Canal RSS

Videos

       
 Portada
Secciones
Columnistas
Periodistas contra el terrorismo
SIP vs. La Verdad
CIAP/FELAP
Denuncia y Solidaridad
Efemérides de Periodismo
Humor Gráfico
Reflexiones de Fidel
LOS CINCO
en Antiterroristas.cu

en "Miami 5"
Gerardo: Caricaturas
Baúl de Recuerdos
Las perlas de Pascual
Fotos para la Historia
¡Qué Curioso!

El periodismo de José Martí

Cirilo Villaverde: Patriota entero y escritor útil

Sección Constante

(Ilustrada y con coletillas)

Este idioma nuestro


Voces y frases usadas en Chile
Información
Solidaridad con Cuba
Prensa cubana en Internet
Prensa Extranjera en Cuba

TV Cubana en vivo

Contáctenos
vpetica@upec.co.cu
Especiales

Fidel Castro: sobre papel de la prensa en Cuba y en el mundo


El periodismo en la Revolución Cubana
(English)

Directorio de Blogs de periodistas cubanos

 
Viernes, 04 de Mayo de 2012


Grandes momentos del fotorreportaje cubano

Fotos para fabricar guerras

Jorge Oller Oller

Hoy, el hombre ve horrorizado como se desatan guerras en cualquier lugar del mundo. Países, pueblos o etnias, que un día estaban unidos y en paz, se enfrentan y acuden a las armas para dilucidar situaciones o incidentes que han sido cuidadosamente fabricados, provocados y vociferados por medios informativos de imperios voraces. Con el pretexto de “garantizar la paz”, esas potencias intervienen en el conflicto y con su poderío vencen, doblegan y rapiñan riquezas, no importa que el coste de esa aventura implique también la sangre de sus propios hijos. 

El uso del periodismo, la fotografía y la propaganda grafica para confundir a las masas y fabricar guerras comenzó en los momentos en que los cubanos, después de casi treinta años de luchas por librarse del colonialismo español, se alzaron nuevamente contra la metrópoli. El 24 de febrero de 1895 se inició “La Guerra de Independencia” organizada y dirigida esta vez por José Martí, quien murió  en combate pocas semanas después, Máximo Gómez y Antonio Maceo. Dos años más tarde los mambises, harapientos y sin grandes recursos, a veces yendo a la carga sólo con el machete, arrebatando las armas al enemigo, obtuvieron increíbles victorias sobre un ejército poderoso que día a día era diezmado. Se vislumbraba el cercano triunfo de la causa cubana.  

Esto no agradaba a los políticos estadounidenses que pretendían incluir a Cuba dentro de su territorio, al igual que habían incorporado los dominios de Luisiana, Florida y Alaska comprándolos a Francia, España y Rusia, o invadiendo y anexando por la fuerza a más de la mitad del territorio mexicano o arrebatando tierras de los indefensos indios americanos. La isla era una fuente económica importante y militarmente constituía un punto estratégico en el Caribe. Todos los intentos de comprarla y los complots e invasiones anexionistas que apadrinaron, habían fracasado y para colmo, la heroica y victoriosa lucha independentista de los cubanos era conocida y admirada mundialmente lo que constituía un serio obstáculo para sus planes anexionistas. Necesitaban encontrar un buen pretexto para poder intervenir en la guerra y despojar a los mambíses de la victoria.

En 1895, coincidiendo con la Guerra de Independencia, surgieron en Nueva York y otras ciudades norteamericanas los llamados periódicos sensacionalistas o “amarillos” que exageraban, distorsionaban o falsificaban las noticias y las destacaban con grandes grabados y titulares para llamar la atención  del publico. Tenían tiradas de un millón de ejemplares y costaban un centavo. Aunque estos periódicos rivalizaban ferozmente entre si tratando de aumentar el número de lectores, tenían un interés común: incluir a Cuba, como una estrella más, en la bandera norteamericana.

