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El
español entre Cervantes y Shakespeare
Enrique González-Manet
El español, uno de los
idiomas más hablados del mundo, cuenta con un potencial de 600
millones de habitantes, pero esto no quiere decir que supere al
inglés en el sector de la informática y las telecomunicaciones.
Entre diversas causas que determinan la supremacía absoluta de este
último lenguaje está el hecho de que en los últimos tres siglos más
del 50% de los países y territorios del mundo han sido colonizados
por Inglaterra y Estados Unidos, que trataron de borrar su memoria
histórica e imponer el habla anglosajona, tal como hicieron hace 2
000 años los ejércitos romanos. Una comprobación sumaria indica que
lo siguen haciendo. Un caso expreso es el de Puerto Rico y la región
norte de México.
No por casualidad su
primer aporte a los cambios ¨democráticos¨ en todas las regiones del
mundo son los videos, los filmes y el libre flujo de internet, sin
que queden atrás la prensa, la radio y la televisión, manejadas por
sus adláteres con fines geopolíticos.
Es un hecho que pese a la
antigüedad y desarrollo de la lengua ibérica, este idioma no puede
discutirle al inglés su supremacía. Incluso el anglosajón es un
lenguaje de estructura sintética capaz de reflejar las mismas ideas,
temas y conceptos, en un 30% menos de espacio. Por otra parte, el
inglés es el habla más utilizada en el comercio y la tecnología, y
puede considerarse ¨lingua franca¨ en todos los lugares.
Estas comprobaciones son
más fáciles de hacer a partir de internet, del carácter de los
mercados y de la asignación de direcciones. Algunos especialistas,
sobre todo norteamericanos, tratan de enmascarar estas
circunstancias para no atraer críticas, así como para evitar
acusaciones de colonialismo cultural. Con respeto para el francés,
el alemán y el español (pues otros como el sueco, el finlandés o el
húngaro, no cuentan) los mensajes, artículos, y libros que no
utilicen el inglés tienen pocas posibilidades de circular o de ser
apreciados, (pese a las obras de Isabel Allende o el Diario del Che
en Bolivia) pues hay una conjura del silencio para lo que se aparte
o choque con la ideología anglosajona.
Si bien es importante el
español, uno de los cuatro idiomas hablados en la península europea,
como son el catalán, el vasco y el gallego, junto con el propio
español, no puede competir con los 2000 millones de hablantes del
inglés que se calculan a escala mundial. Se estima que la cifra del
español era en 1950 de unos 85 millones, contados España y las
Filipinas.
El español deriva de otras
lenguas, principalmente del latín vulgar, impuesto por los
legionarios romanos que conquistaron a España, que contribuyó con
varios césares al imperio mediterráneo. Posteriormente, entre los
siglos XII al XVI se hizo sentir la influencia del leonés, del
navarro y del portugués, del cual existían en España obras de unos
600 autores. A ello se añade la influencia del francés en el siglo
XVIII. El castellano adquiere estabilidad desde ese siglo, sin
sufrir mayores cambios desde entonces.
Debe decirse que antes de
la separación de los idiomas romances el español contribuyó a su vez
a la literatura latina a través de Séneca, Lucano, Marcial y
Quintiliano, así como también a los musulmanes y judíos mucho antes
de su expulsión.
El caso es que hoy el
español confronta un destino ambivalente entre la ascendencia de
Cervantes y Shakespeare, acuciado por el poder creciente de los
mercados globales. No es posible olvidar que la Compañía Telefónica
Española es uno de los mayores competidores mundiales en informática
y telecomunicaciones, orientándose cada vez más hacia el sector
latinoamericano.
Calculando los miles de
millones de mensajes diarios que circulan por internet, bien podría
considerarse conveniente organizar para el idioma español un
programa semejante al de Unión Latina, capaz de relanzar este
lenguaje más allá de las academias de la Lengua y enriquecer su
acción con una perspectiva más dinámica y abierta, en la que
concurran países de habla hispana y portuguesa. Esto quiere decir no
ceder terreno en la afirmación de la identidad y el flujo de las
ideas.
(Fuente
Cubarte) |