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El periodismo en la Revolución Cubana
(English)

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Miércoles, 12 de Mayo de 2010

Grandes momentos del fotorreportaje cubano

 

Goicuría: máquina sumadora de asesinatos

Jorge Oller Oller

En 1956, un grupo de jóvenes revolucionarios liderados por Reynold García, defraudados por las falsas  promesas de ayuda y apoyo de los cabecillas de la OA (Organización Auténtica) perteneciente a uno de los partidos políticos tradicionales,  se dispusieron a obrar por su cuenta para combatir al Gobierno dictatorial de


Cuando llegaron los primeros periodistas se encontraron con los cadáveres de diez de los  asaltantes colocados al lado de uno de los camiones que utilizaron para la acción. Foto González-Regueral.
Fulgencio Batista. Inspirados en la gesta del Moncada, realizada tres años atrás por Fidel Castro y sus compañeros, con mucho valor y escasos recursos decidieron atacar al cuartel Domingo Goicuría de la ciudad de Matanzas. 

En la mañana del  29 de abril de 1956, Reynold y sus hombres se reunieron en la mina de pirita cobriza llamada Margot situada a ocho kilómetros de Matanzas, para asaltar la plaza militar más importante del  territorio matancero. Al mediodía, después de distribuir las armas y repasar los pormenores del asalto, la vanguardia de los combatientes con su líder a la cabeza se ocultó debajo de unas lonas en las camas de dos camiones, el resto se acomodó en varios autos y partieron hacia la fortaleza. Pensaban que los camiones entrarían sin tropiezos  porque habitualmente se abastecían de gasolina en el garaje del cuartel y sorprenderían a la guarnición. Los complotados que iban en los autos rodearían el cuartel para hostigarlo e impedir la retirada de sus ocupantes. 


Llegada del prisionero Julio Rodríguez. Foto Glez-Regueral.
Desde hacía días la tropa del Goicuría estaba acuartelada y en alerta. Temían que algo pasaría. Por eso uno de los soldados que observaba los camiones notó unos movimientos extraños en las lonas de uno de los vehículos y dio la alarma. Las ametralladoras del cuartel abrieron fuego y el primero en caer fue Reynold García. Los inexpertos asaltantes recibieron el fuego desde todos los flancos y no tuvieron otro camino que salir de aquel infierno y dispersarse por la ciudad, perseguidos por los soldados. No hubo ninguna baja entre los militares, pero los revolucionarios dejaron diez muertos
en la explanada que fueron amontonados al lado de uno de los camiones. 

La noticia del asalto se supo rápidamente en La Habana y la prensa se movilizó. Alrededor de las cuatro de la tarde llegó al cuartel Goicuría la camioneta del Noticiero Nacional de Cine con los primeros periodistas. Eran Manolo Alonso, director de aquel periódico de la pantalla; José Ramón González-Regueral, redactor que traía una pequeña camarita Retina de 35 mm. y el camarógrafo Marcelo Moiño Jr.  Los recibió el jefe del cuartel, el coronel Pilar García, con la cabeza protegida por un casco de acero y empuñando una ametralladora, lo acompañaba su hijo Irenaldo García Báez y varios de sus secuaces. El coronel los autorizó a tomar las fotos y películas que quisieran y él mismo posó delante de los cuerpos de los caídos. La tropa también quiso disputarse esa despiadada gloria y medio borrachos se retrataron con los muertos.    

Poco después  llegó el camarógrafo matancero Guillermo Miró, corresponsal del Canal 4 de TV y de varios periódicos de La Habana y Matanzas. El estaba cerca del parque Libertad cuando escuchó el tiroteo que provenía del barrio de Versalles y se dirigió hacia allí en su automóvil. No pudo cruzar el puente de La Concordia porque los soldados estaban parapetados al otro lado defendiendo esa entrada que conducía al cuartel y disparaban a todo el que lo intentaba. Horas más tarde, cuando los soldados pasaron el puente, permitieron a Miró aproximarse al
Momento del asesinato de Julio por el tiro de un soldsado Foto Glez-Regueral.
Goicuría por su cuenta y riesgo. Llegó hasta la primera posta y se identificó. Estando en esos trajines, llegaron también los colegas de Alerta y Prensa Libre. Todos fueron atendidos por el  jefe de prensa capitán González Acevedo quien los llevó adonde estaba Pilar García y los periodistas del Noticiero Nacional.  El jefe del cuartel iba y venía hablando de la bravura de sus soldados y mostrando los 10 cadáveres esparcidos al lado de uno de los camiones. Los periodistas anotaban y los reporteros gráficos fotografiaban y filmaban calladamente.  

