Legitimación de un proceso

Malena Balboa Pereira

Las manifestaciones culturales han sido siempre terreno fértil para la proliferación de criterios a favor o en contra (e incluso ambos) del sistema político vigente. El quehacer cultural de nuestra República, nacida en 1902 con todos y para unos cuantos[1] fue el caldo de cultivo ideal para el afianzamiento del proceso identitario en contrapunteo con las imposiciones foráneas y los desmanes de las distintas magistraturas del período neocolonial.

El humor gráfico pasó a jugar un importante papel como expresión cultural que cuestionaba la realidad cubana y exponía a su vez los rasgos del “deber ser” de la sociedad. En ese empeño, y con diferentes grados de radicalización en su pensamiento, como diversa la técnica, emergieron generaciones de caricaturistas desde Ricardo de La Torriente, Conrado Massaguer, Eduardo Abela hasta Santiago Armada, René de la Nuez y otros tantos que pusieron su obra, sorteando los avatares de la censura, en función de una crítica que tomó contornos hostiles en momentos de agudas crisis políticas.

La caricatura demostró ser el móvil eficaz para activar una conciencia colectiva en pos de un cambio para Cuba. En este punto no pueden dejar de mencionarse personajes que en la década de 1950 corroboraron la opción que para la Isla traía una nueva generación. Pucho, Julito 26 y el archiconocido Loquito son ejemplos significativos.[2] Este último fue catalogado por su creador como “un personaje fidelista”. Era evidente que para la juventud de entonces, la generación encabezada por Fidel Castro representó el ideal libertario, diametralmente opuesto al régimen de facto. A juicio del también autor de los barbudos “la dictadura batistiana era fuerte, sobre todo para los jóvenes. Ser joven entrañaba correr riesgos en la calle de aquellos días”.[3]

El triunfo revolucionario de enero del 59 propició la ruptura con el sistema político precedente sin que esto significase la anulación de la producción artística en el país.[4] Más bien se orientó hacia una redefinición de sus propósitos. ¿Qué posiciones asumió el humor gráfico? Es válido emplear el término revolucionario para definir los nuevos derroteros de la caricatura sin que esto arroje una lectura simplista de la realidad que este arte pasó a representar.

Los primeros años de la naciente Revolución fueron, sin lugar a dudas, los más complejos y decisivos para la supervivencia del nuevo gobierno. Los años sesenta “con su poética de la forja y el diseño de un porvenir entonces a la mano” [5] volcó en las artes todo el andamiaje que se estructuró para la construcción de una nueva sociedad. Este trabajo pretende acercarse a algunos de los hechos acaecidos desde el triunfo revolucionario hasta octubre de 1962 de la mano de la obra de caricaturistas que colaboraron con el periódico Revolución.

En tiempos de constantes cambios, la caricatura ofreció su visión de la trascendencia de los hechos que ocurrieron. Caricaturistas como René de la Nuez expresaron: “lo más difícil que yo encuentro en el quehacer caricaturesco es el cambio a que nos obliga la dialéctica de la revolución. Hay que evolucionar de una manera incesante, o mejor dicho, hay que revolucionarse”.[6] Numerosos fueron los sucesos cubiertos por estos artistas, en especial por Santiago Armada (Chago) y Nuez[7].

Como toda manifestación artística, la caricatura no solo se nutre de la relación emisor-receptor sino que, además, parte su concepción de la visión que el artista tenga de la realidad que vive. Claro está, no estuvo exenta de múltiples visiones políticas, acorde con las fuertes tensiones generadas a raíz del triunfo de la Revolución. Se considera que la primera caricatura en contra de la Revolución cubana vio la luz en el Diario de La Marina en 1 de febrero de 1959 con el título “Close up del ciudadano que pasa el día frente al TV”.[8]

Aunque a juicio de conocidos caricaturistas cubanos el humor gráfico posterior al triunfo revolucionario tuvo una clara tendencia a volverse más profundo, no implicó que fuese absoluto el hecho de que toda caricatura a favor de la Revolución se hiciera con calidad. Cabría preguntarnos: ¿Cómo fueron asumidas las circunstancias del proceso revolucionario cubano después de enero de 1959? A través del arte, espejo de las sociedades, es posible un análisis. Lo cierto es que estos primeros años fueron catalogados por la doctora Graziela Pogolotti de excelentes, al referirse a la citada profundidad como una suerte de salto en términos de lenguaje.

