|
La maldición de Babel
Más de 900 idiomas se han creado con la pretensión
de convertirse en lengua común. En el aniversario 150 del nacimiento
de Zamenhof, un libro analiza estos lenguajes artificiales y se
publica la primera obra traducida al español del esperanto
Alex
Vicente
El filósofo George Steiner
considera que Babel fue "la catástrofe primaria" que provocó "una
sordera mutua" entre los habitantes de este mundo: una auténtica
maldición que sigue pesando sobre la humanidad. Desde que la
multiplicación de los idiomas consiguió dinamitar la construcción de
la torre, el deseo de inventar una lengua única y común, entendida y
hablada por todos, ha sido permanente.
A lo largo de los siglos,
mentes iluminadas han invertido horas en esa quimera imposible:
inventar un nuevo idioma. La mayoría de estos creadores de códigos,
decididamente ilusos, quisieron contribuir a que el mundo fuera un
lugar un poco mejor gracias a ese extraño invento llamado lengua.
Todos esos lunáticos inventores fracasaron. "Cuando muere un idioma,
fallece con él un enfoque de la vida, de la realidad y de la
conciencia", dejó dicho el mismo Steiner al ganar el Príncipe de
Asturias de 2001.
Una lingüista
estadounidense, Arika Okrent, lleva años investigando sobre los más
de 900 idiomas inventados a lo largo de los últimos nueve siglos.
Okrent acaba de publicar en su país un apasionante ensayo titulado
In the Land of Invented Languages donde analiza estos códigos
desconocidos y determina por qué ninguno de ellos logró imponerse.
"La razón es muy sencilla: nunca hablaremos lenguas perfectas porque
nosotros tampoco lo somos", sintetiza Okrent.
"La evolución humana es
imperfecta y la lengua no es un instrumento ajeno a la propia
evolución. Igual que no podemos respirar bajo el agua o correr a la
velocidad de un guepardo, tampoco podemos hablar una lengua ajena a
nuestras imperfecciones", analiza. En otras palabras, tenemos la
lengua que nos merecemos.
En la universidad, Okrent
descubrió un oscuro rincón poco frecuentado de la biblioteca: una
estantería donde reposaban libros llenos de polvo sobre estos
misteriosos idiomas inventados. Allí encontró el célebre esperanto,
pero también el misterioso loglan, y otras lenguas creadas para
libros y películas. Por ejemplo, las élficas con las que J.R.R.
Tolkien ilustró sus libros; o el klingon, idioma hablado por la raza
de humanoides del mismo nombre en la interminable saga Star Trek.
EL
FINAL DE LA UTOPÍA
Okrent ha invertido diez
años en concluir su investigación: la mayoría de idiomas inventados
se hundieron por sí mismos, al no calar en hablantes dispuestos a
aprenderlos. "La lengua no es una simple herramienta, sino que forma
parte de la conducta humana. Es un instrumento de socialización. No
es una lavadora o un instrumento que se pueda manipular de forma
técnica", cuenta Okrent. "Es como si regaras una planta de plástico.
¿Crees que crecerá por mucha agua que viertas sobre ella?".
La lengua más exitosa de
toda la historia también fue un sonado fracaso. El esperanto, creado
a finales del siglo XIX por el oftalmólogo polaco Ludwik Zamenhof,
estaba pensado para convertirse en el idioma auxiliar internacional.
El contexto histórico resultó favorable a su éxito momentáneo,
gracias a la efervescencia del movimiento obrero y al temor
provocado por el avance del nacionalismo. Incluso la Sociedad de
Naciones se planteó abrazarlo como lengua oficial. Terminó
convertido en un proyecto utópico y, como tal, fallido. Pese a todo,
hoy sigue contando con unos 100 000 hablantes en todo el mundo, una
quinta parte de los cuales lo habrían aprendido como lengua materna.
¿Por qué fracasó el
esperanto, que en su momento parecía destinado a cambiar el mundo?
"Es imposible convencer a una comunidad para que adopte un idioma
que no le apetece hablar. Y todavía menos cuando se utiliza la
propaganda política para convencerles", analiza Okrent, que habla
esperanto con fluidez, así como húngaro supuestamente, una de las
lenguas más difíciles de aprender de todo el mundo, junto al vasco y
el finés y otra media docena de idiomas.