De repente un Cadillac verde entró en la explanada trayendo a un  prisionero. Era Julio Rodríguez, capturado y herido en Ceiba Mocha. Lo sacaron del auto  en el medio de aquella turba de soldados que lo intimidaba e insultaba. Las voces de los periodistas y algunos uniformados llamaron a la calma y al respeto para aquel  indefenso preso. Fue inútil, aquellas palabras sensatas eran ahogadas por el griterío irracional de la mayoría de ellos que estaban ebrios de ron y de venganza.

González-Regueral que se había separado del grupo de periodistas para  meterse dentro de aquella vorágine, tiraba fotos con su pequeña cámara. Nadie lo notaba porque las miradas estaban centradas sobre el indefenso hombre que lo llevaban casi arrastrando por las escaleras del edificio. Tampoco repararon cuando retrató a un soldado asesino  que apuntaba y disparaba al preso con su Springfield  hiriéndolo gravemente. Tiró otra foto más cuando el herido estaba en el suelo, aun con vida. El ruido del motor de la cámara cinematográfica de Moiño, le hizo volver la cabeza para ver como un sargento buscaba el pecho del camarógrafo con la punta del cañón de su ametralladora  para advertirle que de seguir tomando películas pudiera hacerle compañía a los muertos. Regueral comprendió que debía actuar rápido para proteger el valor testimonial de las fotos que había captado y con mucha cautela sacó el rollo de la cámara y lo escondió en una de sus medias, colocando un nuevo rollo a la cámara. Siguió retratando con la mayor naturalidad. En esa época las cámaras fotográficas de los reporteros gráficos eran muy grandes pero la de él pasaba inadvertida porque era de aficionado y tenía casi el  tamaño de una cajetilla de cigarros.  


Julio cuando agonizaba. Foto González-Regueral.
Fotografió de nuevo a los muertos y hasta se aventuró a retratar a García Báez rematando al moribundo con una bayoneta. Pero uno de los secuaces de cruel asesino lo vio y le arrebató la cámara. A golpes y empujones lo llevó hasta su jefe quien quería eliminarlo. Manolo Alonso que estaba hablando con  el teniente coronel Triana de la policía de Matanzas,  comprendió que algo malo le sucedía al periodista y corrió a ayudarlo. Trató de convencer a Irenaldo de que dejara tranquilo al reportero pero se negó. Hubo discusiones, amenazas,  
intimidaciones porque, si bien el militar tenía la fuerza,  el director del Noticiero Nacional gozaba de excelentes relaciones en las esferas de gobierno. Fue Triana, el oficial de la policía matancero, quien zanjó aquella peligrosa situación pidiéndolo a González-Regueral el rollo fotográfico. Este abrió la cámara,  veló el rollo nuevo que había colocado en la cámara y que supuestamente tenía las fotos comprometedoras  y lo entregó. Los militares quedaron conformes.

Camino a la capital, González-Regueral sorprendió extraordinariamente a Alonso y a Moiño cuando les contó que había burlado a los asesinos escondiendo el rollo de película en la media. Ninguno de ellos durmió aquella noche porque estuvieron revelando,  imprimiendo las fotografías  en los laboratorios del noticiero en el Paseo del Prado y sobre todo pensando en el mejor medio para divulgar aquel horrendo crimen.  

Mientras, en Matanzas, los cadáveres permanecían en la explanada y eran retratados por fotógrafos y camarógrafos de otros medios. Guillermo Miró, que había ido a enviar los rollos para el Canal 4, regresó por la noche para acompañar a un reportero de El Imparcial que pensaba entrevistar a alguno de los participantes de aquel hecho.  Cuando entró al cuartel se fijó que en lugar de los diez cadáveres que había retratado por la tarde, ahora,  a las diez de la noche, había once. Era el cuerpo de Julio Rodríguez, el joven asesinado en la escalera del cuartel. Miró fotografió de nuevo la escena con los
Por la noche ya no eran diez los cadáveres de los revolucionarios sino once. Habían incluido al del joven asesinado Julio García.  Foto Guillermo Miró.
once cuerpos sin vida, fue a su casa donde tenía su taller de fotografía e hizo copias para el periódico El Imparcial y también para las revistas Bohemia y Life con las que colaboraba y partió para La Habana.  El Ejército permitió retratar a los combatientes muertos hasta la madrugada para después sacarlos secretamente del cuartel y enterrarlos en fosas comunes del cementerio de Matanzas. 