Quedaría, desde luego, por sistematizar los comportamientos de la caricatura contraria a la revolución cubana, de forma tal que pueda ofrecerse una visión más integral del fenómeno. No obstante, prefiero detenerme en los modos de presentar el proceso revolucionario en su arrancada desde el humorismo gráfico concebido en la Isla.

EL SUEÑO COMIENZA

Las primeras medidas emprendidas por el gobierno revolucionario causaron hondo impacto en la población. Chago, en las entregas para Revolución se auxilia de la historieta corta para reflejar su nivel de aceptación. El personaje de Julito 26, surgido al calor de la lucha insurreccional de los 50, conversa con un cantinero, persona “de a pie”, muestra del papel del pueblo como elemento activo en la toma de decisiones (que serán escuchadas como nunca antes). Estar convencido de que “el hombre sigue dando en el clavo” es muestra de lo acertado de estos primeros pasos. ¿Resultados inmediatos? Mejoría del nivel de vida de la población, en correspondencia con lo planteado en el programa del Moncada. En otra ocasión el personaje condujo un elevador que representaba el standard de vida que “va arriba” al tiempo que a los pisos inferiores descendían las tarifas eléctricas, telefónicas y los artículos de primera necesidad.

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La Reforma Agraria adquirió mayor relevancia en tanto proliferó la entrega de tierras. Esta trascendental medida fue un paso definitivo por la equidad en cuanto a relaciones de propiedad y distribución de las riquezas. Amparado por un conjunto de facilidades como el otorgamiento de crédito, el campesino no solo adquirió el derecho de propiedad sobre la tierra sino además las posibilidades de comercializar el producto de su trabajo beneficiando de esta forma el agro cubano.

Sensibilizado con esta y otras medidas emprendidas por el gobierno como la Reforma Urbana, Julito 26 exclamó en otra caricatura: “Aquí hay espacio para todas” a modo de bienvenida a cuanta disposición contribuyera a transformar el área rural y también la urbana.[9]

La preocupación por la educación se hizo visible desde el propio triunfo. La conversión del Campamento Militar de Columbia en Ciudad Escolar Libertad, la Ley de Reforma Integral de la enseñanza o la convocatoria a 5 mil maestros para las aulas rurales sería solo parte de la empresa admirable que tendría su máximo exponente en la campaña de alfabetización en 1961. Con sumo beneplácito el Loquito aplaudió la graduación de 400 maestros que alfabetizarían en las montañas. No se equivocó al exclamar que estos “primeros” no serían los últimos. El cuento infantil sirve de pretexto para resaltar que la escuela pública no sería la Cenicienta sino que ese zapato que le coloca el príncipe (un barbudo) no es otra cosa que los pasos a seguir para el mejoramiento del sistema educacional y su infraestructura.[10] Un reportaje gráfico de Alberto Korda demostró cuan sensata y necesaria se hacía una revolución como la que despegó en el 59.[11]

El pueblo se convirtió en sujeto aprensivo de una realidad en constante cambio y de la cual fue protagonista. “Ahora se come parejo”, expresó Nuez en una de sus obras cuando sentó en la misma mesa a un hombre de negocios, un miembro del alto clero, un burgués y a un obrero, miliciano y amas de casa.

La apertura de las denominadas tiendas del pueblo que según el comentario de Revolución redujo “un 30% el costo de vida del campesinado cubano” no escapó a la pluma de los caricaturistas. El Barbudo,[12] personaje que acompañaría a múltiples sucesos, bajó una canasta con víveres desde las nubes a un campesino que la recibió encantado.

Pero no fueron solo buenas noticias lo que transmitió este arte. Tras la desaparición de Camilo Cienfuegos los diarios se hicieron eco de la incesante e infructuosa labor de búsqueda de la cual, claro está, la caricatura tomó el pulso al sentir popular. El personaje del Loquito, fruto de la pluma de Nuez, no se presentó como de costumbre vivaracho, sino con gesto suplicante y lágrimas, preocupado por el destino del héroe. Chago no pudo ser más explícito: un enorme corazón con el nombre de Camilo… no necesitó más palabras.

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ACCIÓN ¿REACCIÓN?