En aquellos tiempos la prensa evolucionaba rápidamente y se le dio a la fotografía una gran importancia porque mostraba un hecho noticioso real y exacto entendible para todas las culturas, idiomas, incluyendo los analfabetos. Con el perfeccionamiento del fotograbado las fotografías se reproducían en los periódicos y revistas que se imprimían en prensas planas y cantidades pequeñas. Era un proceso lento y artificioso que aun estaba vedado para las rotativas de alta velocidad porque las planchas de impresión de estas maquinas no eran planas sino curvas y no reproducían los medio tonos o la escala de grises de las fotos. No obstante, todos los rotativos tenían un equipo de fotógrafos que retrataban los sucesos más importantes. Las fotos que iban a ser publicadas se enviaban al departamento de dibujantes quienes las calcaban a línea para eliminar los grises y poderlas reproducir en blanco y negro junto con el texto e incluso podían añadirle algún detalle para hacerlas más atractivas o dramáticas. Generalmente, para darle un toque de autenticidad, a estos grabados se le añadía al pie: “copiado de una fotografía”.

Al comenzar la guerra independentista cubana, vinieron algunos reporteros y fotógrafos a Cuba para noticiarla. William Randolph Hearst, Zar del periodismo sensacionalista, dueño y director del New York Journal y de una cadena de periódicos que abarcaba todo el país, decidió enviar a Richard Harding Davis, el mejor de sus reporteros, y a Frederic Remington, pintor, fotógrafo, escultor, periodista, grabador y el más codiciado dibujante de la prensa norteamericana, con el propósito de unirse a las fuerzas de Máximo Gómez durante un mes e hicieran reportajes, fotografías y dibujos de la lucha de los cubanos y las atrocidades de los españoles con el campesinado. El director del Journal les preparó el Vamoose, uno de los yates más veloces de aquellos tiempos, con todas las comodidades de una redacción de lujo, con escritorios, maquinas de escribir, mesa de dibujo, cámaras fotográficas, un cuarto oscuro para revelar e imprimir los retratos, una pequeña biblioteca de referencia y archivos. Los dos periodistas partieron de Cayo Hueso el 19 de diciembre de 1896 y al día siguiente eran recibidos en un punto previsto de la costa de Santa Clara por Charles Michelson, corresponsal del propio diario, quien desde hacia meses marchaba con una de las columnas mambisas y era el encargado de llevarlos a ver al Generalísimo. Pero llegaron en un mal momento, hacia unos días que el Jefe del Ejército Libertador había perdido en combate a su hijo y al más valioso de sus generales, Antonio Maceo, y no pudieron encontrarlo. Mientras Michelson reanudaba sus esfuerzos para que pudieran ver a Gómez, los enviados de Hearst se dirigieron al puerto de Matanzas donde pasaron las Pascuas, el fin de año y los primeros días de enero en aquella tranquila y acogedora ciudad. Remington pasó el tiempo fotografiando y haciendo bocetos de lugares y personajes de la vida cotidiana que le servirían de base para ilustrar las informaciones de Harding. El 9 de enero de 1897, cercano el término convenido de su estadía en Cuba y sin poder cumplir su misión, decidieron ir a La Habana, donde Remington le escribió a su director:

W. R. Hearst, New York Journal, N.Y.:

Todo está en calma. Aquí no hay problemas. No habrá guerra. Deseo regresar.

Remington.

El zar del periodismo amarillo convencido de que “un periódico poderoso tiene que ser capaz de orientar a su país” y de vanagloriarse de su frase favorita: “mientras otros hablan, mi Journal actúa”, le respondió: 

"Remington, Habana:

"Quédese ahí. Haga fotografías, yo haré la guerra.

"W. R. Hearst."  

A pesar del tono imperativo de la respuesta y del obsesivo afán de su jefe de provocar la guerra, Remington regresó a Nueva York el 15 de enero en un barco de línea regular, mientras que Richard Harding embarcó en el Vamoose rumbo a Trinidad para tratar de entrevistar a Gómez. Hearst no se enfadó con Remington por su retorno inesperado, mas bien parece que le agradó tenerlo a su lado, según se deduce por los dibujos de la contienda cubano-española que inmediatamente comenzó a publicar el Journal desde el día 17 de enero, encaminados a ver a España como un enemigo y preparar al pueblo norteamericano para la guerra.  