"Hoy lo vemos con el
gaélico, el cual, pese a los esfuerzos del Gobierno irlandés, tiene
pocos hablantes que lo utilicen en la vida diaria. O con otras
lenguas que cuentan con un apoyo institucional similar, como el
maorí o el hawaiano". Okrent prefiere no comentar el estado de salud
de las lenguas cooficiales del Estado español, cuya situación conoce
"de lejos", aunque apuesta por situarlo "en algún punto entre la
estabilidad y la decadencia".
Otra de las conclusiones
de Okrent es que, cuando una lengua muere, no es imposible
resucitarla. El ejemplo más claro es el hebreo moderno, una especie
de Frankenstein lingüístico devuelto a la vida en 1882 por Eliezer
Ben Yehuda, sionista de la Rusia imperial que decidió educar a su
hijo en una lengua muerta que se utilizaba solo en los textos
litúrgicos. "Es el único experimento para resucitar una lengua que
ha funcionado a gran escala", asegura Okrent.
OBSESIÓN 'TREKKIE'
En otra división juegan
las lenguas creadas para libros y películas, que en algunos casos
han logrado trascender los límites de la obra para la que fueron
ideadas y alcanzar una notoriedad sin precedentes. El klingon es la
más conocida de todas ellas. Inventada de forma inconsciente por un
actor secundario de la serie televisiva que dio origen a la
franquicia galáctica, logró un éxito inesperado.
"Lo más curioso es que la
única lengua inventada que ha conseguido tener cierto éxito no tiene
ningún objetivo práctico", opina Okrent, que decidió sacarse el
certificado de hablante mientras investigaba para su libro. Como
recompensa por aprobar el examen, fue galardonada con una de las
insignias plateadas que lucen los tripulantes de la nave Enterprise.
Considera que el klingon
es "prácticamente imposible de aprender". Contiene los elementos
irracionales que caracterizan a las lenguas naturales, pero esta vez
elevados a la máxima potencia. Desde su creación a mediados de los
sesenta, el klingon se ha convertido en la lengua oficial del
poderoso imperio geek, ese submundo marginal y relacionado con la
tecnología que tanto dinero mueve en el sector del ocio. Hoy incluso
se han traducido obras de Shakespeare a este idioma de ficción. A
principios de este año, Google decidió poner en marcha una versión
en klingon y el idioma acaba de ser parodiado en un episodio de Los
Simpson, reconocimiento oficial de su estatus de culto.
J.R.R. Tolkien también fue
un apasionado de estas lenguas inventadas e incluso decidió dejar su
grano de arena para la posteridad. Fascinado por la sonoridad del
galés, el escritor se inventó una lengua llamada sindarin, que daría
origen a todo su imaginario élfico junto al qenya, otra de las
lenguas del mundo de Arda, libremente inspirada en el finés, que
intrigaba a Tolkien por su carácter indescifrable.
En la misma categoría se
encuentran el liliputiense de Jonathan Swift, la neolengua que creó
George Orwell para 1984, el argot callejero que Anthony Burgess
introdujo en La naranja mecánica o el más reciente navi, cuya
creación James Cameron encargó a un lingüista para su película
Avatar. Pero pocos tienen la constancia de un experimento tan
peculiar como el láadan. Fue creado a mediados de los ochenta por la
escritora estadounidense Suzette Haden Elgin, que pretendía inventar
una lengua que fuera fiel al universo femenino de sus personajes.
Igual que los esquimales tienen varias palabras para designar la
nieve, Elgin se inventó diez términos para el embarazo o la
menopausia.
Desde que publicó su
libro, Okrent no ha dejado de recibir cartas de creadores de lenguas
que le piden un hueco en su inventario. Por ejemplo, un anciano
lector canadiense, que durante los cincuenta se inventó una lengua
llamada nordlinn junto con su mejor amigo para poder hablar de
chicas sin que sus progenitores se enteraran del tema. "¿Quién dijo
que las lenguas artificiales eran inútiles?", concluye Okrent.
LA
MADRE DE TODOS LOS DICCIONARIOS
‘Lingua ignota’.