Por la mañana temprano Alonso y González-Regueral fueron a ver a Henry Wallace, corresponsal de la revista Life en Cuba y le contaron la historia y le  proporcionaron las fotos. Un poco mas tarde Miró le entregaba un grupo de fotos que él había tomado en el Goicuría.  Wallace con las fotos de Regueral y de Miró partió esa misma tarde hacia Nueva York.  


Página de la revista Life en español que denunciaba el infame crimen.
La lista oficial de los asaltantes muertos en el intento de ocupar la fortaleza fue entregada por el Buró de Prensa del Ejército esa madrugada. La relación ya no era de diez, ni de once  sino de 15 los “caídos en combate” (léase asesinados) en el cuartel. Ellos eran: Reynold García, Mario Vázquez, Francisco Alonso, Carlos M. Álvarez, Rolando Castillo, Nelson Hernández, Julio A. García, Marino Jaime, Gonzalo Quesada, Julián R. Rodríguez, Emilio Sabugüeiro, José Fosca y Marcos Veira. También estaban en la lista los  combatientes César Rodríguez Alayón y Carlos Armengol Delgado,  que habían sido apresados al anochecer y conducidos a los calabozos de la policía, donde fueron entrevistados por Radio Matanzas, antes de ser asesinados. La macabra máquina sumadora de la tiranía continuaba añadiendo asesinatos a su cuenta. Los censores de Batista no permitieron a los diarios publicar las
fotografías tomadas en el Goicuría, ni tampoco proyectar esas escenas en el cine, ni la televisión.

Si embargo, lo que no esperaba la dictadura era que la revista Life publicara el 21 de mayo de 1956 el reportaje de la matanza en el Goicuría, con el impresionante titulo de  “10 cadáveres +1 prisionero = 11 cadáveres”. Con cuatro fotos de Regueral y una de Miró mostraron al mundo  los horrores y asesinatos de la sangrienta dictadura que sufría Cuba.  

Los periodistas del Noticiero Nacional que participaron en este episodio emigrarían cuatro años después.

El camarógrafo del Canal 4 de TV en Matanzas, Guillermo Miró Perdomo fue también reportero grafico del periódico El Imparcial y colaborador de varias revistas, periódicos y agencias noticiosas. Durante más de cincuenta años de constante noticiar  retrató y filmó las luchas estudiantiles contra la dictadura de Batista, la invasión mercenaria a Playa Girón, los logros de la Revolución y la mayoría de los sucesos más importantes ocurridos en Matanzas. Al triunfar la Revolución, sin apenas saber leer y escribir, alcanzó, con mucha tenacidad y sacrificio, el titulo de Licenciado en Periodismo. Durante sus últimos años fue corresponsal del Noticiero Nacional de Televisión  y obtuvo numerosos premios y reconocimientos. Nació en Matanzas en 1925 y falleció en esa misma ciudad en el 2009.  

Los corajudos ataques a las fortalezas batistianas del Moncada, el Goicuría, el Palacio Presidencial y otros más, no tuvieron el éxito esperado, pero demostraron que la juventud cubana estaba dispuesta a morir por los ideales de Martí y del pueblo cubano.  Al final, el Primero de Enero de 1959, todos los cuarteles y fuertes de la tiranía a lo largo y ancho del país, con sus miles y miles de soldados entrenados y equipados con los más modernos y sofisticados armamentos y abundante parque, se rendían incondicionalmente a un puñado de valerosos rebeldes pobremente armados. Quedaba demostrado que  las trincheras de ideas pueden mas que las trincheras de piedra. 

Fuentes:  
Conversación con Guillermo Miró, camarógrafo del Canal 4 de TV en Matanzas,  febrero de 1975.

J. R. Glez. Regueral: “Yo hice el reportaje para “Life””, Carteles, febrero 1ro. de 1959, pp.50,51, 97 y 98.

Revista Life, 21 de mayo de 1956 p. 55

Revista Life en español,  4 de junio de 1956. p. 67

(Cubaperiodistas)
 

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