Remignton hizo muchísimas ilustraciones en ese sentido, unas copiadas de fotografías otras de su prodigiosa memoria e imaginación. Entre las más dramáticas se destacan el fusilamiento del patriota de 20 años Adolfo Rodríguez, ocurrido en Santa Clara el 19 de enero. (Aunque el diario informó que Remington y Davis estaban presentes, el dibujante había llegado a Nueva York, 4 días antes de la ejecución). El día 12 del propio mes dibujó a una muchacha revolucionaria obligada a marchar al exilio, Clemencia Arango, cuando era cacheada desnuda, por varios policías españoles a bordo de un barco americano. (La ilustración indignó enormemente a los lectores del Journal pero, más aun, a la propia Clemencia porque nada de lo dibujado era verdad. No la desvistieron. Una mujer policía sólo abrió su maleta para revisarla, al igual que lo hizo con el resto de las viajeras).  

Remington también dibujo una serie en pro de la liberación de la patriota cubana Evangelina Cisneros condenada a veinte años de cárcel. Las primeras imágenes abogaban por su liberación y miles de mujeres encabezadas por la madre del presidente McKinley, enviaron cartas solicitando a la Reina Regente de España la inmediata liberación de la "joven mártir cubana”. Pero no se logró. Un tiempo después hizo los dibujos de la sorprendente fuga de Evengelina de la cárcel habanera donde estaba recluida y que fue lograda gracias a la habilidad, los sobornos y la osadía de Karl Dreker, un hombre de confianza de Hearst. Disfrazada de marinero llegó en barco a Nueva York donde la ciudad le brindó un calido recibimiento. Después fue recibida por el presidente McKinley en la Casa Blanca. Pero, toda esta campaña de informaciones, ilustraciones y titulares exagerados acusando a España, no influyeron lo suficiente en la opinión pública, ni en el gobierno americano, para promover la guerra contra España.

En las primeras semanas de enero de 1898 surgieron revueltas en la Habana y el día 12 un grupo de oficiales españoles asaltó El Reconcentrado, un periódico cubano que publicó un editorial contra los abusos cometidos por el capitán general Valeriano Weyler. Estos incidentes preocuparon al embajador norteamericano Fitzhugh Lee, quien solicitó a su gobierno el envío de un barco de guerra para proteger a los norteamericanos residentes en la isla. El 25 de enero llegó a la rada habanera el acorazado Maine y aunque no era una visita amistosa, las autoridades españolas se esforzaron por ser corteses con los marinos yanquis ofreciéndoles banquetes, bailes y otras actividades culturales. 

A principios de febrero el yate “Bucanero” entró en el puerto y fondeó muy cerca del Maine. A bordo iba Hearst con unos periodistas y un fotógrafo que retrató al acorazado yanqui y los alrededores de la bahía. Como no había pedido la autorización correspondiente para entrar, ni anclar en el puerto y se negó a hacerlo, el jefe de la policía de La Habana, coronel José Paglieri, ordenó su expulsión de las aguas territoriales de la isla. Hearst partió y cuatro días después el Maine explotó muriendo 266 marinos.

¿Accidente?, ¿una mina española?, ¿una auto agresión yanqui?, o quizás ¿un complot del propio Hearst? Nadie lo sabía. El propio capitán del Maine, Charles Dwight Sigsbee no quería que se hicieran conjeturas hasta tanto no hubiera un informe de los buzos y la Comisión nombrada diera sus conclusiones. Pero el director del Journal ya tenía hecho su plan. Pidió a Remington que con las fotografías que habían hecho desde el “Bucanero”, dibujara al Maine en el puerto habanero y le agregara debajo de la quilla unas minas con unos cables que llegaran hasta la costa. Al día siguiente salió el diario con el dibujo y el siguiente titular "La destrucción del buque de Guerra Maine es obra del enemigo”

Comenzaba una campaña intensiva contra España. El Journal dedicaba más de ocho páginas diarias a la tragedia del acorazado y a culpar a los hispanos de su hundimiento. Envió sus reporteros y fotógrafos a La Habana y organizó una flota de remolcadores que llevaban las noticias y fotografías a Nueva York. De esta manera tenia siempre informaciones graficas y escritas frescas que eran manipuladas a su antojo y presentadas espectacularmente con grandes titulares, impresos a veces con tinta color rojo sangre e incluso tuvo la ocurrencia de publicar un titulo de solo dos palabras: WAR, SURE (Guerra segura) que cubrió toda la primera pagina.