Fue la primera lengua
artificial de la historia de la que ha quedado constancia escrita.
Surgió de la imaginación de una abadesa alemana del siglo XII, que
pretendía transcribir sus alucinaciones místicas pero sentía que el
latín no daba suficientemente de sí. Hacia 1150, se inventó un
alfabeto de 23 signos fonéticos.
Esperanto
La más conocida de las lenguas artificiales y la más exitosa de
todas. La primera gramática fue publicada en 1897 por un oculista
polaco, Ludwik Zamenhof. Preocupado por el auge del nacionalismo en
Europa, creyó que hablar una lengua común conseguiría pacificar el
mundo y lograr entendimiento entre las naciones.
Inglés básico
Un lunático llamado C.K. Ogden ideó una versión reducida del inglés,
pensada para facilitar el aprendizaje de los extranjeros. Limitaba
el uso de su vasto vocabulario a 850 palabras. La idea sedujo al
mismísimo Churchill, que la reivindicó en público. Pero terminó
fracasando al reducir en exceso la expresividad del hablante.
Además, complicaba las cosas todavía más: permitía decir ‘I have a
desire’, pero no ‘I want’.
‘Blissymbolics’
Sistema iconográfico constituido por cientos de imágenes que
representan objetos y conceptos: un cuadrado con un círculo en el
interior significa “secreto”. Su inventor, Charles Bliss, quiso
crear un lenguaje que facilitara la comunicación entre hablantes de
diferentes idiomas. Su idea era divertida, pero terminó reducida a
un juego de descodificación de jeroglíficos en colegios de EE.UU.
que apuestan por métodos pedagógicos experimentales.
Europeo
La contribución española a las lenguas inventadas. El europeo fue
creado por Andrés Bravo del Barrio, que en 1914 publicó una
gramática con el subtítulo: “Lengua internacional facilísima”. Otra
lengua inventada con denominación de origen española es el ‘frendo’,
ideado por el filólogo palentino Alonso Churruca.
‘Klingon’
En la serie televisiva que dio origen a la saga galáctica ‘Star Trek’,
un actor secundario improvisó una lengua de sonoridad alienígena
para dotar a esta raza humanoide de un hecho diferencial. La
fascinación que provocó entre los espectadores obligó a la Paramount
a contratar a un lingüista para que se inventara una gramática. El
resto es historia: convertida en lengua oficial del universo ‘geek’,
Google ha creado una versión en ‘klingon’ y la reivindican hasta en
‘Los Simpson’.
‘Sindarin’ y ‘Quenya’
Lo primero que hizo J.R.R. Tolkien para crear su imaginario épico
fue inventarse estas dos lenguas, habladas por los elfos de sus
novelas. El ‘sindarin’ se inspiraba en la melódica sonoridad del
galés, lengua que enamoraba al escritor. El ‘qenya’ se asemeja a una
adaptación libre del finés, que Tolkien consideraba especialmente
misterioso.
‘Láadan’
Fue creado durante los ochenta por la escritora estadounidense
Suzette Haden Elgin para su novela ‘Native Tongue’. Pretendía que la
lengua abarcara con más exactitud la experiencia femenina. Se
inventó una decena de palabras para describir con más detalle la
menstruación, el embarazo o la menopausia. Por ejemplo, ‘widazhad’
significa “estar fuera de cuentas y tener unas ganas locas de dar a
luz”.
Neolengua
Surgió de la imaginación de George Orwell para su novela 1984. Al
final del libro, el autor añadió un apéndice a modo de gramática y
un glosario de vocabulario básico. No se considera una lengua en sí
misma, ya que resulta una variante del inglés, donde las palabras
con connotaciones negativas han quedado terminantemente prohibidas.
‘Dritok’
Una de las últimas lenguas artificiales. Su peculiaridad es que no
está formada por palabras, sino inspirada por los ruidos de
animales, como ardillas, pájaros y cerdos. Su creador, un
bibliotecario de Cleveland llamado Don Boozer, cree que los hombres
solo se entenderán cuando empiecen a imitar el habla de los demás
mamíferos. Más señas en YouTube.
(Fuente
publico.es)
|