Fotos para fabricar
guerras
Jorge Oller Oller
Hoy, el hombre ve horrorizado como se desatan guerras en
cualquier lugar del mundo. Países, pueblos o etnias, que
un día estaban unidos y en paz, se enfrentan y acuden a
las armas para dilucidar situaciones o incidentes que
han sido cuidadosamente fabricados, provocados y
vociferados por medios informativos de imperios voraces.
Con el pretexto de “garantizar la paz”, esas potencias
intervienen en el conflicto y con su poderío vencen,
doblegan y rapiñan riquezas, no importa que el coste de
esa aventura implique también la sangre de sus propios
hijos.
El
uso del periodismo, la fotografía y la propaganda
grafica para confundir a las masas y fabricar guerras
comenzó en los momentos en que los cubanos, después de
casi treinta años de luchas por librarse del
colonialismo español, se alzaron nuevamente contra la
metrópoli. El 24 de febrero de 1895 se inició “La Guerra
de Independencia” organizada y dirigida esta vez por
José Martí, quien murió en combate pocas semanas
después, Máximo Gómez y Antonio Maceo. Dos años más
tarde los mambises, harapientos y sin grandes recursos,
a veces yendo a la carga sólo con el machete,
arrebatando las armas al enemigo, obtuvieron increíbles
victorias sobre un ejército poderoso que día a día era
diezmado. Se vislumbraba el cercano triunfo de la causa
cubana.
Esto no agradaba a los políticos estadounidenses que
pretendían incluir a Cuba dentro de su territorio, al
igual que habían incorporado los dominios de Luisiana,
Florida y Alaska comprándolos a Francia, España y Rusia,
o invadiendo y anexando por la fuerza a más de la mitad
del territorio mexicano o arrebatando tierras de los
indefensos indios americanos. La isla era una fuente
económica importante y militarmente constituía un punto
estratégico en el Caribe. Todos los intentos de
comprarla y los complots e invasiones anexionistas que
apadrinaron, habían fracasado y para colmo, la heroica y
victoriosa lucha independentista de los cubanos era
conocida y admirada mundialmente lo que constituía un
serio obstáculo para sus planes anexionistas.
Necesitaban encontrar un buen pretexto para poder
intervenir en la guerra y despojar a los mambíses de la
victoria.
En
1895, coincidiendo con la Guerra de Independencia,
surgieron en Nueva York y otras ciudades norteamericanas
los llamados periódicos sensacionalistas o “amarillos”
que exageraban, distorsionaban o falsificaban las
noticias y las destacaban con grandes grabados y
titulares para llamar la atención del publico. Tenían
tiradas de un millón de ejemplares y costaban un
centavo. Aunque estos periódicos rivalizaban ferozmente
entre si tratando de aumentar el número de lectores,
tenían un interés común: incluir a Cuba, como una
estrella más, en la bandera norteamericana.
En
aquellos tiempos la prensa evolucionaba rápidamente y se
le dio a la fotografía una gran importancia porque
mostraba un hecho noticioso real y exacto entendible
para todas las culturas, idiomas, incluyendo los
analfabetos. Con el perfeccionamiento del fotograbado
las fotografías se reproducían en los periódicos y
revistas que se imprimían en prensas planas y cantidades
pequeñas. Era un proceso lento y artificioso que aun
estaba vedado para las rotativas de alta velocidad
porque las planchas de impresión de estas maquinas no
eran planas sino curvas y no reproducían los medio tonos
o la escala de grises de las fotos. No obstante, todos
los rotativos tenían un equipo de fotógrafos que
retrataban los sucesos más importantes. Las fotos que
iban a ser publicadas se enviaban al departamento de
dibujantes quienes las calcaban a línea para eliminar
los grises y poderlas reproducir en blanco y negro junto
con el texto e incluso podían añadirle algún detalle
para hacerlas más atractivas o dramáticas. Generalmente,
para darle un toque de autenticidad, a estos grabados se
le añadía al pie: “copiado de una fotografía”.
