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Viernes, 15 de Mayo de 2009

Grandes momentos del fotorreportaje cubano
 

Orfila: un filme real de gansterismo

Jorge Oller Oller

A tiros y a muerte, pero en vivo, fue fotografiada y filmada por la prensa en La Habana una matanza, que hizo recordar hechos similares ocurridos en Chicago en los años 20 y 30 del pasado siglo entre elementos mafiosos y gansteriles norteamericanos. 

Ocurrió en el Reparto Orfila, en Marianao, el lunes 15 de septiembre de 1947. La matanza fue protagonizada por agentes policiacos, con historial de lucha contra la dictadura de Gerardo Machado, pero con ambiciones políticas y apadrinados y protegidos por el gobierno de Ramón Grau San Martín, quien  tras su victoria electoral de 1944 les proporcionó prebendas y privilegios, y toleró sus acciones gansteriles en las calles de La Habana.  

Entre los grupos que Grau favoreció hubo dos que alcanzaron gran notoriedad. Uno de ellos era capitaneado por Mario Salabarría, al cual se unieron Rolando Masferrer y Orlando León Lemus (El Colorado). Salabarría había sido nombrado  comandante y jefe del Servicio de Inteligencia de Actividades Enemigas, lo que significaba un gran poder represivo y político en la capital cubana. El otro grupo importante era el de Emilio Tro, quien había integrado el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. A su regreso a Cuba, Grau lo nombra Director de la Academia de la Policía, pero se negó a subordinarse a Salabarría, y las diferencias entre ambos se acentuaron.


Fotografía de Louis Hamburg, fue el reportero gráfico que más cerca estuvo de Tro cuando lo mataron. Se había situado frente a la puerta del jardín y vio salir a Aurora, detrás iba Tro. Estando ellos en el portal vio como disparaban a la mujer. Un policía la agarró por los hombros y Tro por las piernas. Los dos primeros  lograron alcanzar la acera, pero Tro fue acribillado en  la puerta del jardín. Detrás, el pañuelo blanco que agitaba un oficial pedía paz.

El 26 de mayo de 1947 El Colorado fue tiroteado cuando transitaba por la calzada de Ayestarán. Salio ileso y acusó a Tro del atentado. Fue el comienzo de una guerra a muerte entre ambos grupos.

Unos meses después, el 5 de septiembre, el automóvil de Tro fue acribillado a balazos. Increíblemente se salvó. Durante el tiroteo reconocieron a uno de los agresores. Era el capitán Rafael Ávila, del grupo de El Colorado.  

El 12 de septiembre Ávila fue muerto a tiros en una esquina del Vedado. Salabarría acusó a Tro del hecho y obtuvo una orden judicial de arresto y con ella en su poder comenzó a buscarlo.   

El lunes 15 de septiembre, Salabarría supo que Tro estaba reunido en el Reparto Orfila con varios de sus amigos en la casa de Antonio Morín Dopico, quien era jefe de la policía del municipio de Marianao. 

(En la casa estaba un fotógrafo Alberto Díaz González, que había ido a retratar a la hija de Morín Dopico y de su esposa Aurora Soler). 

A las tres de la tarde dos autos pasaron por el frente de la casa de Morín Dopico y la tirotearon. Momentos después la casa estaba rodeada por más de doscientos efectivos a las órdenes de Salabarría atacando a sus moradores con pistolas, fusiles, ametralladoras y bombas lacrimógenas. 

Un amigo de Tro, el teniente  Mariano Puerto, se enteró por radio del asedio y corrió a ayudarle, pero lo tirotearon al tratar de entrar en la residencia. Fue el primer muerto. Otros  intentaron hablar con el presidente Grau para que detuviera aquella matanza, pero fue inútil. Estaba enfermo y no podía atender ningún asunto. Se llamó al Jefe del Ejército que estaba en Washington y dio la orden de que sus fuerzas pusieran fin a aquella batalla.  

Alrededor de las seis de la tarde llegaron los tanques del Campamento de Columbia. Después de tres horas de intensa balacera, la casa era un verdadero infierno, no había ventaba o puerta que no mostrara las huellas del feroz ataque; por las persianas salía el humo de las bombas lacrimógenas y cientos de miles de casquillos de balas cubrían la calle. Los sitiados al oír los blindados, sacaron pañuelos y telas blancas. Los disparos aparentemente habían terminado. Algunos policías entraron. En el suelo de la sala yacía el cuerpo sin vida del capitán  Arcadio Méndez.  Tro y otros amigos quedaron con vida. En el cuarto de baño, se habían refugiado Morín Dopico y su mujer Aurora Soler que observaban angustiados la herida que había recibido su hija Miriam de 10 meses, con ellos estaba también la sirvienta. Aprovechando aquella calma salió corriendo por el fondo de la casa el fotógrafo Alberto Díaz. Una ráfaga lo mató.  

Desde adentro gritan ¡no tiren que hay niños y mujeres! Desesperadamente lo repiten una y otra vez. El comandante Morín Dopico cargando a su hija herida en los brazos, sale primero. Unos soldados los protegen y los envían en un auto al Hospital Militar.  