Los demás periódicos sensacionalistas seguían la misma línea agresiva contra España, arengando al pueblo y al Gobierno a tomar venganza y expulsar a los españoles de Cuba. El 11 de abril MacKinley solicitó del Congreso la autorización para intervenir en la guerra y el 21 de ese mes ordenó a la marina de guerra el bloqueo a Cuba. España respondió con la declaración de guerra el 23 de abril y el congreso norteamericano lo hizo el 25. Hearst había ganado su batalla. 

Más de doscientos periodistas y fotógrafos y también un puñado de operadores de cine que filmaron por primera vez una guerra en el mundo, reportaron el desembarco de las tropas norteamericanas, las batallas que se realizaron en los alrededores de Santiago de Cuba y el fin del imperio colonial español en América. William Randolph Hearst no podía perderse esos momentos tan históricos que el había propiciado y alquiló el barco “Sylvia”. Como lo había hecho en el “Vamoose”, lo dotó de una sala de prensa, un cuarto oscuro para fotografía y cine con los últimos adelantos técnicos y una pequeña imprenta. El día 15 de junio salió de Nueva York acompañado de los periodistas James Creelman, Jack Follansbee  George Pancoast y Anita Wilson y el fotógrafo  y camarógrafo John C. Hemment. Todos fueron testigos, reportaron y retrataron el desastre de la armada de Cervera y la toma de San Juan, en la que intervino su amigo y condiscípulo de Oxford, el coronel Teodoro Roosevelt con su tropa de “Rough Riders”. El propio Hearst hizo prisioneros a varios soldados españoles que se rindieron al caer la fortificación. Durante los días que estuvo en Oriente se entrevistó con el General Calixto García a quien admiraba, y a los jefes yanquis, almirante William Thomas Sampson y General William F, Shafter. Y el 11 de julio editó una edición cubana del New York Journal de 400 ejemplares en la pequeña imprenta que trajo en el barco y que fueron distribuidos entre los soldados y marineros. El 17 regresó a Nueva York, orgulloso de su guerra, ¡La guerra de Hearst! como la llamaban sus amigos. Sin embargo vio con desconsuelo que el fruto de su obra lo recogió Teddy Roosevelt quien fue recibido en esa ciudad como el gran héroe de la Guerra Hispano Americana para llevarlo camino a la presidencia de los Estados Unidos. Mientras que Hearts, el Dios forjador de la guerra, solo pudo alcanzar un modesto escaño en la cámara baja. 

Esta primera experiencia de la prensa sensacionalista norteamericana consiguió con sus mentiras y sus fotografías que su país se entrometiera en la guerra patriótica de los cubanos, los apartara de los Acuerdos de paz con España y se adueñara de la isla. Luego de leoninos acuerdos, entre ellos la Enmienda Platt, Cuba pudo ser una Republica, pero mediatizada.  

Desde entonces, siempre que convino a los grandes intereses económicos o políticos norteamericanos, se manipuló, exageró, falseó u ocultó la imagen fotográfica de la realidad cubana. En la década de 1950, por ejemplo, la mafia estadounidense realizó una campaña difamadora exaltando el vicio, el juego y la prostitución en la Habana cuando pretendía convertirla en “Las Vegas del Caribe”, ocultando los crímenes de la sangrienta dictadura de Batista.

No siempre las fotografías engañosas que utilizan las superpotencias para fabricar guerras son eficaces, por el contrario se transforman en un demoledor boomerang. Así ocurrió durante la invasión a Playa Girón.