Al
comenzar la guerra independentista cubana, vinieron
algunos reporteros y fotógrafos a Cuba para noticiarla.
William Randolph Hearst, Zar del periodismo
sensacionalista, dueño y director del New York Journal y
de una cadena de periódicos que abarcaba todo el país,
decidió enviar a Richard Harding Davis, el mejor de sus
reporteros, y a Frederic Remington, pintor, fotógrafo,
escultor, periodista, grabador y el más codiciado
dibujante de la prensa norteamericana, con el propósito
de unirse a las fuerzas de Máximo Gómez durante un mes e
hicieran reportajes, fotografías y dibujos de la lucha
de los cubanos y las atrocidades de los españoles con el
campesinado. El director del Journal les preparó el
Vamoose, uno de los yates más veloces de aquellos
tiempos, con todas las comodidades de una redacción de
lujo, con escritorios, maquinas de escribir, mesa de
dibujo, cámaras fotográficas, un cuarto oscuro para
revelar e imprimir los retratos, una pequeña biblioteca
de referencia y archivos. Los dos periodistas partieron
de Cayo Hueso el 19 de diciembre de 1896 y al día
siguiente eran recibidos en un punto previsto de la
costa de Santa Clara por Charles Michelson, corresponsal
del propio diario, quien desde hacia meses marchaba con
una de las columnas mambisas y era el encargado de
llevarlos a ver al Generalísimo. Pero llegaron en un mal
momento, hacia unos días que el Jefe del Ejército
Libertador había perdido en combate a su hijo y al más
valioso de sus generales, Antonio Maceo, y no pudieron
encontrarlo. Mientras Michelson reanudaba sus esfuerzos
para que pudieran ver a Gómez, los enviados de Hearst se
dirigieron al puerto de Matanzas donde pasaron las
Pascuas, el fin de año y los primeros días de enero en
aquella tranquila y acogedora ciudad. Remington pasó el
tiempo fotografiando y haciendo bocetos de lugares y
personajes de la vida cotidiana que le servirían de base
para ilustrar las informaciones de Harding. El 9 de
enero de 1897, cercano el término convenido de su
estadía en Cuba y sin poder cumplir su misión,
decidieron ir a La Habana, donde Remington le escribió a
su director:
W.
R. Hearst, New York Journal, N.Y.:
Todo está en calma. Aquí no hay problemas. No habrá
guerra. Deseo regresar.
Remington.
El zar del periodismo amarillo convencido de que “un
periódico poderoso tiene que ser capaz de orientar a su
país” y de vanagloriarse de su frase favorita: “mientras
otros hablan, mi Journal actúa”, le respondió:
"Remington,
Habana:
"Quédese ahí. Haga fotografías, yo haré la guerra.
"W. R. Hearst."
A
pesar del tono imperativo de la respuesta y del obsesivo
afán de su jefe de provocar la guerra, Remington regresó
a Nueva York el 15 de enero en un barco de línea
regular, mientras que Richard Harding embarcó en el
Vamoose rumbo a Trinidad para tratar de entrevistar a
Gómez. Hearst no se enfadó con Remington por su retorno
inesperado, mas bien parece que le agradó tenerlo a su
lado, según se deduce por los dibujos de la contienda
cubano-española que inmediatamente comenzó a publicar el
Journal desde el día 17 de enero, encaminados a ver a
España como un enemigo y preparar al pueblo
norteamericano para la guerra.

Remignton hizo muchísimas ilustraciones en ese sentido,
unas copiadas de fotografías otras de su prodigiosa
memoria e imaginación. Entre las más dramáticas se
destacan el fusilamiento del patriota de 20 años Adolfo
Rodríguez, ocurrido en Santa Clara el 19 de enero.
(Aunque el diario informó que Remington y Davis estaban
presentes, el dibujante había llegado a Nueva York, 4
días antes de la ejecución). El día 12 del propio mes
dibujó a una muchacha revolucionaria obligada a marchar
al exilio, Clemencia Arango, cuando era cacheada
desnuda, por varios policías españoles a bordo de un
barco americano. (La ilustración indignó enormemente a
los lectores del Journal pero, más aun, a la propia
Clemencia porque nada de lo dibujado era verdad. No la
desvistieron. Una mujer policía sólo abrió su maleta
para revisarla, al igual que lo hizo con el resto de las
viajeras).