Sin embargo, los elementos de la reacción dentro y fuera de la Isla instrumentaron acciones para provocar desequilibrio y disturbios. En Zona Rebelde, sección de Revolución, un artículo titulado “¡Miserables!” desmintió las conjuras de las emisiones radiales dirigidas a Cuba que anunciaron la aparición del Señor de la Vanguardia. La caricatura denunció esta bajeza: Julito 26 miró disgustado un radio[13]. El Loquito por su parte observó con desprecio como “los cizaños de turno (Avance y El Mundo) danzan con la música que las ratas les envían desde el norte” en representación de la minoría sedienta de retroceso.

No fueron estos los únicos ataques a la Revolución. Desde el triunfo mismo, la reacción, consciente del papel de los medios de comunicación, explotó los que tuvo a su alcance para intentar desacreditarla. No solo fueron los comentarios mal intencionados de una “burguesía chistosa”[14] e inconforme. Revolución recogió en sus páginas el comportamiento de estos elementos cuando comentó acerca de la inserción de un programa cómico en las transmisiones radiales en español de “La Voz de Las Américas” donde se satirizaba el racionamiento en Cuba y su organización.

Las provocaciones ocuparon lugar en las empresas de Diario de La Marina, El País, El Crisol, Avance, Prensa Libre e Información. La respuesta del sector gráfico no se hizo esperar pues se implantó el 10 de enero de 1960 la denominada coletilla o nota editorial que acompañaría cualquier noticia cablegráfica que reflejara opiniones diversas a las compartidas por los trabajadores de estos diarios. Después del incidente con Información[15] se determinó que también se aplicara “a los editoriales, artículos, caricaturas, declaraciones y a todo material que atacara a la Revolución Cubana”.[16] De esta forma se inició una aguda polémica que cristalizó en la situación con el director de Avance, Jorge Zayas. Nuez en esta ocasión se valió de Don Cizaño, rancio y cínico, para recrear estas contradicciones. A la solicitud de asilo de Zayas Don Cizaño “explica” la necesidad de asilarse debido a la amenaza de paredón y a la persecución económica a la que los periodistas eran sometidos. Unos simpáticos versos acompañaron a las caricaturas sobre la solicitud de asilo del “perseguido”:

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El verso de moda:

Con coletilla o sin coletilla
Jorge Zayas por fin “hospedó”en una embajada
Su quebrantada siquitrilla.[17]

Julito 26, por su parte, protege a la Revolución cubana de la lluvia de palabras que le dirige la publicación. El Loquito desenmascara los resortes que mueven los escritos de Zayas: su máquina de escribir no tiene letras en sus teclas sino dólares. Este conflicto periodístico recibió una oportuna y radical respuesta de Fidel Castro en las propias páginas de Revolución.[18] El proceso de intervención de estos diarios se produjo entre los meses de febrero y diciembre de ese mismo año.

La quema indiscriminada de cañaverales por aviones y elementos internos demostró que los ataques ya no serían tan sutiles. Entre los centrales afectados se encontraban el Niágara, Punta Alegre, Manatí, Chaparra y Hershey. Chago ofreció una visión del tema con una caricatura denominada Conciencia revolucionaria en la cual un niño destruye un avioncito mientras lo culpa por la quema de un cañaveral.[19] No había forma de engañar al pueblo.

EN TODOS LOS FRENTES

El gobierno cubano estuvo inmerso no sólo en la lucha contra la subversión interna, estrechamente relacionada con los círculos de poder norteamericanos, sino que además debió priorizar la revitalización de la economía sin descuidar el nivel y el modo de vida de la población. Ernesto Guevara, al frente del Banco Nacional, propuso como tarea básica “la defensa de las divisas, a cuyo efecto debemos frenar todo lo que sea superfluo en las importaciones”[20]. A pesar de las dificultades el estado de cuentas era menos precario que a la huida de Fulgencio Batista como lo reflejó Armada en una de sus obras.[21]

En aras de impulsar el desarrollo de uno de nuestros principales renglones económicos, el año 1961 se convierte en un llamado general a participar en la primera zafra del pueblo. Imbuidos Nuez y Chago por esta “cruzada nacional” celebran el apoyo de centenares de voluntarios al corte y alza de la gramínea que el propio periódico recogió el día 6 de febrero con el titular “¡Todo el pueblo en los cañaverales!” El Loquito, mocha en mano, avanza sobre una carreta cargada de caña y Julito 26 la ve pasar de mano en mano y terminar en las suyas que la adornan con una bandera cubana; clara alusión al sentimiento de ofrecer su aporte a la patria.[22]

