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La guerra de los
idiomas
Enrique González-Manet
Expertos lingüistas afirman que para que un
idioma sobreviva necesita ser hablado por más de 100 000 personas.
Esto plantea un difícil problema, pues de las 6 000 lenguas
existentes, la mitad es hablada por menos de 10 000 individuos y un
cuarto por menos de 1 000. En cambio, unas veinte concentran
millones de hablantes. Muy escasos idiomas han corrido la suerte
del egipcio, vasco, chino, griego, latín, persa, sánscrito y tamil y
algunos otros que han alcanzado los 2 000 años.
Las conquistas coloniales europeas destruyeron
un 15% de los idiomas existentes y, al mismo tiempo, aumentaron la
extensión del idioma dominante en esos países, como en el caso del
inglés, el francés, español y el portugués. En Brasil
desaparecieron 540 idiomas y dialectos en el siglo XVI, lo que se
debió a que los Estados-Nación estaban vinculados a su homogeneidad
lingüística y al establecimiento de una lengua oficial. Debido a
estos procesos, puede decirse que el inglés se habla en casi todo el
mundo por cerca de 2 000 millones de personas. Ello se debe en gran
parte al auge del Imperio Inglés durante los siglos XVIII y XIX, y
por la expansión financiera, comercial, militar y económica de
Estados Unidos en el Siglo XX.
Un problema inevitable y también inocultable,
es que existen grandes posibilidades de que se cumplan los sombríos
pronósticos de que del 50% al 90% de las lenguas habladas
desaparezcan en el presente siglo, en parte debido al avance de las
nuevas tecnologías digitales y al desarrollo de los mercados
globales, así como por las estrategias de expansión de países que
ambicionan apoderarse de los recursos básicos del resto del mundo.
Con la muerte de cada idioma o dialecto se cierra un importante
capítulo de la historia de la humanidad, proceda de una cultura
establecida o los idiomas en las selvas amazónicas, sometidos a una
aniquilación deliberada en Colombia y Perú.
Alrededor de un 96% de las lenguas son habladas
por un 4% de la población mundial, la mitad de ellas en
Asia-Pacífico. Por ejemplo, el chino y sus variantes son hablados
por 1 300 millones de personas y el hindi por 1 200 millones,
mientras que el sánscrito, el persa y el pashtun son utilizados por
500 millones.
Los expertos afirman que el inglés es hablado
por 480 personas, pero para sus cálculos solo toman las referencias
de Estados Unidos e Inglaterra y dejan fuera sus zonas de influencia
histórica. En los últimos tiempos se ha mentido sobre el rol del
inglés en la cultura y los idiomas que circulan por internet, así
como acreditar que lenguas como el chino y el español circulan más
que el idioma anglosajón. El propósito es cínico y dañino,
destinado a crear confusión. Para los que no se dan cuenta de lo
que pasa, se trata de una campaña mundial desideologizante
que pretende introducir en este campo el diversionismo y la
desinformación para debilitar al Tercer Mundo y que los países que
lo integran no se den cuenta de la dominación política que pretende
lograr Estados Unidos a escala mundial.
Esta estrategia se ha tornado muy peligrosa
porque las corporaciones transnacionales, los centros de poder y los
organismos internacionales privados tratan de reducir al máximo la
importancia y peso exorbitante del inglés. Para ello utilizan
también instituciones respetadas como la Unesco, UIT, Sela y Cepal,
con el fin de confundir. Este engaño es tan escandaloso como el que
se utilizó para invadir a Iraq y atacar a Afganistán y a Paquistán.
El tema de los idiomas es algo muy grave por lo que debe ser
conocido a escala internacional, en particular el papel que
desempeñan las instituciones, organismos y grupos de poder de la
ultraderecha.
Las lenguas indígenas y criollas están
amenazadas, especialmente en América Latina, Estados Unidos y
Canadá. Las 200 lenguas amerindias corren el peligro de
desaparecer. Una demostración son las frecuentes masacres y
crímenes que se cometen en Colombia, Perú y Bolivia por causas
políticas, sociales y económicas. En Estados Unidos la
discriminación contra los indios lleva más de 200 años y en Canadá,
donde están más protegidos, subsisten en las reservaciones si no
aparecen intereses vinculados a la explotación de los bosques y los
yacimientos petrolíferos. Por ejemplo, los idiomas autóctonos en el
Canadá los hablan grupos de diez a veinte personas, lo que hace
prever su desaparición a corto plazo.
Aún no se ha medido el impacto de la TV, el
video y la computadora sobre estas poblaciones, frecuentemente
alejadas de las grandes comunidades. Los medios de difusión
constituyen un estándar que comienza en la escuela y que ya ha
pasado a ser un elemento convencional en el hogar, pero que impone
sus propias reglas, sobre todo a partir del uso de internet, el
modem y el celular. Un factor de peso es la integración de todos
estos elementos y los nuevos hábitos que se crean con las nuevas
formas de comunicación. Y no es que el mundo se haya reducido, sino
que una determinada forma de hablar y entenderse ha ganado espacio
universal.
De acuerdo con las últimas investigaciones,
solo 6 de 17 lenguas censadas en el noreste de Asia tienen
posibilidades de mantenerse junto al ruso, 20 están moribundas y 8
próximas a la extinción. Otras 13 están en peligro. En Europa se
hablan 123 lenguas, pero 9 se consideran moribundas, 26 están en
vías de extinción y 38 corren peligro. Pocos se preocupan de estos
indicios alarmantes, porque los problemas del mundo de hoy son
mayores y más complejos y porque situaciones como las que crean las
corporaciones transnacionales en la Amazonia son más peligrosas e
inmediatas, para no hablar de las bases militares impuestas por
Estados Unidos y ubicadas muy cerca de las selvas, donde viven los
indígenas originarios.
(Fuente
Cubarte)
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