Fangio
y sus amigos, los secuestradores
Jorge Oller Oller
La noticia
Avanzada la noche del domingo 23 de febrero de 1958, los
teletipos de las agencias de prensa internacionales
radicadas en La Habana comenzaron a teclear la noticia
de que Juan Manuel Fangio, el más famoso de los
deportistas del automovilismo y cinco veces campeón
mundial, había sido secuestrado en pleno corazón de la
capital cubana.
Las
informaciones ampliaban que la acción ocurrió a las 8:55
de la noche en el Hotel Lincoln donde se hospedaba.
Fangio había llegado dos días antes a la capital cubana
para participar en la carrera internacional de
automóviles deportivos “Segundo Gran Premio de Cuba” que
se celebraría el día 24 de febrero en el malecón
habanero.
La emisora Radio
Reloj transmitió poco después una brevísima
declaración que había recibido telefónicamente: “Habla
el 26 de julio... Fangio está en nuestro poder, no
competirá mañana.”
Los antecedentes
Cuando el 10 de marzo
de 1952 Fulgencio Batista dio el golpe militar rompiendo
el ritmo constitucional cubano trató de convencer al
mundo que su objetivo había sido salvaguardar el orden y
mantener la tranquilidad en la isla. Manejó hábilmente
la propaganda y la prensa, pero al pasar los meses no
le fue posible ocultar los crímenes y atropellos que
cometía y amordazó a los medios informativos cuantas
veces quiso, decretando la censura de prensa y
amedrentando a los periodistas. Así ocurrió durante los
sucesos del cuartel Moncada y el posterior asesinato de
los prisioneros. O cuando los policías reprimían
brutalmente, a palos y balas, a los estudiantes que
salían en manifestación de la universidad protestando
por los abusos del régimen y con ellos, no pocas veces,
a los fotógrafos y camarógrafos que testimoniaban esas
barbaridades.
En estos periodos de
censura y de silencio, algunos periodistas, desdeñando
los peligros que entrañaba si eran descubiertos,
enviaban noticias y reportajes de la realidad cubana a
los medios extranjeros. Uno de los más dramáticos
fotorreportajes que conoció el mundo fue el publicado en
la revista Life bajo el titulo de “Diez cadáveres más un
prisionero igual a once cadáveres” donde en una de las
fotos aparece un soldado asesinando a un prisionero
durante la masacre ocurrida en el Cuartel Goicuria de
Matanzas
La
dictadura se esforzó por ocultar estas realidades y
gastaba grandes sumas de dinero en publicidad en los
principales diarios y revistas norteamericanos y
europeos, mostrando una isla de hermosas playas, lujosos
hoteles y construcciones, elegantes casinos y fabulosos
espectáculos cabareteros, rodeados de un ambiente
maquillado de paz y bienestar.
A
finales de 1956, luego del estallido revolucionario de
Santiago de Cuba y el desembarco de Fidel Castro y sus
hombres al sur
de Oriente, el
corresponsal de la United Press
International (UPI) en Cuba,
Francis Mc Carthy,
aseveró que Fidel y su estado mayor
habían muerto en un encuentro con las tropas de la
tiranía. Lo confirmaban los voceros del régimen.
Después de unas semanas de inactividad en aquella
provincia, el ejército dio por terminadas las
operaciones militares. Parecía que los dolores de
cabeza de Batista habían terminado.
Y de nuevo se desarrollaron campañas propagandísticas
que giraban alrededor de un lema inventado por Batista:
“Paz, trabajo y progreso” La Dirección General de
Deportes y el Instituto de Turismo cubanos, animados por
la creciente popularidad internacional por las carreras
de automóviles, convocó con gran espaviento al “Gran
Premio Cuba”, una carrera internacional que se
efectuaría el 25 de febrero de 1957 en el malecón
habanero. El atractivo certamen donde participaron los
mejores corredores del mundo el Gran Premio lo gano el
famoso corredor argentino Juan Manuel Fangio, varias
veces campeón mundial. Detrás de él llegaron a la meta
los también famosos Carol Shelby de los Estados Unidos,
Alfonso de Portago de España, Meter Collins de Gran
Bretaña, Oliver Gendebien de Bélgica, Alfonso Gómez Mena
de Cuba y el resto de los corredores. La competencia
resultó un éxito deportivo.