Frente a la puerta del jardín se sitúa el fotógrafo Louis Hamburg, corresponsal de varias publicaciones norteamericanas en La Habana y unos metros detrás a la derecha se ubica el camarógrafo del Noticiero Nacional Eduardo Hernández -Guayo-. Los hombres con cámaras comienzan a fotografiar y a filmar lo


Fotografía de Miguel Buendía, del Diario de la Marina, muestra la casa de Morín Dopico en el estado en que quedó y a uno de la banda de Salabarría disparando a Tro cuando auxiliaba a Aurora. A la izquierda se ve al reportero grafico Panchito Pérez, de El País, acercándose a la entrada.

que serían los momentos más dramáticos de esa increíble y bestial batalla.

Aurora Soler de Morín Dopico sale y detrás el comandante Tro, el teniente Luis Padierne y el vigilante Manolo Villa, todos van desarmados. El grupo comandado por Salabarría acecha y al ver a Tro saliendo hacia el  jardín dispara sus ametralladoras. Las balas alcanzan a Aurora que va delante. La socorren un policía que la levanta por los brazos y Tro que la carga por las piernas y llegan hasta la acera.  (Fotograma 1

La fotografía de Hamburg y el (fotograma 2) de la película de Guayo están  tomados en el mismo instante. Aurora, ya muerta, y el policía que la ayudó en la acera. Tro que ha llegado hasta el umbral de la puerta del jardín recibe numerosas ráfagas por el frente y el lado que también alcanzan a su chofer que esta detrás y sin camisa. También recibe heridas el capitán del Ejercito Ramón de la Osa  que llegó unos momentos antes a imponer la calma.  

(Fotograma 3) Ya no se ve en la foto al chofer Manolo Villa que ha caído en el jardín herido por las balas que lo dejarán lisiado para toda su vida. Tro ha soltado a Aurora y se vira hacia De la Osa que ha sido alcanzado también por las ráfagas y trata de sostenerse. El policía continúa ayudando inútilmente a Aurora.  

(Fotograma 4) El policía viendo lo inútil de su empeño corre a protegerse. Tro se agarra a De la Osa mientras que Padierne trata de alejarse de aquel infierno. 

(Fotograma 5) El tiroteo continua. Al fotógrafo Hamburg le silban las balas a su alrededor y milagrosamente escapa de ellas, corre. Estaba tan cerca de Tro  cuando fue baleado que su  cara aparece delante, en primer plano, en el fotograma de Guayo. Al fondo Padierne va pasando por detrás de Tro para ganar la calle. 

(Fotograma 6) Al franquear la entrada del jardín, Padierne recibe una ráfaga de ametralladora y caerá  muerto en la acera.  

Las fotografías que captó Hamburg en los sucesos de Orfila las reveló en el periódico El País y las publicó en ese diario, y también en Prensa Libre e Información. Los senadores Pelayo Cuervo y Eduardo Chibás utilizaron las fotos del diario Información en el Senado como pruebas acusatorias. No iban firmadas por Hamburg, sino por Guerrero. Este último alegó que como estaban movidas las retocó y realzó, y eso era un mérito que según él permitía acreditar su nombre por la labor de artista. La indignación de Hamburg fue grande. Mayor el sobresalto que tuvo cuando algunos miembros de Salabarría lo amenazaron de muerte por esas fotos y tuvo que irse para Miami.  

Además de la película de Guayo y las fotografías de Louis Hamburg, también captaron vistas de la batalla, desde otros ángulos, los reporteros gráficos Panchito Pérez, de El País, Narciso Báez, de Prensa Libre, Amador y Raúl Vales, de Bohemia y Miguel Buendía, del Diario de la Marina.  Todo el material gráfico de estos profesionales del lente fueron requisados por el Ejército y sirvió de evidencia contra los encartados Salabarría, El Colorado, Roberto Meoqui, Rogelio Hernández Vega (Cucú)  y muy especialmente incriminaron a José Fallat, alias El Turquito, porque lo retrataron  en el momento que masacraba a Tro, a la esposa de Morin Dopico y a los dos acompañantes cuando salían desarmados de la casa.  

Al mostrarle las fotografías cuando ametrallaba a Tro, El Turquito dijo: “Los fotógrafos tienen la culpa de que estemos encerrados. Están enamorados de mi” y dirigiéndose al fotógrafo de Prensa Libre Narciso Báez que lo retrataba en el juzgado le advirtió “a ustedes, los fotógrafos, son los primeros que vamos a matar después de estos…”. 

Los hechos ocurrieron hace más de seis décadas. Las fotos y la película mantienen la brutal realidad de aquellos momentos.  

Fuentes:
Diario Prensa Libre del 16 y del 24 de septiembre de 1947

Revista Bohemia, Sección en Cuba, 21 de septiembre de 1947
Conversación con Francisco Pérez Recio, reportero grafico de El País y uno de los que reportó los sucesos de Orfila. Tal testimonio fue ofrecido  en el Ministerio de Comunicaciones el 3 de junio de 1967

(Cubaperiodistas)
 

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