El tercer trabajo de la serie de seis publicados por José Martí en 1892 en el periódico Patria se titula “La independencia de Cuba y la prensa de los Estados Unidos” y es un artículo tan lleno de vigencia, que parece escrito para los tiempos que corren.

Se refiere el Apóstol a quienes por “miedo al sacrificio” o “temor exagerado de la inevitable lucha, y el poco saber de los cubanos mismos sobre los recursos suficientes de Cuba para la guerra y la república” ven el remedio a los males de Cuba en “la anexión a los Estados Unidos”. Y sobre esta nociva tendencia ideológica de la separación de España sin soberanía, sin nacionalidad, sin raíces —que no otra cosa fue y es el anexionismo—, comenta nuestro Héroe Nacional “que es a la política verdadera de Cuba como la alquimia a la química, y a la política verdadera de América como el veneno en la copa”.

Martí se vale en esta ocasión de lo publicado en la prensa norteamericana. Refiere que diarios tan importantes como el Herald, el Sun, el Times y el Journal of Commerce, se hicieron eco del recorrido del Delegado el Partido Revolucionario Cubano y los actos públicos realizados con su presencia y su verbo elocuente. Sin embargo, llama su atención en particular lo que comenta “el periódico más respetado de Filadelfia, el Public Ledger, aunque deja claro que “la cuestión de Cuba es hoy muy llevada y traída”, y precisa que “[…] no dejó uno (un periódico) de describir con visible estimación, la entusiasta asamblea, lo que es muy de notar, particularmente, por el hecho de que la última de las resoluciones de ella se declaraba, en plena verdad, hostil al pensamiento de anexión, que los observadores ligeros, hechos a ver sus deseos como soluciones, creen más arraigado en esa ciudad misma de Filadelfia, donde fincan hoy intereses muy valiosos, y para Cuba infecundos, en la extracción y transporte de la riqueza minera del Departamento Oriental”. Ello demuestra que, a pesar de la declarada política antianexionista del PRC y de los intereses del imperio hacia las riquezas naturales de Cuba, el pueblo norteamericano se interesaba en la causa cubana y en las ansias libertarias de la pequeña islita caribeña —que también había contribuido a su propia independencia—. Y, naturalmente, la prensa no podía dejar de hacerse eco de aquello que constituía un manifiesto interés de su público lector.

De todas las notas publicadas, comenta el redactor de Patria, “la del periódico que guía y refleja mayor suma de opinión en el estado de donde […] han solido nacer en no lejanos días crueles, censuras de Cuba y de sus hijos”: el Public Ledger, que el 18 de agosto de 1892 publicó el artículo “Cuba Libre”.

De este, cita el fundador de Patria: “Anoche se celebró una reunión de cubanos y simpatizadores con la independencia de Cuba. El mundo todo ama a quien sabe amar, y a quien ama a su patria. La causa de Cuba despierta simpatía por muchas razones; pero principalmente por el respeto que merece el sentimiento que anima el actual movimiento revolucionario. En cuanto se puede juzgar por los sentimientos patentes en los oradores y en la concurrencia, este es un movimiento vigoroso y digno en todo sentido de hombres honrados y amigos de su país”.

Por supuesto, esas palabras publicadas en el Public Ledger contradicen la política de oficial neutralidad que la administración norteamericana había mantenido durante la Guerra de los Diez Años y continuaría manteniendo durante la guerra necesaria con respecto a Cuba. Pero son valiosísimas en lo que respecta al reflejo de la opinión pública.

“[…] lo más útil y oportuno —afirma Martí— es sin duda la frase en que dice, al hablar de los remedios posibles de la situación de Cuba, que: ‘las negociaciones con los poderes extranjeros serían tan ridículas como el cambio de rey de las ranas, que se cansaron del rey de palo y cayeron en el rey estornino’”. Aquí el diario de Filadelfia hace alusión a la conocida fábula de Jean de La Fontaine en que las ranas, aburridas del estatismo del rey madero (o palo, como cita el diario) piden a Zeus que les mande otro soberano y este les envía un depredador —ya sea estornino o grulla, según las diferentes versiones de la fábula—, para definir que la cuestión de Cuba no se resuelve con cambiar el amo español por otro diferente.

A pesar de ello, no se deja por ello confundir el Maestro, con su larga y profunda mirada comprende que “[…] el párrafo más jugoso, y de más provechosa advertencia para los que hubieran podido equivocar el modo de dirigirse a un país altivo, y libre por su propio esfuerzo, el párrafo que indica lo que se puede aprovechar de estos vecinos nuestros en nuestra situación, y lo que no se debe esperar, es el que cierra el artículo “Cuba Libre” de un diario donde no se escribe una sola palabra en vano, y dice así: ‘Aparte de la simpatía con que los Estados Unidos han visto la lucha de Cuba por su independencia, hay una razón de mucha monta para que, como nación, tome un interés profundo en la suerte de Cuba. Hay una política de naciones, como hay una política de barrio, y ha venido a ser pesadilla constante de los que piensan en estas cosas la idea de que Cuba cayese en las manos de Inglaterra o de Alemania. Los Estados Unidos no pueden tomar a Cuba bajo su protección; pero tampoco pueden ver esta rica y adelantada isla en manos de un poder extranjero, y tal vez enemigo. El daño a nuestro comercio sería muy grande, y mayor el de nuestro prestigio. Pero esto tiene comparativamente poco que hacer con nuestros afectuosos sentimientos hacia Cuba y sus patrióticos ciudadanos, que nacen del deseo fraternal de un país hermano que les desea vientos bonancibles y la obediencia al mandato bíblico, escrito en nuestra vieja campaña de la libertad: ¡Proclámese la libertad por todo el mundo, para todos los habitantes de la tierra!”.

Con eso termina Martí su artículo: no hacía falta decir más: las contradicciones estaban claras. Ayer como hoy, siempre ha sido igual: podrá haber simpatías, pero siempre prevalecen sus propios intereses.

Notas

Todas las citas han sido tomadas de José Martí: “La independencia de Cuba y la prensa de los Estados Unidos”, en Obras completas, tomo 2, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, 2007, pp. 148-149.

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