1961 no fue denominado en vano como el año de la educación. La enorme proeza que significó alfabetizar a miles de personas en solo un año no escapó a la aguda visión de los caricaturistas que alabaron la labor de ese ejército de maestros. El esfuerzo nacional por acabar con el analfabetismo se tradujo en una nueva lucha donde, sin dejarse intimidar, Nuez refleja a sus milicianos maestros con lápices como fusiles. No se trató tan solo de sentir el conocimiento como un arma poderosa, fue la realidad de un año de amenazas constantes, de denuncia ante los organismos internacionales y, desde luego, la prueba de fuego que no tardó en llegar: la invasión armada a la Isla.

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Aunque la intención fue hacerla parecer como obra de cubanos anticastristas, lo cierto fue que la asesoría y financiamiento norteamericanos quedaron más que probados. “La invasión de los hijísimos” fue una caricatura sin palabras pero tremendamente elocuente donde, a modo de cigüeña, el águila imperial trajo en un pañal a un mercenario.[23]

Asimismo “El camuflaje de la agresión” mostró el convencimiento de que la autoría de dicha escalada militar respondió a solo tres siglas, USA. Así lo denunció esta caricatura donde se le destiñó el traje a un mercenario y dejó dibujadas estas siglas.[24] Un cable publicado por Revolución informó que “los uniformes que utilizaron los mercenarios proceden de la misma fábrica que viste a los miembros de las fuerzas armadas norteamericanas, pero fueron sacados de la línea de producción antes de que se le añadiera el águila y la marca propiedad del gobierno de los Estados Unidos”.[25]

Nuez, mostró al Tío Sam tomándole las medidas a los mercenarios mientras, desde Cuba, un miliciano también tomaba medidas ¡de los ataúdes!

Se puede destacar en esta caricatura dos elementos. Por una parte la similitud con el citado cable y, por otra, el orgullo con la resonada victoria obtenida en menos de 72 horas.

De la derrota versó también “Desembarco en la Ciénaga” donde el Tío Sam aterrizó en paracaídas pero se ahogó al hacerlo en una zona de abundante agua. Es que el esperado apoyo a la invasión jamás tuvo lugar. Lo planes de constituir en un pedazo de territorio nacional un gobierno libre quedó aplastado por la determinación del pueblo de conservar su soberanía. Bien claro dejó este aspecto una nueva entrega del autor del Loquito en la que un miliciano le disparaba con una conocida “cuatro bocas” al águila imperial, símbolo del poderoso vecino.

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De forma inevitable, las relaciones con Estados Unidos se convirtieron en factor de considerable peso en la evolución del proceso cubano.[26] El humor gráfico recogió en todo momento esta situación. Todo espacio fue propicio para la denuncia. De tal suerte la estatua de la Libertad, símbolo de la nación norteña, abraza unos billetes mientras la antorcha que sostiene tiene al dólar como llama, muestra de los intereses que mueven a ese país. Este mismo símbolo se retoma en la caricatura “Directora de sabotajes” donde un “gusano”[27] recibe indicaciones de su parte para que marche hacia Cuba.[28] La campaña ideológica contra el proceso cubano fue motivo de imputación mediante la caricatura. De ello dio fe una representación en la que el Tío Sam introducía propaganda contra la revolución en el cerebro de los medios de todo el mundo.

La agresiva política que había comenzado en el ocaso presidencial de Dwight. Eisenhower fue seguida por John F. Kennedy. La utilización de la llamada Alianza para el Progreso fue solo un método solapado para perpetuar la influencia en el área latinoamericana que, impulsada entre otros factores por el triunfo cubano, ya sentía la efervescencia revolucionaria. El giro hacia métodos más abiertos se dio bajo la tutela de Lyndon B. Jhonson y América Latina se vio envuelta en una nueva oleada reaccionaria. Los golpes militares que tuvieron lugar en El Salvador (enero de 1961), Ecuador (1961,1963), Argentina, Guatemala y Perú en 1962 contaron con el apoyo norteamericano. Chago, en el propio año 62 embistió la falaz posición cuando en una de sus obras el Tío Sam, junto a un cráneo (distó mucho de la imagen “shakespeareana” del ser o no ser) exclamó: “nosotros creemos en la paz, el desarme y la coexistencia pacífica”.[29]

La nueva visión que ofrecía la mayor de Las Antillas ante la determinación de su propio destino desencadenó la puesta en práctica de cuanto mecanismo estuviera disponible para socavar el respeto que ya inspiraba el joven proyecto revolucionario. No fue solo una cuestión de bajar el pulgar y hacer que rodaran cabezas. Había que mover a la opinión pública. Callar la voz del pueblo cubano resultaba bastante complejo. El eco de los Andes fue una caricatura donde un representante andino gritaba desde la cumbre de una montaña “Cuba sí”, para recibir la resuelta respuesta de la cordillera: “Yanquis no”. Nuestro país no estaba solo y esto se reflejó también en el arte.

