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¿Una amenaza para el idioma?
Una de las anécdotas
preferidas por filólogos y lingüistas hispanoparlantes tiene que ver
con la palabra corsé (del francés corset), la prenda íntima femenina
que las mujeres se ceñían al cuerpo para lucir más esbeltas.
La Real Academia Española
(RAE) tenía la política de esperar que un neologismo prestado de
otro idioma fuera parte del léxico popular por lo menos 25 años
antes de considerar su inclusión en el Diccionario de la Lengua
Española.
En consecuencia, cuando
finalmente se aceptó la palabra corsé, la prenda ya era obsoleta.
Esta carrera contra el
tiempo de los diccionarios por incorporar las nuevas palabras de un
idioma dinámico hablado y escrito por la gente se ha vuelto crucial
ante la avalancha de neologismos y vocablos generados por el uso de
la internet y, más recientemente, el código escrito del servicio de
mensaje corto (SMS, por sus siglas en inglés) utilizado por la
juventud.
El dilema de qué voces,
signos o contracciones incluir como parte formal del idioma se
acentúa con el debate en torno a si su aceptación empobrece o
enriquece la lengua española.
Los que se oponen a una
rápida incorporación de palabras generadas por el mundo cibernético
se quejan de que el idioma se está llenando de anglicismos,
adoptados fácilmente por un público seducido por la aparente
agilidad y dinámica del inglés en describir nuevas actividades y
conceptos.
«Yo no creo que el inglés
sea una lengua más dinámica», le dijo a BBC Mundo Luis Íñigo
Madrigal, catedrático de Literatura Hispanoamericana en la
Universidad de Ginebra, Suiza.
«A lo mejor lo que es más
dinámico es la investigación en ciencias y nuevas tecnologías que se
hacen en inglés y, por consiguiente, la necesidad de bautizar las
cosas en ese idioma», agrega el académico, quien hizo un estudio al
respecto de los efectos de las palabras de origen anglosajón en las
nuevas tecnologías de la comunicación.
CHAT
POR CHARLAR
El área de las
comunicaciones y nuevas tecnologías está llena de anglicismos,
algunos de los cuales compiten con palabras de etimología y
composición más afines al español y aceptadas por la RAE.
Tal es el caso de chat —y
sus derivados como chatear— que tiene un equivalente en español en
la palabra charla (charlar). Funciona perfectamente, pero chat es la
que se usó primero y es la preferida por la comunidad en internet.
Lo mismo sucede con página
web, para la cual la Academia sugiere la palabra ciberpágina, pero
nadie utiliza ese término y es posible que muy pocos sepan que
existe. Además, la misma palabra web ya fue aceptada por ese
diccionario.
«Es un intento de crear un
vocablo español para denominar algo que ya tiene un nombre en la
lengua del hablante común», señala el profesor Íñigo Madrigal, que
cree que es inútil hacer «construcciones de laboratorio» para
nombres que ya están adoptados.
El catedrático opina
además que muchos de estos neologismos siguen las reglas
tradicionales del español y, por ende, no deberían considerarse
anglicismos.
Un ejemplo es la palabra
googlear: hacer una consulta en el motor de búsqueda Google. Aunque
sea una palabra extraña —como Google es el nombre de algo— «esta
responde a las normas tradicionales de construcciones de verbos en
español a partir de sustantivos».
LA
NUEVA ESCRITURA
Sin embargo, lo que quizás
causa más temor por el futuro del castellano es la proliferación de
relativamente nuevos mensajes de texto o SMS. Este sistema fue
introducido en 1993 y se ha convertido en el modo de comunicación
predilecto por la juventud. Varios cientos de millones de SMS se
envían al día.
Los SMS han producido una
nueva manera de escritura que incluye siglas como KLM (en
mayúsculas) para decir que lo sepas, y que generaliza el uso de
signos como x para decir por y + para decir más.
Los críticos advierten no
solo de la destrucción del idioma sino también de la profundización
de la brecha generacional. Pero Luis Íñigo Madrigal, no cree que
ocurra una fragmentación lingüística del español. «Es una nueva
manera de escribir. Nadie habla el SMS», comentó. «Si alguien
utiliza el signo 'x' para escribir la preposición 'por', de todas
maneras continúa diciendo 'por'. Son convenciones para hacer
inteligibles los mensajes escritos».
El profesor resalta que
hay quienes sostienen que códigos no solo enriquecen el idioma sino
que, además, son muy creativos y llevan al lenguaje escrito a
niveles de expresión hasta ahora solo alcanzados por el idioma oral.
Un ejemplo de la
creatividad es la construcción de palabras con el sufijo dos
(cansados, tímidos) que se sustituye con un 2 (cansa2, tími2). Por
otra parte, los emoticones (símbolos que expresan estados de ánimo)
y la repetición de letras (holaaaaaaaa) agregan nuevos elementos a
la norma escrita.
Aunque reconoce que este
tipo de escritura manifiesta un desconocimiento de la ortografía
normativa del español, Íñigo Madrigal agrega que los usuarios de SMS
distinguen con relativa facilidad y frecuencia las ocasiones y
oportunidades en las que pueden utilizar ese lenguaje. «En un examen
de colegio o de la universidad se cuidan mucho de utilizar ese tipo
de escritura».
Para él, no es un fenómeno
aislado. «No creo que el fenómeno de los SMS tenga una influencia
definitiva en el desarrollo del español. El lenguaje de los SMS
responde a determinadas características de la época y de la edad de
quienes lo practican», dice.
«El problema no está en
los SMS, sino en el desarrollo de nuestra cultura y el desarrollo de
la educación.»
(Fuente
elcastellano.org)
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