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La
perniciosa sobreadjetivación
Alfonso Cadalzo Ruiz
Una de las tres palabras que sirven como título
a este escrito constituye claramente un neologismo. Puede que a la
cuestión de los neologismos pueda dedicarle un análisis futuro
porque, a ciencia cierta, debemos evitarlos en la radio tanto desde
el punto de vista noticioso como en sus otras funciones. Lo cierto
es que me pareció necesario usar el término para explicarme mejor;
esto, contra toda paradoja que pueda parecer.
Quienes escribimos para la radio todos los
días, corremos riesgos en cuestiones de redacción. Uno de ellos
consiste en el abuso de los adjetivos. En ocasiones no abusamos de
ellos, pero resulta radialmente poco recomendable su empleo; incluso
sin que al hacerlo se transgredan preceptos académicos de nuestro
idioma.
Todos los redactores, escritores y guionistas
experimentamos un poco el controlable afán por ofrecer hasta el
menor detalle de las ideas que deseamos difundir. Ese interés
implica abundar en aspectos superfluos del tema que, lejos de
ilustrar, confunden al radioescucha o al lector, cuando redactamos
para Internet.
¿Cuántas veces no leemos algo que en el orden
sintáctico y gramatical, en sentido general nos parece y es
correcto? Únicamente la retroalimentación diría la última palabra,
pero no siempre podemos aprovecharla y, en el peor de los casos, “lo
escrito, escrito está”.
Escuchemos un contenido por la radio,
cualquiera que sea, y tal vez advirtamos que se abusa en los
adjetivos. Es lógico que nos desvela el deseo de calificar gentes,
situaciones, sucesos, paisajes, impresiones, pero el efecto no es
muchas veces el ansiado.
Si nos referimos a un día abundante en sol,
despejado, con el predominio del verdor de la hierba y los colores
de las flores, nos arrebata la tendencia a expresar que se trata de
“un bello día”. - ¿Para quién? ¿Qué es bello y qué es feo? ¿Tenemos
la certeza – en este ejemplo – que los patrones de belleza y fealdad
sean los mismos para todos? ¿Acaso no pueden variar de acuerdo al
área geográfica, la cultura, los gustos individuales y los
condicionamientos psíquicos y sociales de cada grupo humano? - Es
una media general, para ustedes y para mí, que un amanecer soleado y
sin nubes merece la calificación de “día hermoso”, pero no
ciertamente para todos. Digamos que un día con esas características
evoca recuerdos para ciertas personas que les llenan de tristeza, lo
mismo que una tarde gris, tras un aguacero, puede evocar la alegría,
como el reencuentro con un ser querido. Espero haberme explicado
hasta aquí.
Ejemplos los hay por miles y no intento
atiborrarlos de ellos. Solamente me interesa hacer un llamado para
cuidarnos del uso excesivo de los adjetivos y, también, de un uso
racional que nada aporte al propósito de que el mensaje llegue al
mayor número de destinatarios, a no ser que de firme propósito lo
hagamos para un grupo bien específico.
De todas maneras, cabe alertar en este sentido
y, para no dejar el tema a medias, considero útil darles algunas
pistas.
La práctica de cada día me hizo inferir – para
mi labor, y ojalá también les sirva a ustedes - que puedo dividir
los adjetivos en dos grupos.
1.- Abstractos o Conceptuales.
2.- Concretos o Específicos.
Los Abstractos o Conceptuales son el fruto de
experiencias psicológicas y sociales. Pertenecen al campo de las
ideas.
Los Concretos o Específicos se remiten
directamente a las experiencias sensoriales, relacionadas con la
dimensión material del entorno.
Los Abstractos o Conceptuales pueden poseer una
connotación generalizada y califican estados de ánimo, nociones y
valoraciones. Aquí figuran algunos como: bello, grandioso, valioso,
importante, necesario, heroico, valeroso, fabuloso y otros. Una vez
que se emplean debemos releer y preguntarnos porqué calificamos de
una de esas maneras al objeto o sujeto que nos ocupa. Es mejor ser
explicativos, antes que simplemente calificativos cuando se trata de
esta categoría.
En el segundo grupo, el de los adjetivos
Concretos o Específicos, resulta un poco más fácil. Estos mantienen
una relación directa con nuestros cinco sentidos. “Huele a rosas” no
es lo mismo que decir “huele bien”; igual que “día caluroso” o “día
invernal” es más esclarecedor que “día con clima insoportable”.
“Cielo azul con sol brillante” dice más que “cielo hermoso”. ¿Acaso
no hay quienes prefieren los días grises? Tal vez sea la excepción,
pero recordemos que “si toda regla tiene su excepción, también la
excepción justifica la regla”. Es obvio que los adjetivos concretos
son los de más fácil aplicación, dado su vínculo con los aspectos
sensoriales. Son adjetivos que se relacionan directamente con el
aspecto fisiológico, con lo somático.
La cuestión, más que angustiarnos por esquemas
a la hora de redactar, reside en lograr una redacción cada vez más
directa y fluida. Si es imprescindible el adjetivo, usémoslo, pero
si podemos prescindir de él, entonces procuremos la forma de
describir con claridad y precisión aquello que intentábamos
calificar con un mero adjetivo. En radio vale mucho ser explicativos
sin apelar a la verborrea.
Es de buen gusto evitar los excesos, tanto en
el uso como el no uso de los adjetivos en la redacción radial y
periodística. Sin ser demasiado parcos en la redacción, sí seamos lo
suficientemente sencillos al expresarnos. Cuidémonos de la sequedad
y falta de matices en la redacción, lo mismo que de la pomposidad
diletante que más lejos de aclarar confunde y, más que esclarecer o
embellecer, insulta la inteligencia de quienes escuchan o leen.
(Fuente:
Radio Ciudad del Mar/Radiocubana.cu)
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