Orfila:
un filme real de gansterismo
Jorge Oller Oller
A
tiros y a muerte, pero en vivo, fue fotografiada y
filmada por la prensa en La Habana una matanza, que hizo
recordar hechos similares ocurridos en Chicago en los
años 20 y 30 del pasado siglo entre elementos mafiosos y
gansteriles norteamericanos.
Ocurrió en el Reparto Orfila, en Marianao, el lunes 15
de septiembre de 1947. La matanza fue protagonizada por
agentes policiacos, con historial de lucha contra la
dictadura de Gerardo Machado, pero con ambiciones
políticas y apadrinados y protegidos por el gobierno de
Ramón Grau San Martín, quien tras su victoria electoral
de 1944 les proporcionó prebendas y privilegios, y
toleró sus acciones gansteriles en las calles de La
Habana.
Entre los grupos que Grau favoreció hubo dos que
alcanzaron gran notoriedad. Uno de ellos era capitaneado
por Mario Salabarría, al cual se unieron Rolando
Masferrer y Orlando León Lemus (El Colorado). Salabarría
había sido nombrado comandante y jefe del Servicio de
Inteligencia de Actividades Enemigas, lo que significaba
un gran poder represivo y político en la capital cubana.
El otro grupo importante era el de Emilio Tro, quien
había integrado el ejército norteamericano durante la
Segunda Guerra Mundial. A su regreso a Cuba, Grau lo
nombra Director de la Academia de la Policía, pero se
negó a subordinarse a Salabarría, y las diferencias
entre ambos se acentuaron.
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Fotografía de
Louis Hamburg, fue el reportero gráfico que más
cerca estuvo de Tro cuando lo mataron. Se había
situado frente a la puerta del jardín y vio
salir a Aurora, detrás iba Tro. Estando ellos en
el portal vio como disparaban a la mujer. Un
policía la agarró por los hombros y Tro por las
piernas. Los dos primeros lograron alcanzar la
acera, pero Tro fue acribillado en la puerta
del jardín. Detrás, el pañuelo blanco que
agitaba un oficial pedía paz. |
El 26 de mayo
de 1947 El Colorado fue tiroteado cuando
transitaba por la calzada de Ayestarán. Salio
ileso y acusó a Tro del atentado. Fue el
comienzo de una guerra a muerte entre ambos
grupos.
Unos meses
después, el 5 de septiembre, el automóvil de Tro
fue acribillado a balazos. Increíblemente se
salvó. Durante el tiroteo reconocieron a uno de
los agresores. Era el capitán Rafael Ávila, del
grupo de El Colorado.
El 12 de
septiembre Ávila fue muerto a tiros en una
esquina del Vedado. Salabarría acusó a Tro del
hecho y obtuvo una orden judicial de arresto y
con ella en su poder comenzó a buscarlo. |
El
lunes 15 de septiembre, Salabarría supo que Tro estaba
reunido en el Reparto Orfila con varios de sus amigos en
la casa de Antonio Morín Dopico, quien era jefe de la
policía del municipio de Marianao.
(En la casa estaba un fotógrafo Alberto Díaz González,
que había ido a retratar a la hija de Morín Dopico y de
su esposa Aurora Soler).
A
las tres de la tarde dos autos pasaron por el frente de
la casa de Morín Dopico y la tirotearon. Momentos
después la casa estaba rodeada por más de doscientos
efectivos a las órdenes de Salabarría atacando a sus
moradores con pistolas, fusiles, ametralladoras y bombas
lacrimógenas.
Un
amigo de Tro, el teniente Mariano Puerto, se enteró por
radio del asedio y corrió a ayudarle, pero lo tirotearon
al tratar de entrar en la residencia. Fue el primer
muerto. Otros intentaron hablar con el presidente Grau
para que detuviera aquella matanza, pero fue inútil.
Estaba enfermo y no podía atender ningún asunto. Se
llamó al Jefe del Ejército que estaba en Washington y
dio la orden de que sus fuerzas pusieran fin a aquella
batalla.
Alrededor de las seis de la tarde llegaron los tanques
del Campamento de Columbia. Después de tres horas de
intensa balacera, la casa era un verdadero infierno, no
había ventaba o puerta que no mostrara las huellas del
feroz ataque; por las persianas salía el humo de las
bombas lacrimógenas y cientos de miles de casquillos de
balas cubrían la calle. Los sitiados al oír los
blindados, sacaron pañuelos y telas blancas. Los
disparos aparentemente habían terminado. Algunos
policías entraron. En el suelo de la sala yacía el
cuerpo sin vida del capitán Arcadio Méndez. Tro y
otros amigos quedaron con vida. En el cuarto de baño, se
habían refugiado Morín Dopico y su mujer Aurora Soler
que observaban angustiados la herida que había recibido
su hija Miriam de 10 meses, con ellos estaba también la
sirvienta. Aprovechando aquella calma salió corriendo
por el fondo de la casa el fotógrafo Alberto Díaz. Una
ráfaga lo mató.
|
Desde adentro
gritan ¡no tiren que hay niños y mujeres!
Desesperadamente lo repiten una y otra vez. El
comandante Morín Dopico cargando a su hija
herida en los brazos, sale primero. Unos
soldados los protegen y los envían en un auto al
Hospital Militar.