Pero el dictador no podía estar más rabioso y no era
para menos. Coincidiendo con la carrera, el New York
Times publicó en primera plana una entrevista
realizada en la Sierra Maestra por el famoso periodista
Herber Matthews nada menos que a Fidel Castro, quien
estaba bien vivo, luchando en las montañas de Oriente.
Una fotografía, que mostraba a Fidel en uniforme de
campaña portando un rifle con mirilla telescópica y su
firma, daba fe de ello.
Aquella noticia era el principio de una serie de
acontecimientos nefastos para Batista. Días después, el
13 de marzo, un grupo del Directorio estudiantil ocupó
Radio Reloj y su Jefe, José Antonio Echeverría, leyó una
alocución al Pueblo de Cuba anunciando el fin del
déspota, mientras, simultáneamente, un comando atacaba
el Palacio Presidencial donde la muerte estuvo a unos
metros del dictador. Desgraciadamente la acción costó la
valiosa vida de José Antonio y a un grupo de sus
valientes compañeros. En la Sierra Maestra, según
pasaban los meses, Fidel y sus barbudos iban sumando
victorias y territorios liberados. De uno de esos
lugares se iniciaban las transmisiones de la libertad de
la emisora Radio Rebelde con noticias y
orientaciones que esperaba con ansiedad el pueblo.
Mientras, en el
llano,
los
jóvenes revolucionarios
en complicidad con población continuaban
la
lucha en las ciudades, golpeando al enemigo donde menos
lo imaginaba.
Aun,
conociendo esta realidad, el dictador se creía fuerte y
seguro al abrigo
de los Estados Unidos,
adulado por politiqueros y favorecidos y apoyado por un
ejército bien armado que lo mantenía y protegía. Siempre
preocupado por su imagen en el exterior, Batista
continuaba realizando campañas para atraer vacacionistas
y negocios. Animado por el magnifico resultado de la
carrera de autos celebrada el año anterior en la que
participaron los más grandes ases internacionales del
volante y atrajo a miles de fanáticos y turistas,
decidió convocar al Segundo Gran Premio Cuba
para el día 24 de
febrero de 1958.
Como en el año
anterior, la carrera se efectuaría, en el Malecón
habanero, desde la avenida de los Presidentes hasta el
Parque de Maceo que tenía un una distancia redonda de 5
591 metros. Para completar el recorrido pactado a 500
kilómetros había que darle 90 vueltas a la pista. El
Segundo Gran Premio Cuba a 32 corredores de 12 países,
todos famosos y entre ellos la figura principal y
esperada: el cinco veces campeón mundial y ganador del
primer Gran Prix de Cuba Juan Manuel Fangio.
La
idea del secuestro y los preparativos.
Al
anunciarse la primera carrera del Gran Premio Cuba,
Faustino Pérez, Jefe del Movimiento 26 de Julio en La
Habana, y su grupo de acción consideraron que el
secuestro de Fangio era buen pretexto para llamar la
atención mundial por la heroica lucha que el pueblo
cubano estaba librando contra la cruel dictadura de
Batista, pero comprendieron que no tenían aún las
condiciones necesarias para garantizar el éxito. El
anuncio del Segundo Gran Premio Cuba les ofrecía la
oportunidad de retomar la vieja idea del secuestro,
sobretodo ahora que tenían más experiencia, organización
y medios. Sin embargo tenían que actuar rápidamente
porque Fangio solo estaría tres días en La Habana..
Varios periodistas, entre ellos Carlos Lechuga, Elio
Constantin, Lisandro Otero,
Juan Ramón González
Regueral
y otros, colaboraron en la
obtención de datos, costumbres, lugares y horas de
visita programados, así como la preparación de notas
para la prensa una vez secuestrado y reportajes después
de liberado. Mientras que Faustino y el grupo principal
organizaban el chequeo, la operación, el traslado, el
alojamiento y la posterior entrega del campeón una vez
terminada la carrera.
