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Nunca vs.
‘ciempre’
Irene Izquierdo
Como recibir la pisada de un cuerpo de más de
300 libras en un ómnibus lleno, el desaire del ser querido cuando
más felices estamos, o algo similar al golpe que le propinan al
boxeador que descuida su guardia, es leer un texto con faltas de
ortografía.
Quien no escribe correctamente una retahíla de
palabras deviene transgresor, porque ortografía es la forma correcta
de anotar términos, respetando las normas de la escritura de una
lengua.
En un centro de atención de Salud en esta
capital fui testigo del siguiente diálogo entre una niña de apenas
ocho años y su mamá:
–¿Mami, azul lleva tilde?
–¡¿De dónde sacaste eso, muchacha?!
–De allí. Mira, azul tiene la tilde en la u.
–¡Eso es un disparate! ¡A saber quién lo
escribió!
La pequeña, quien evidentemente no entendía,
quiso llamar la atención acerca del desvarío, pero los padres no se
lo permitieron.
Días atrás un quinceañero asistió al
espectáculo de una importante agrupación de rap del país. Al
concluir el concierto se dirigió a los camerinos para solicitarles
el autógrafo a los cantantes. Todos lo plasmaron en el cuaderno del
muchacho y uno decía así: “Te saludo Ariel con el afecto de
‘ciempre’… (Quede claro que debí luchar fuerte con la computadora
para poder escribir el yerro, porque de manera automática la máquina
cambiaba por S la C de la palabra mal copiada). De más está decir
que Ariel leía aquello sin disimular la expresión de sorpresa.
Discretamente guardó el papel y a la mañana siguiente se lo mostró a
su profesora de Español.
Ella le habló de la importancia de tener
cuidado a la hora de escribir. “Si nos surge alguna duda, dijo,
podemos apelar a un sinónimo; así de rica es nuestra lengua”.
Al parecer, la embriaguez del éxito de esa
noche hizo al cantante olvidar el detalle del bien escribir, y el
autógrafo se convirtió en funesta lisonja. Tal vez, aún él no tenga
conciencia de ello.
Buscando detalles, encontré en la Enciclopedia
Encarta datos o reflexiones en torno a que la ortografía no es un
mero artificio fácil de modificar; un cambio ortográfico representa
una alteración importante para la lengua. Es el elemento que
mantiene con firmeza mayor la unidad de una expresión hablada
originaria de países muy alejados. Esto ocurre con el español, el
árabe, el inglés o el francés, por poner algunos ejemplos.
“Si la ortografía cambiara para ajustarse solo
a criterios fonéticos –subraya Encarta–, el español podría
fragmentarse en tantas lenguas como regiones del mundo donde lo
hablan, pues poseen algunos hábitos articulatorios diferentes y, si
se presentaran en la escritura, aparecerían con el paso del tiempo
graves problemas de incomunicación por falta de un código común
comprensible para todos.”
Los problemas ortográficos responden,
principalmente, a descuidos. Las palabras se incorporan al habla
antes de aprender a escribir. En Cuba no diferenciamos la S de la C,
del mismo modo que no pronunciamos la Z; tampoco establecemos la
disparidad de pronunciación entre la B y la V, aunque hay
especialistas que obvian ese detalle. No obstante, nos comunicamos y
sabemos de qué se trata.
Pero algo muy distinto ocurre a la hora de
escribir. No es lo mismo vaca que baca, ni tiene el mismo empleo ava
que aba y, aunque bandido y vándalo pueden emplearse como sinónimos,
no se escriben igual. La relación pudiera ser infinita. Mas, si los
profesores y la familia no se preocupan por semejantes detalles,
enmendarlos resultará difícil cuando las faltas devengan hábito.
Un aliado muy importante de la ortografía es
el diccionario. No todos los niños y jóvenes lo frecuentan. ¡Y qué
decir de la lectura! Nada hay mejor que un buen libro, artículo,
crónica o comentario bien escritos para aprender. Andar por ese
mundo siempre será provechoso.
Nadie debe afligirse por ignorar el significado
de una palabra; lo penoso es dejar que pase la posibilidad de
enriquecer el caudal de conocimientos. El tiempo invertido en buscar
en las fuentes del saber se convertirá en oro para el intelecto.
(Fuente:
Tribuna de La
Habana)
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