Atentos a los acontecimientos internacionales nuestros caricaturistas reflejaban no solo lo que sentía, quería y pensaba el pueblo, sino la realidad mundial. Los sucesos acaecidos en el Congo captaron la atención de estos artistas. De la sede de la ONU se extendió un brazo mecánico que empuñando un cuchillo tinto en sangre se clavó en el corazón de esa nación africana.[30]

El asesinato de Patricio Lumumba, primer ministro de esa nación, desató una enérgica protesta que fue llevada ante las Naciones Unidas por Raúl Roa. La solidaridad de los cubanos también se reflejó en un Julito 26 que con la insignia nacional a media asta y una banda negra en señal de duelo mostraba su pesar por la muerte del líder de ese país.

La Organización de Estados Americanos (OEA) fue el escenario escogido por los intereses norteamericanos para detener el avance de nuestra nación. No había sido suficiente la resolución obtenida contra la Isla en 1960 en territorio costarricense. Tampoco lo fue la oportuna respuesta del pueblo cubano plasmada en la conocida Primera Declaración de La Habana. El periódico Revolución reflejó en 1962: “A petición del delegado del régimen de Rómulo Betancourt, la OEA celebrará hoy una reunión de consulta a un nivel ministerial para propiciar nuevas medidas de agresión contra Cuba”.[31] Representantes del gobierno venezolano fueron utilizados como vehículos en esa ocasión. No en vano la caricatura cubana había advertido, meses atrás, sobre los contactos entre el presidente J. F. Kennedy y Rómulo Betancourt, mandatario venezolano, en una entrega donde se relacionaban acompañados de sarcásticos versos.[32] Fue necesaria una segunda Declaración de la Habana en contrapartida a los nuevos intentos por desmembrar a la Revolución en Punta del Este, Uruguay.

Al concluir 1961 no disminuyó la amenaza de agresión directa por parte del gobierno norteamericano. Cuando el 22 de octubre de 1962 se decretó el país en alarma de combate, la certeza de un nuevo peligro se cernió sobre Cuba. Comenzó la denominada Crisis de Octubre que puso a prueba una vez más la capacidad de reacción y apoyo del pueblo al proceso revolucionario.[33] Nuevos personajes reflejaron la realidad cubana. Rafael Fornés convierte a su Sabino en otro de los tantos cubanos que marcharon “a un lugar de Cuba” para proteger las fronteras, no porque se quisiera la guerra sino a favor de la conservación a ultranza de esa paz representada por la enorme paloma junto a la cual Sabino apareció dibujado, fusil en mano, frente al mar. Nuez por su parte continuó recreando con sus Barbudos la vida cotidiana en las trincheras, sus inquietudes y la presencia de Fidel en cada acto.

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humor_revolucion07La captura de uno de los jefes de bandas contrarrevolucionarias de la CIA, Miguel Orozco, le propició al creador del Cizaño el sustrato necesario para una nueva entrega gráfica. La imagen de una tetera artesanal saltó a la vista pues el líquido que se colaba no era el sabroso café cubano sino gusanos que eran eliminados por un barbudo que esperaba en el fondo del recipiente. ¿El título? “Aquí el que se cuela queda”

De esta forma se nos presentó la caricatura que “a la condición de crítica social y de obra integrada e integral de arte se suma a cada pieza y a todas ellas la consideración de testimonio histórico, de fuente parta el estudio y la comprensión de este país”.[34]

A MODO DE CONCLUSIÓN

Decir mucho con poco fue siempre característico de la caricatura. Los artistas, inmersos en el proceso de construcción de una Cuba nueva plasmaron en sus obras el carácter popular del proceso y a su vez el grado de profundización que fue necesario alcanzar. Los grandes sucesos captaron la atención de los caricaturistas pero de igual forma la vida cotidiana.