Fangio llegó el viernes 21 de febrero por la mañana al
aeropuerto de Rancho Boyeros y desde entonces el grupo
del 26 de Julio estaba listo para la acción. Solo se
necesitaba un momento propicio y lo intentaron varias
veces. No se pudo realizar en el programa de televisión
al que fue invitado el Campeón, ni en la recepción
oficial que dio el Gobierno a los corredores en el
Salón Tangana del Hotel Nacional donde casualmente, un
incidente entre un fotógrafo que no tenía credencial y
un policía de la secreta, delató la enorme cantidad de
guardaespaldas que rodeaba a Fangio y a los corredores.
Tampoco
se pudo realizar el secuestro durante la madrugada, en
el recorrido que hizo a pie por el Malecón,
inspeccionando metro a metro las irregularidades de la
pista por donde correría su auto durante la carrera,
porque siempre estuvo rodeado de una veintena de
policías y varios carros patrulleros. Ni en ninguno de
los otros sitios que visitó, constantemente estaba
dentro de un círculo de amigos, admiradores y los
inseparables guardaespaldas que no le perdían pie ni
pisada. La única posibilidad que quedaba era en el hotel
donde se alojaba.
La
tarde del día 23, Fangio corrió las pruebas de
clasificación con el Maserati 450S marcado con el numero
2 y obtuvo la posición número uno en la largada de las
carreras que se efectuarían al día siguiente. Después de
la clasificación regresó al hotel donde
el
fotógrafo deportivo del Diario de la Marina
Bernard Iglesias, le hizo unas fotos, la ultima de ellas
cuando se afeitaba. Así terminaba sus compromisos de
aquel día.
El secuestro
A
las 8:40 de la noche bajo a comer con sus amigos, pero
antes fue al bar para conversar con su mecánico,
Guerino
Bertrocchi,
sobre algunas fallas que había advertido durante la
carrera de clasificación. Estaban también
Alessadro D'Tomaso, su apoderado el italiano
Marcelo Giambertone, el cubano Carlos González, varios
amigos más, corresponsales extranjeros y los de la
policía secreta encargados de la protección de los
corredores. Sorpresivamente, un joven se acercó a Fangio
con una pistola.
Lo
que ocurrió después, lo narró el propio Fangio al diario
La Prensa de Buenos
Aires: “Me encontraba conversando cuando de
pronto llegó una persona que encañonándonos a todos con
una pistola automática, dijo con voz firme y decidida:
-“No se muevan”. Luego, dirigiéndose a mi, dijo: “Fangio
tiene usted que acompañarme”. Mi primera reacción y la
de todos los que allí estábamos reunidos, fue creer que
se trataba de una broma, pero cuando vi su decisión y
arrojo, comprendí que era algo serio y entonces le
pregunté: ¿A dónde me lleva? Me contesto al punto:
“Este es el Movimiento Revolucionario 26 de Julio y
tiene que acompañarme. Puede usted estar seguro que no
le pasara nada”. Al moverse D'Tomaso intentando una
reacción, el asaltante respondió inmediatamente
encañonándolo a él también, diciendo: “No se mueva
nadie porque disparo”. Y dirigiéndose a mi me dijo:
“Por favor Fangio, no me obligue a disparar y camine
conmigo”.