Remington también dibujo una serie en pro de la
liberación de la patriota cubana Evangelina Cisneros
condenada a veinte años de cárcel. Las primeras imágenes
abogaban por su liberación y miles de mujeres
encabezadas por la madre del presidente McKinley,
enviaron cartas solicitando a la Reina Regente de España
la inmediata liberación de la "joven mártir cubana”.
Pero no se logró. Un tiempo después hizo los dibujos de
la sorprendente fuga de Evengelina de la cárcel habanera
donde estaba recluida y que fue lograda gracias a la
habilidad, los sobornos y la osadía de Karl Dreker, un
hombre de confianza de Hearst. Disfrazada de marinero
llegó en barco a Nueva York donde la ciudad le brindó un
calido recibimiento. Después fue recibida por el
presidente McKinley en la Casa Blanca. Pero, toda esta
campaña de informaciones, ilustraciones y titulares
exagerados acusando a España, no influyeron lo
suficiente en la opinión pública, ni en el gobierno
americano, para promover la guerra contra España.
En
las primeras semanas de enero de 1898 surgieron
revueltas en la Habana y el día 12 un grupo de oficiales
españoles asaltó El Reconcentrado, un periódico cubano
que publicó un editorial contra los abusos cometidos por
el capitán general Valeriano Weyler. Estos incidentes
preocuparon al embajador norteamericano Fitzhugh Lee,
quien solicitó a su gobierno el envío de un barco de
guerra para proteger a los norteamericanos residentes en
la isla. El 25 de enero llegó a la rada habanera el
acorazado Maine y aunque no era una visita amistosa, las
autoridades españolas se esforzaron por ser corteses con
los marinos yanquis ofreciéndoles banquetes, bailes y
otras actividades culturales.
A
principios de febrero el yate “Bucanero” entró en el
puerto y fondeó muy cerca del Maine. A bordo iba Hearst
con unos periodistas y un fotógrafo que retrató al
acorazado yanqui y los alrededores de la bahía. Como no
había pedido la autorización correspondiente para
entrar, ni anclar en el puerto y se negó a hacerlo, el
jefe de la policía de La Habana, coronel José Paglieri,
ordenó su expulsión de las aguas territoriales de la
isla. Hearst partió y cuatro días después el Maine
explotó muriendo 266 marinos.
¿Accidente?,
¿una mina española?, ¿una auto agresión yanqui?, o
quizás ¿un complot del propio Hearst? Nadie lo sabía. El
propio capitán del Maine, Charles Dwight Sigsbee no
quería que se hicieran conjeturas hasta tanto no hubiera
un informe de los buzos y la Comisión nombrada diera sus
conclusiones. Pero el director del Journal ya tenía
hecho su plan. Pidió a Remington que con las fotografías
que habían hecho desde el “Bucanero”, dibujara al Maine
en el puerto habanero y le agregara debajo de la quilla
unas minas con unos cables que llegaran hasta la costa.
Al día siguiente salió el diario con el dibujo y el
siguiente titular "La destrucción del buque de Guerra
Maine es obra del enemigo”
Comenzaba una campaña intensiva contra España. El
Journal dedicaba más de ocho páginas diarias a la
tragedia del acorazado y a culpar a los hispanos de su
hundimiento. Envió sus reporteros y fotógrafos a La
Habana y organizó una flota de remolcadores que llevaban
las noticias y fotografías a Nueva York. De esta manera
tenia siempre informaciones graficas y escritas frescas
que eran manipuladas a su antojo y presentadas
espectacularmente con grandes titulares, impresos a
veces con tinta color rojo sangre e incluso tuvo la
ocurrencia de publicar un titulo de solo dos palabras:
WAR, SURE (Guerra segura) que cubrió toda la primera
pagina.