Hechos que solían ser circunstanciales se convirtieron en un legado permanente a través de lo que pudiéramos asumir como “decodificación del mensaje” que llevaba implícito una caricatura.

La lucha contra el ausentismo, el burocratismo y por la eficacia en la producción fueron temas recurrentes. De modo que el humor gráfico también se reorientó en busca de nuevas transformaciones, que legitimaran a la Revolución.

A diferencia de la etapa prerrevolucionaria no fue en esta ocasión la válvula de escape que permitía liberar las inquietudes del pueblo cubano ante la situación política y social que vivía el país, sino la vía de expresión popular para la reafirmación de un proceso de cambios que beneficiaba a amplios grupos y sectores de la sociedad.

La caricatura cubana trascendió el representar las aspiraciones de sectores sociales marginados. Pasó a ser la personalidad del pueblo que se acrecentaba cada vez más como autor de la cotidianeidad. Lo cierto es que la caricatura, ya sea de prensa o de otro tipo, permite historiar cualquier tiempo. La información que brinda es convertida entonces en forma de poder político o vehículo de subversión.

El humor gráfico que acompañó los primeros pasos de la bisoña Revolución fue más allá de ser transmisora de la actualidad. Contribuyó al análisis de complejas coyunturas históricas nunca exentas de errores y problemas.[35] El contexto sociopolítico demandó que su accionar tributara al fortalecimiento de la conciencia del pueblo cubano.

Notas:
[1] José Cantón Navarro: “José Martí, el 98 y la República independiente”, en: Cuadernos de Historia, Editora Política, La Habana, 1998.

[2] El denominado humorismo revolucionario se acrecentó en los años 50. Para el periódico Hoy del PSP colaboraron caricaturistas como José Hernández Cárdenas, Adigio Benítez y Horacio Rodríguez Suriá. Para la revista Mella, Marcos Bechemares creó el personaje de Pucho mientras que Santiago Armada colocaba en las páginas de la publicación guerrillera El Cubano Libre a Julito 26. El semanario Zig- Zag, fundado en 1938 y que llegó a tener una tirada de 100 000 ejemplares contó con la presencia del Loquito, creado por René de La Nuez, a partir de 1956.

[3] Axel Li: “Entrevista con René de la Nuez. Otras coordenadas del Loquito”, en: La Jiribilla, año VI, La Habana, 11-17 de agosto de 2007. Versión digital.

[4] Resulta curioso como en ocasiones se considera el año 59 como año cero para la intervención del estado en el quehacer cultural y la puesta en práctica de determinadas políticas culturales obviando la labor precedente. Acerca de lo que se hacía en el país antes del triunfo revolucionario, específicamente durante el batistato ver: Ricardo Quiza Moreno: “Cultura y Dictadura (1952-1958)”, en: Cuadernos Cubanos de Historia, Editora Política, La Habana, 2007.

[5] Rufo Caballero: “Los recodos de la tempestad (Cuarenta años de una imagen en las artes visuales)”, en: Sin urna de cristal. Pensamiento y cultura en Cuba Contemporánea. Comp. Rafael Hernández, Centro de investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, Ciudad de La Habana, 2003, pp. 193.

[6] René de La Nuez: “Nuez en ristre”, en: Bohemia, La Habana, 19 de septiembre de 1975, año 67, No 38, pp. 26.

[7] René de La Nuez: Natural de San Antonio de los Baños comenzó a publicar sus primeros dibujos en 1955. Creó a personajes como el Loquito, Don Cizaño, Mogollón y el Barbudo. Santiago Armada (Chago) Nació en Palma Soriano en 1937. De formación autodidacta fue creador de personajes como Julito 26 y Salomón. Falleció en la Habana en 1995.

[8] Su uso en contra de la Revolución es aún un método a utilizar con la intención de desacreditar al gobierno. Publicaciones on-line recogen en su haber caricaturas que reflejan otro punto de vista de la realidad de la Cuba de ayer y de hoy. Entre las publicaciones en la red que cuentan hoy con caricaturas de franco ataque al proceso cubano y a sus figuras representativas podemos encontrar a Conexión Cubana, El Pespunte, Kodorniz.

[9] Revolución, 21 de marzo de 1959, pp.6.

[10] Idem, 3 noviembre de 1959, pp. 1.