Frente a la
puerta del jardín se sitúa el fotógrafo Louis
Hamburg, corresponsal de varias publicaciones
norteamericanas en La Habana y unos metros
detrás a la derecha se ubica el camarógrafo del
Noticiero Nacional Eduardo Hernández -Guayo-.
Los hombres con cámaras comienzan a fotografiar
y a filmar lo |

Fotografía de
Miguel Buendía, del Diario de la Marina, muestra
la casa de Morín Dopico en el estado en que
quedó y a uno de la banda de Salabarría
disparando a Tro cuando auxiliaba a Aurora. A la
izquierda se ve al reportero grafico Panchito
Pérez, de El País, acercándose a la entrada. |
|
que serían los
momentos más dramáticos de esa increíble y
bestial batalla. |
Aurora Soler de Morín Dopico sale y detrás el comandante
Tro, el teniente Luis Padierne y el vigilante Manolo
Villa, todos van desarmados. El grupo comandado por
Salabarría acecha y al ver a Tro saliendo hacia el
jardín dispara sus ametralladoras. Las balas alcanzan a
Aurora que va delante. La socorren un policía que la
levanta por los brazos y Tro que la carga por las
piernas y llegan hasta la acera. (Fotograma 1)
La
fotografía de Hamburg y el (fotograma 2) de la
película de Guayo están tomados en el mismo instante.
Aurora, ya muerta, y el policía que la ayudó en la
acera. Tro que ha llegado hasta el umbral de la puerta
del jardín recibe numerosas ráfagas por el frente y el
lado que también alcanzan a su chofer que esta detrás y
sin camisa. También recibe heridas el capitán del
Ejercito Ramón de la Osa que llegó unos momentos antes
a imponer la calma.
(Fotograma 3)
Ya no se ve en la
foto al chofer Manolo Villa que ha caído en el jardín
herido por las balas que lo dejarán lisiado para toda su
vida. Tro ha soltado a Aurora y se vira hacia De la Osa
que ha sido alcanzado también por las ráfagas y trata de
sostenerse. El policía continúa ayudando inútilmente a
Aurora.
(Fotograma 4)
El policía viendo lo inútil de su empeño corre a
protegerse. Tro se agarra a De la Osa mientras que
Padierne trata de alejarse de aquel infierno.
(Fotograma 5)
El tiroteo
continua. Al fotógrafo Hamburg le silban las balas a su
alrededor y milagrosamente escapa de ellas, corre.
Estaba tan cerca de Tro cuando fue baleado que su cara
aparece delante, en primer plano, en el fotograma de
Guayo. Al fondo Padierne va pasando por detrás de Tro
para ganar la calle.
(Fotograma 6)
Al franquear la entrada del jardín, Padierne recibe una
ráfaga de ametralladora y caerá muerto en la acera.
Las fotografías que captó Hamburg en los sucesos de
Orfila las reveló en el periódico El País y las publicó
en ese diario, y también en Prensa Libre e Información.
Los senadores Pelayo Cuervo y Eduardo Chibás utilizaron
las fotos del diario Información en el Senado como
pruebas acusatorias. No iban firmadas por Hamburg, sino
por Guerrero. Este último alegó que como estaban movidas
las retocó y realzó, y eso era un mérito que según él
permitía acreditar su nombre por la labor de artista. La
indignación de Hamburg fue grande. Mayor el sobresalto
que tuvo cuando algunos miembros de Salabarría lo
amenazaron de muerte por esas fotos y tuvo que irse para
Miami.
Además de la película de Guayo y las fotografías de
Louis Hamburg, también captaron vistas de la batalla,
desde otros ángulos, los reporteros gráficos Panchito
Pérez, de El País, Narciso Báez, de Prensa Libre, Amador
y Raúl Vales, de Bohemia y Miguel Buendía, del Diario de
la Marina. Todo el material gráfico de estos
profesionales del lente fueron requisados por el
Ejército y sirvió de evidencia contra los encartados
Salabarría, El Colorado, Roberto Meoqui, Rogelio
Hernández Vega (Cucú) y muy especialmente incriminaron
a José Fallat, alias El Turquito, porque lo retrataron
en el momento que masacraba a Tro, a la esposa de Morin
Dopico y a los dos acompañantes cuando salían desarmados
de la casa.
Al
mostrarle las fotografías cuando ametrallaba a Tro, El
Turquito dijo: “Los fotógrafos tienen la culpa de que
estemos encerrados. Están enamorados de mi” y
dirigiéndose al fotógrafo de Prensa Libre Narciso Báez
que lo retrataba en el juzgado le advirtió “a ustedes,
los fotógrafos, son los primeros que vamos a matar
después de estos…”.
Los hechos ocurrieron hace más de seis décadas. Las
fotos y la película mantienen la brutal realidad de
aquellos momentos.
Fuentes:
Diario Prensa Libre del 16 y del 24 de septiembre de
1947
Revista Bohemia, Sección en Cuba, 21 de septiembre de
1947
Conversación con Francisco Pérez Recio, reportero
grafico de El País y uno de los que reportó los sucesos
de Orfila. Tal testimonio fue ofrecido en el Ministerio
de Comunicaciones el 3 de junio de 1967
(Cubaperiodistas)