Y
continuó relatando Fangio: “Caminamos hacia el
exterior del hotel y al doblar a la calle me esperaba un
automóvil que abordamos inmediatamente. Después pude
comprobar que eran tres los automóviles que participaron
en la operación. El auto que me llevaba, se movía a poca
velocidad por las calles habaneras para no llamar la
atención. La persona que viajaba conmigo, desde que
monté en el automóvil, me pedía disculpas por el hecho
que estaba ocurriendo, agregando que la única intención
con ese secuestro, era boicotear el segundo Gran Premio
de Cuba. Fui llevado previamente a una casa de familia y
más tarde me mudaron a otras dos residencias. Una señora
de la casa me preparó algo de comer. En todo momento
disfrute de todas las comodidades que puede ofrecer un
hotel. También pude ver y escuchar la televisión y la
radio. En este ultimo tuve la oportunidad de oír las
palabras del embajador Lynch en las que decía que estaba
seguro de que los secuestradores respetarían mi persona,
en nombre del deporte mundial”
Ampliando la explicación anterior, el joven, que pistola
en mano se encaró al grupo de personas reunidas en el
vestíbulo del hotel Lincoln y salió con Fangio a la
calle era Manuel Uziel. A su lado estaban Oscar Lucero,
jefe del operativo, con su esposa Blanca Nuvio. La
operación fue tan rápida, sorpresiva y precisa que
nadie, ni siquiera los guardaespaldas, pudieron
reaccionar.
Oscar
Lucero y su esposa subieron a su auto que estaba
parqueado en la calle Virtudes casi frente a la puerta,
mientras que Fangio y Uziel, seguido de Reinaldo
Rodríguez, caminaron hasta la esquina de San Nicolás,
donde les esperaba un auto Plymouth verde que era
manejado por Primitivo Aguilera “El Pibe”. Lucero,
cuando se cercioró que todos estaban dentro del auto,
inicio la marcha seguido por el Plymouth donde iba
Fangio y detrás, cerrando la caravana, un Buik gris
guiado por Carlos García Villarreal acompañado por el
resto de los que participaron en aquella hazaña: Angel
Payá, Manolo Núñez y Angel Luis Guiú.
Primero llevaron a Fangio a la casa de Uziel donde
algunos, según estaba previsto, cambiaron de auto. Luego
lo trasladaron a la calle 22 nº 1060, lugar que debía
albergar a Fangio y donde se encontraba Arnold
Rodríguez, jefe de propaganda del Movimiento, esperando
la confirmación del secuestro para telefonear a Radio
Reloj el escueto mensaje del 26 de Julio. También llamó
al Embajador argentino informándole del secuestro y
pidiéndole que tranquilizara a la familia del corredor.
Faustino Pérez vino para ofrecerle disculpas al campeón
y le explicó las razones que motivaron el secuestro.
Como en el apartamento había un revolucionario herido,
Faustino determinó que Oscar Lucero y Uziel, junto con
Ángel Fernández Vila y Arnold Rodríguez, del frente de
propaganda, lo llevaran a la casa de Silvia Morán y sus
hijas Agnes y Aymeé, situada en Norte nº 42 en el Nuevo
Vedado.
Pasada la tensión de los primeros momentos del
secuestro, del traslado por las dos casas y de las
conversaciones iniciales, prudentes y políticas, la
nueva residencia y el trato hogareño de las amables
anfitrionas motivaron que el diálogo fuera variando el
tono de tirante a amigable y al final familiar.
En
la casa del Nuevo Vedado conversó con Faustino, Oscar,
Uziel, Arnold, Fernández Vila, Silvia y sus hijas y
otros compañeros que cuidaban de la seguridad del lugar,
Fangio se percató de la realidad cubana y de los justos
ideales de aquellos jóvenes que todo lo arriesgaban por
liberar a Cuba de la tiranía que vivía.
La
repercusión
Fangio se acostó tarde. Una de las hijas de Silvia le
tomó una foto mientras dormía tranquilamente. El día de
las carreras empezó muy movido. La radio, los diarios,
los comentarios de la calle no trataban de otra cosa más
que del secuestro. Llegaban enviados especiales de
medios de prensa que no le habían dado importancia a la
Copa Cuba pero si, y mucha, al revuelo que ocasionaron
los rebeldes con el secuestro de Fangio. La policía no
tenía ni pista, ni idea de donde estaba el campeón.
Batista, a toda costa, se empeño en celebrar la carrera.
La carrera de autos.