[11] “El Por qué de una revolución” fue un conmovedor reportaje gráfico realizado por Alberto Korda donde se reflejó la situación de la niñez en la Isla antes del 59. Basta mencionar, a manera de dato, los 600 000 niños sin escuelas que existían. Para otros datos revisar: Arnaldo Silva León: Breve Historia de la Revolución Cubana, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2003.

[12] Los debates contemporáneos sobre el papel del humor en la cultura, caricatura incluida, deja bien claro la diversidad de puntos de vista que se ofrecen sobre el tema. Para una visión general del papel del humor como agente capaz de descubrir y sintetizar el lado positivo y negativo de cualquier estructura social, así como el estado del humor en la en el país véase: “El arte de reír: el humor en la cultura”, en: Revista Temas, julio –septiembre de 2007, No. 52. En el mencionado artículo se manejan criterios muy interesantes sobre el personaje del Barbudo.

[13] Revolución, 5 de noviembre de 1959, p.1.

[14] Jaime Sarusky: “Humor y contrarrevolución”, en: Revolución, La Habana, 5 de mayo de 1960, p.2.

[15] Este diario se negó a publicar la edición correspondiente al 16 de enero de1960 porque dos cables de la UPI tenían insertados la “coletilla”.Para más información ver: Gregorio Ortega: La Coletilla: una batalla por la libertad de expresión 1959-1962, Editora Política, La Habana, 1989.

[16] Francisco López Álvarez y otros: Los gráficos en el movimiento obrero cubano 1865-1961, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1991, p.314.

[17] Revolución, 20 de enero de 1960, p. 2.

[18] En la edición correspondiente al 19 de enero de 1960 este diario reprodujo, de forma íntegra la entrevista que diera Fidel Castro al noticiero radial “La Palabra” el 18 de ese mes.

[19] Revolución, 29 de enero de 1960, p. 3.

[20] Idem, 2 de enero de 1960, p.9.

[21] Idem, p. 10.

[22] Al margen de lo expresado por este y otros órganos de prensa, la producción azucarera descendió durante las zafras de 1961 y 1962 debido, entre otros factores a la errónea concepción de desatender las plantaciones cañeras para garantizar una óptima diversificación de la agricultura.

[23] Revolución, 26 de abril de 1961, pp. 12.

[24] Idem, 21 de abril de 1961, p. 3.

[25] Idem, 19 d abril de 1961, p. 4.

[26] No fue este el único factor que aceleró el proceso de transformaciones sociales e incremento de la conciencia revolucionaria. El tránsito de la etapa democrático popular, agrario y antiimperialista a la socialista es atribuido a la comunión de diversos elementos. Al respecto ver: Francisca López Civeira, Oscar Loyola Vega, Arnaldo Silva León: Cuba y su Historia, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004.

[27]Término despectivo utilizado por el vocabulario popular para designar a aquellos sectores que se manifestaban en contra de la revolución cubana. En el caso de esta caricatura, la imagen es del todo ilustrativa.

[28] Revolución, 15 de abril de 1961, p. 2.

[29] Ibidem, 6 de abril de 1962, p. 3.

[30] Revolución, 14 de febrero de 1961, p. 15.

[31] Ibidem, 20 de noviembre de 1961, pp. 1.

[32] La caricatura salió en el periódico Revolución el día 20 de noviembre de 1961 en la página 1. Los versos que la acompañaron son los siguientes:

Rómulo quedó en mulo

Y ahora carga a su padrino

Pronto sentirá el dolor

Donde es amargo el pepino.

[33] Para profundizar en la realidad de estos difíciles días puede consultarse: Tomás Diez Acosta: Octubre de 1962: A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, 2002.

[34] Claudio Alberto Briceño Monzón: “La prensa y la caricatura como fuente de información en el proceso educativo”, en: Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Venezuela, enero – diciembre 2005, No 010, p. 175-183.

[35] Al respecto Arnaldo Silva León en Breve Historia de la Revolución Cubana .se refiere a algunos de los errores cometidos en los 60 en el intento por lograr un producto de socialismo genuinamente cubano: “La inexperiencia y otros problemas no permitieron el logro de los objetivos propuestos. Gratuidad excesiva en la distribución, un igualitarismo a ultranza y subestimación a toda categoría económico mercantil en la economía fueron algunos de los fallos cometidos”, p. 56.

Fuente: www.revistacaliban.cu

Ver además

El primer fotorreportero de Bohemia

Legado de Vales, un canario-cubano