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Jueves, 12 de Julio de 2012


Grandes momentos del fotorreportaje cubano

La primera mujer fotógrafa de Cuba

Jorge Oller Oller

El levantamiento del 10 de octubre de 1868 inició la lucha por nuestra independencia. No pocas mujeres abandonaron la tranquila vida hogareña para la cual habían sido educadas y formaron parte activa de la incipiente rebelión como enfermeras, cocineras, confeccionando uniformes u otras labores útiles en los campamentos de la retaguardia. Hubo también jóvenes que combatieron como un soldado más y alcanzaron grados de oficial por su notable heroísmo.    

Una década después, en 1878, frustrado aquel primer intento independentista, las patriotas retornaron a sus quehaceres domésticos o a sus ocupaciones de costureras, lavado de ropas, planchado y otras tareas menores que honradamente ejercían las mujeres. 

Durante el transcurso de la guerra numerosos tabaqueros habían emigrado y laboraban en las fábricas de Cayo Hueso y Tampa. Para sustituir esa mano de obra faltante, Julián Álvarez, propietario de la acreditada fabrica de tabacos Henry Clay, decidió abrir las puertas de sus talleres a las mujeres y le dio trabajo en el despalillo y torcido de las hojas de tabaco, labor que hasta ese momento sólo realizaban los hombres. Poco tiempo después, al introducir maquinas para modernizar su instalación, contrató también a mujeres para colocar las tiras de papel que bobinaban los cigarrillos. Fueron las primeras cubanas que trabajaron como obreras en las fábricas y aunque les pagaban menos que a los hombres, demostraron que su trabajo era tan bueno como el del más calificado de los tabaqueros. Así, con su labor y seriedad, superando numerosos obstáculos, fueron imponiéndose al prejuicio machista de “la mujer en la casa y el hombre al trabajo”.

Poco a poco las mujeres trabajaron en otros oficios y solicitaron estudiar en la Universidad. En 1879, la Academia San Alejandro permitió a las mujeres estudiar dibujo, pintura y escultura. Sin embargo, la primera joven en matricular, Marta Valdés, necesitó el “visto bueno” del Capitán General de la Isla Ramón Blanco. El 6 de septiembre de 1883, la Universidad Real y Pontificia de La Habana aprobó el ingreso de la primera mujer, Mercedes Riba y Pino, quien después de cursar los tres años de la carrera con notas de sobresaliente recibió el titulo de Licenciada en Filosofía y Letras. También en 1883, Laura Martínez de Carvajal y del Camino matriculó en la Facultad de Medicina y Cirugía y en la Facultad de Ciencias, graduándose de esta ultima carrera en 1888 y de Medicina en 1889. Otras estudiosas siguieron a estas pioneras y obtuvieron títulos en otras carreras.

Sin embargo, un cuarto de siglo antes de que estas mujeres dieran los primeros pasos por los caminos técnicos, artísticos y profesionales, encontramos en la prensa habanera un curioso antecedente. En 1853 se conoce del inicio profesional en la fotografía de Encarnación Arostegui, retratista de la galería de Pedro Arias situado en la calle de O’Reilly número 6, junto a la puerta de Montserrate.  El Diario de la Marina, del 4 de febrero de 1853, en su pagina 4  dice:  

“La ultima especialidad, la sorprendente, la que es enteramente nueva entre nosotros, es la siguiente: desde hoy el bello sexo habanero podrá ir con toda confianza al referido laboratorio con la firme convicción de ver reproducida su imagen por la habilidad de una persona de su sexo que, consagrada por mucho tiempo, ha llegado ha obtener tan buenos resultados como el mejor retratista.  Esperamos que este anuncio sea suficiente publicidad para que las señoras no dejen de aprovechar esta feliz oportunidad que acaso sea por poco tiempo”.  

Encarnación Arostegui (o Irostegui  en algunos impresos)  nació en Bilbao. Era esposa del gallego Pedro Arias, un daguerrotipista viajero que recorría los territorios de Galicia y el País Vasco retratando en las ciudades pequeñas donde no existían aún las galerías fotográficas. Arias, que además era pintor, enseñó estas artes a su mujer y a su hijo Vicente. En 1850 comenzaron a experimentar con el calotipo, procedimiento patentado por William Henry Fox Talbot en 1841 que permitía obtener varias copias positivas sobre papel o cristal a partir de una imagen negativa captada en la cámara oscura. Con este método, que con el tiempo sustituiría al daguerrotipo, y animados por amigos gallegos que habían hecho fortuna en Cuba, la familia Arias decide trasladarse a  La Habana a principios de 1851 y compran la galería al daguerrotipo de Juan B. Fernández situada en O’Reilly nº 60 entre Bernaza y Villegas, la cual había sido inaugurada cuatro años antes. Introducen la  fotografía sobre papel, que según explican en los diarios son “imágenes de un tamaño más considerable y tienen más relieve, los fondos son más iguales y claros y la reflexión casi no impide que se pueda distinguir, sea cual fuere la dirección en que venga la luz, circunstancia que distingue uno de los principales inconvenientes que tienen los daguerrotipos en planchas metálicas”.  

También ofrecían álbumes para fotografías y retratos de  cadáveres a domicilio (al igual que otros países donde había  la costumbre familiar de conservar una imagen del ser querido fallecido, bien vestido y maquillado, sentado en una silla y rodeado de sus seres queridos). Estas novedades acapararon la atención y el favor del público.  

Encarnación, por su parte, además de saber distribuir la iluminación favorablemente,  tenía la habilidad de colocar el rostro y las manos de las damas de una manera atractiva, arreglar los pliegues de los vestidos, desempeños que, en aquellos tiempos, no realizaba el hombre porque podía ruborizar u ofender a la cliente. Su trabajo de fotógrafo era muy celebrado por la burguesía femenina habanera y lo fue más cuando Arias, que era muy hábil manejando la propaganda, la anunció en las páginas del Diario de la Marina y de La Gaceta de La Habana.  Encarnación Arostegui se convirtió en la primera mujer fotógrafo de Cuba y por  extensión, la primera en realizar una ocupación artística y la primera técnica en manufacturar placas y materiales sensibles para fotografiar. 

Pedro Arias falleció en 1855 y su hijo Vicente se hizo cargo de la fotografía. Encarnación continúo retratando hasta 1865. Siguieron sus huellas la joven Isolina Amezaga, famosa en la década de 1880 por sus paisajes fotográficos  matanceros y Clara García retratista de la fotografía de Compostela nº 60 quien, en 1896, fue de las primeras en equipar su salón con lámparas eléctricas. Al finalizar el siglo XIX había 7 mujeres fotógrafas censadas, 6 de ellas eran cubanas.  

Fuentes:

  • Evelio Telleria Toca, periodista especializado en la historia del  movimiento obrero cubano. Conversación en el periódico Granma, 23 febrero de 1986
  • Juan Sánchez: La otra historia de San Alejandro. Ediciones Extramuros, La Habana, 2004, p. 38.
  • Fernando Ortiz: Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. editorial Jesús Montero,  La Habana, 1940
  • Diarios  Gaceta de La Habana y Diario de la Marina años 1847-1855
  • Jorge Oller Oller: ¿Fue la fotografía la primera manifestación artística y técnica de la mujer en Cuba? Periódico Granma, sábado 8 de marzo de 1986, p. 5.

(Cubaperiodistas.cu)

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