Todo comenzó como
estaba programado, pero con más soldados y policías que
espectadores, y si las tribulaciones de Batista habían
sido pocas con el secuestro de Fangio, la carrera
sorprendía con un dramático final. En la sexta vuelta
el
cubano
Alberto García Cifuentes
corría por la
calle Calzada y al aproximarse a la calle O perdió el
control de su auto proyectándome contra
la
multitud que
presenciaba el evento. El accidente dejó un saldo de 6
muertos y más de 30 heridos, entre ellos el propio
Cifuentes. La carrera fue detenida de inmediato y se
proclamó campeón al ingles Stirling Moss que en aquellos
momentos iba delante de todos los carros.
Fangio lamentó
muchísimo el desgraciado suceso y comentó a sus
secuestradores: Quizá ustedes me salvaron la vida. Ayer,
en las pruebas eliminatorías, note que el Maserati,
propiedad de un magnate norteamericano, tenía problemas.
Mis mecánicos lo examinaron y notaron una diferencia de
más de cinco centímetros en la trocha, entre las ruedas
de un lado respecto de las otras. Eso producía un salto
peligroso cuando el auto corría a velocidad y encontraba
en la pista un pequeño desnivel. Este desajuste era
producido porque el auto no lo habían reparado bien
luego que otro corredor lo había volcado.
El retorno de Fangio
Si peligroso fue el
secuestro, más peligroso resultaba ahora devolver a
Fangio, pues la policía de conocer el lugar podía
provocar un tiroteo y matarlo para culpar de ello al 26
de julio. Se imponía entregarlo a la embajada argentina,
petición que había hecho el propio deportista. El
periodista Carlos Lechuga y las hermanas Martha y Ada
Kouri hablaron con el diplomático argentino Ricardo
Cueto, quien vivía en la misma cuadra de Martha, y se
coordinó la entrega de Fangio al terminar la noche del
propio día 24 en el piso 11 del edificio situado en la
calle 12 nº 20 entre 1ra y 3ra en el Vedado, domicilio
del agregado militar Mario Zabulle, que en esos momentos
se encontraba de viaje.
Poco antes de las doce
de la noche del 24 de febrero de 1958, salía de la casa
del Nuevo Vedado un automóvil Nash Rambler guiado por
Rabel Piniella, a su lado estaba Emma Montenegro y
detrás, entre Arnold Rodríguez y Berta Fernández Cuervo,
iba Juan Manuel Fangio. Aunque durante el recorrido
hasta el apartamento de entrega no faltó la zozobra, el
viaje fue tranquilo.
Subieron al piso
indicado y tres circunspectos diplomáticos los
esperaban. Todos miraron al aquel hombre que había
vivido una aventura tan excepcional, y esperaron a que
abriera la conversación. Fangio se tomó unos segundos
buscando un calificativo adecuado para presentar a sus
acompañantes. Pensaba si lo que había vivido era en
realidad un secuestro, pues en ningún momento fue
maniatado, ni vendado, vio el rostro de los
participantes, el camino que recorrieron, las casas
donde lo alojaron. Tuvieron confianza en él y fue
tratado como un huésped ilustre y querido. Le explicaron
las razones que tuvieron para retenerlo y comprendió que
se trataba de un pretexto para llamar la atención de una
causa justa y noble con la cual se solidarizo
plenamente.
El tiempo apremiaba,
los que le rodeaban se miraban extrañados y no
encontrando un término que encajara con lo que quería
expresar, rompió el silencio alegremente con esta
sentida, sencilla y genial frase: “- Señores, estos son
mis amables secuestradores, mis amigos secuestradores”.
Fuentes
-
Arnold Rodríguez:
Operación Fangio, Editorial Ciencias
Sociales, La Habana.
-
Emma Montenegro “Como fue secuestrado Fangio”,
Revista Bohemia, enero 18-25, pp. 76-78 y
104-106
-
Conversación con Elio E. Constantín, mayo 23 de
1973
-
Diarios de la época
(Cubaperiodistas.cu)