El 15 de abril de 1961, aviones norteamericanos procedentes de Puerto Cabezas, en Guatemala, pintados con las insignias de la fuerza aérea cubana bombardearon sorpresivamente los aeropuertos de La Habana, Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños ocasionando numerosos muertos y heridos. Los pilotos mercenarios, cumplida su traicionera misión, aterrizaron en varios aeropuertos de la Florida y pidieron asilo político. Uno de ellos, piloteando un bombardero bimotor B-26 de la Segunda Guerra Mundial, descendió en el aeropuerto internacional de Miami y declaró que era unos de los aviadores de la fuerza aérea cubana que habían decidido desertar por estar en desacuerdo con la Revolución y en la huida habían destruido los aviones que quedaban en los aeropuertos. Las agencias de noticias Asociated Press (AP) y la United Press Internacional (UPI) se hicieron eco de esa engañosa confesión y la transmitieron, junto con su fotografía y la del avión, a los periódicos y revistas de todo el mundo. Algunos de los periodistas más avezados que pudieron observar el avión de cerca les llamó la atención que su nariz era metálica y no plástica como tenían los modelos que adquirió Cuba en tiempo de Batista, además las ametralladoras no parecían haber disparado un solo tiro.

Esa misma mañana Raúl Roa, el canciller de la Dignidad, denunciaba en la ONU el criminal bombardeo y acusaba a los Estados Unidos y a Guatemala de ser los promotores y añadió: "Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y financiada por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras satélites del hemisferio occidental y el concurso de cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia.

El representante yanqui en la ONU, Adlai Stevenson, se apresuro a desmentir las acusaciones de Roa y mostró a la Asamblea las fotografías de la UPI, asegurando al pleno que los aviones eran cubanos, los pilotos eran desertores cubanos que habían bombardeado sus propios aeropuertos y que el gobierno de los EU nada tenia que ver con eso, ni ningún norteamericano había participado en la acción. Ratificaba lo declarado por el presidente John F. Kennedy de que los EU no intervendrían en los asuntos de Cuba.

En la madrugada del 17 de abril desembarcó en la Cienaga de Zapata la Brigada 2506 con mil 500 hombres bien armados, tanques, artillería de campaña, pertrechos y alimentos para varios días y un amplio apoyo aéreo. Tenían la misión de invadir, permanecer y defender un pedazo de la Cienaga de Zapata durante 72 horas para poder solicitar entonces el reconocimiento y la ayuda del gobierno norteamericano.  

Mientras Fidel dirigía la batalla militar y política desde las mismas trincheras de combate, en la ONU Raul Roa denunciaba la invasión planeada y armada por la CIA y el Gobierno yanqui y para que no hubiera dudas de ello anuncio que un avión B-52 procedente del territorio norteamericano fue abatido cuando bombardeaba y ametrallaba el Central Australia y  las casas de los alrededores. Sus dos tripulantes eran norteamericanos, residentes en los Estados Unidos y dio sus nombres, sus direcciones y el número de la seguridad social. Adlai Stevenson estaba pálido y discretamente echó al cesto de la basura las fotografías de la UPI que tan teatralmente había mostrado a la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sesión anterior. Roa había ganado la batalla diplomática en la ONU.

Mientras Fidel y su heroico pueblo, a las 66 horas de haber desembarcado, rindieron la poderosa brigada invasora. Eran las 5:30 de la tarde del 19 de abril de 1961. Las falsas fotos que mostró Stevenson al mundo no evitaron la primera derrota militar de los Estados Unidos en América.

Fuentes:  

Bronson Rea, George: Facts and fakes about Cuba. Munro's Sons, New York. 1897

Wisan, Joseph Cuban Crisis 1895-1898, Columbia University Press, London, 1934 

Procter, Ben: William Randolph Hearst,  Oxford University Press UK  2007

Pino Machado: Quintín La Batalla de Girón, razones de una victoria,
Ciencias Sociales Cuba 1983

Playa Girón: derrota del imperialismo, Ediciones R, 1961

(Cubaperiodistas.cu)

© 2005-2006 Unión de Periodistas de Cuba
Presidente: Tubal Páez Hernández | Edición y Realización: Equipo de Comunicación UPEC
Ave. 23 # 452 esquina a I, Vedado, La Habana Cuba (10400)
Telf. (53 7) 832 4550 | Fax: (53 7) 333079