Los demás periódicos sensacionalistas seguían la misma
línea agresiva contra España, arengando al pueblo y al
Gobierno a tomar venganza y expulsar a los españoles de
Cuba. El 11 de abril MacKinley solicitó del Congreso la
autorización para intervenir en la guerra y el 21 de ese
mes ordenó a la marina de guerra el bloqueo a Cuba.
España respondió con la declaración de guerra el 23 de
abril y el congreso norteamericano lo hizo el 25. Hearst
había ganado su batalla.
Más de doscientos periodistas y fotógrafos y también un
puñado de operadores de cine que filmaron por primera
vez una guerra en el mundo, reportaron el desembarco de
las tropas norteamericanas, las batallas que se
realizaron en los alrededores de Santiago de Cuba y el
fin del imperio colonial español en América. William
Randolph Hearst no podía perderse esos momentos tan
históricos que el había propiciado y alquiló el barco “Sylvia”.
Como lo había hecho en el “Vamoose”, lo dotó de una sala
de prensa, un cuarto oscuro para fotografía y cine con
los últimos adelantos técnicos y una pequeña imprenta.
El día 15 de junio salió de Nueva York acompañado de los
periodistas James Creelman, Jack Follansbee George
Pancoast y Anita Wilson y el fotógrafo y camarógrafo
John C. Hemment. Todos fueron testigos, reportaron y
retrataron el desastre de la armada de Cervera y la toma
de San Juan, en la que intervino su amigo y condiscípulo
de Oxford, el coronel Teodoro Roosevelt con su tropa de
“Rough
Riders”. El propio Hearst hizo prisioneros a varios
soldados españoles que se rindieron al caer la
fortificación. Durante los días que estuvo en Oriente se
entrevistó con el General Calixto García a quien
admiraba, y a los jefes yanquis, almirante William
Thomas Sampson y General William F, Shafter. Y el 11 de
julio editó una edición cubana del New York Journal de
400 ejemplares en la pequeña imprenta que trajo en el
barco y que fueron distribuidos entre los soldados y
marineros. El 17 regresó a Nueva York, orgulloso de su
guerra, ¡La guerra de Hearst! como la llamaban sus
amigos. Sin embargo vio con desconsuelo que el fruto de
su obra lo recogió Teddy Roosevelt quien fue recibido en
esa ciudad como el gran héroe de la Guerra Hispano
Americana para llevarlo camino a la presidencia de los
Estados Unidos. Mientras que Hearts, el Dios forjador de
la guerra, solo pudo alcanzar un modesto escaño en la
cámara baja.
Esta primera experiencia de la prensa sensacionalista
norteamericana consiguió con sus mentiras y sus
fotografías que su país se entrometiera en la guerra
patriótica de los cubanos, los apartara de los Acuerdos
de paz con España y se adueñara de la isla. Luego de
leoninos acuerdos, entre ellos la Enmienda Platt, Cuba
pudo ser una Republica, pero mediatizada.
Desde entonces, siempre que convino a los grandes
intereses económicos o políticos norteamericanos, se
manipuló, exageró, falseó u ocultó la imagen fotográfica
de la realidad cubana. En la década de 1950, por
ejemplo, la mafia estadounidense realizó una campaña
difamadora exaltando el vicio, el juego y la
prostitución en la Habana cuando pretendía convertirla
en “Las Vegas del Caribe”, ocultando los crímenes de la
sangrienta dictadura de Batista.
No
siempre las fotografías engañosas que utilizan las
superpotencias para fabricar guerras son eficaces, por
el contrario se transforman en un demoledor boomerang.
Así ocurrió durante la invasión a Playa Girón.
