye Martí: “Un escultor es admirable, porque saca una figura de la piedra bruta: pero esos hombres que hacen pueblos son como más que hombres […] Esos son héroes, los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales”.

Hermosísimo concepto en el que el Maestro define la validez de los héroes que son “como más que hombres” y establece la diferenciación entre quienes combaten de uno u otro lado.

Y acaso, podemos preguntar ¿los Cinco no padecieron en “desgracia por defender una gran verdad”? ¿No padecieron años de crueldad e injusticia por defender el derecho de nuestro pueblo a conocer los planes agresivos que en su contra se forjaban? ¿No sufrieron la maldad de no poder ver a sus seres queridos, de no ver crecer a sus hijos, de no poder, incluso, procrear?

Por eso pienso que con su palabra para todos los tiempos, Martí también se refería a René, Fernando, Ramón, Antonio y Gerardo, cuando escribió este texto y lo incluyó en La Edad de Oro.

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