El
15 de abril de 1961, aviones norteamericanos procedentes
de Puerto Cabezas, en Guatemala, pintados con las
insignias de la fuerza aérea cubana bombardearon
sorpresivamente los aeropuertos de La Habana, Santiago
de Cuba y San Antonio de los Baños ocasionando numerosos
muertos y heridos. Los pilotos mercenarios, cumplida su
traicionera misión, aterrizaron en varios aeropuertos de
la Florida y pidieron asilo político. Uno de ellos,
piloteando un bombardero bimotor B-26 de la Segunda
Guerra Mundial, descendió en el aeropuerto internacional
de Miami y declaró que era unos de los aviadores de la
fuerza aérea cubana que habían decidido desertar por
estar en desacuerdo con la Revolución y en la huida
habían destruido los aviones que quedaban en los
aeropuertos. Las agencias de noticias Asociated Press (AP)
y la United Press Internacional (UPI) se hicieron eco de
esa engañosa confesión y la transmitieron, junto con su
fotografía y la del avión, a los periódicos y revistas
de todo el mundo. Algunos de los periodistas más
avezados que pudieron observar el avión de cerca les
llamó la atención que su nariz era metálica y no
plástica como tenían los modelos que adquirió Cuba en
tiempo de Batista, además las ametralladoras no parecían
haber disparado un solo tiro.
Esa misma mañana Raúl Roa, el canciller de la Dignidad,
denunciaba en la ONU el criminal bombardeo y acusaba a
los Estados Unidos y a Guatemala de ser los promotores y
añadió: "Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en
gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y
financiada por el gobierno de Estados Unidos de
Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras
satélites del hemisferio occidental y el concurso de
cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados
en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos
del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia.
El
representante yanqui en la ONU, Adlai Stevenson, se
apresuro a desmentir las acusaciones de Roa y mostró a
la Asamblea las fotografías de la UPI, asegurando al
pleno que los aviones eran cubanos, los pilotos eran
desertores cubanos que habían bombardeado sus propios
aeropuertos y que el gobierno de los EU nada tenia que
ver con eso, ni ningún norteamericano había participado
en la acción. Ratificaba lo declarado por el presidente
John F. Kennedy de que los EU no intervendrían en los
asuntos de Cuba.
En
la madrugada del 17 de abril desembarcó en la Cienaga de
Zapata la Brigada 2506 con mil 500 hombres bien armados,
tanques, artillería de campaña, pertrechos y alimentos
para varios días y un amplio apoyo aéreo. Tenían la
misión de invadir, permanecer y defender un pedazo de la
Cienaga de Zapata durante 72 horas para poder solicitar
entonces el reconocimiento y la ayuda del gobierno
norteamericano.
Mientras Fidel dirigía la batalla militar y política
desde las mismas trincheras de combate, en la ONU Raul
Roa denunciaba la invasión planeada y armada por la CIA
y el Gobierno yanqui y para que no hubiera dudas de ello
anuncio que un avión B-52 procedente del territorio
norteamericano fue abatido cuando bombardeaba y
ametrallaba el Central Australia y las casas de los
alrededores. Sus dos tripulantes eran norteamericanos,
residentes en los Estados Unidos y dio sus nombres, sus
direcciones y el número de la seguridad social. Adlai
Stevenson estaba pálido y discretamente echó al cesto de
la basura las fotografías de la UPI que tan teatralmente
había mostrado a la Asamblea General de las Naciones
Unidas en la sesión anterior. Roa había ganado la
batalla diplomática en la ONU.
Mientras Fidel y su heroico pueblo, a las 66 horas de
haber desembarcado, rindieron la poderosa brigada
invasora. Eran las 5:30 de la tarde del
19 de abril de 1961. Las falsas fotos que mostró
Stevenson al mundo no evitaron la primera derrota
militar de los Estados Unidos en América.
Fuentes:
Bronson Rea, George: Facts and fakes about Cuba. Munro's
Sons, New York. 1897
Wisan, Joseph Cuban Crisis 1895-1898, Columbia
University Press, London, 1934
Procter, Ben: William Randolph Hearst, Oxford
University Press UK 2007
Pino
Machado: Quintín La Batalla de Girón, razones de una
victoria,
Ciencias Sociales Cuba 1983
Playa
Girón: derrota del imperialismo, Ediciones R, 1961(Cubaperiodistas.cu)