El
líder comunista Juan Marinello y varios compañeros
viajaron a la capital de la hermana república y el 6 de
septiembre de 1933 exhumaron e incineraron los restos.
Sorprendentemente, en el cementerio, un oficial de la
gendarmería mexicana intentó secuestrar las cenizas. La
rápida acción de los cubanos lo impidió y las ocultaron
en la casa de la doctora Mirta Aguirre, quien se había
refugiado durante la tiranía en aquella ciudad. Al
celebrarse la despedida solemne de los restos en el
Anfiteatro Bolívar de la Universidad azteca nuevamente
los gendarmes irrumpieron en el acto y ocuparon la urna,
solo que la encontraron vacía.
Marinello y sus acompañantes habían sospechado que eso
iba a ocurrir y mantenían las cenizas ocultas. Con mucho
cuidado y secreto planearon el traslado de esa reliquia
hasta Veracruz y de allí a La Habana, en barco. El 27 de
octubre desembarcaron en el muelle de la antigua Ward
Line. Una multitud de revolucionarios aguardaba para
acompañar a los restos de Mella hasta el local de la
Liga Antimperialista situado en los altos de la esquina
de Reina y Escobar. Desde esa misma noche desfilaron
estudiantes, trabajadores e intelectuales rindiéndole
honores póstumos al querido y respetado revolucionario.
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Los soldados
destruyendo el memorial de Mella
en el Parque de la Fraternidad. Foto de
Generoso Funcasta de la revista Bohemia. |
Pero aquellos
días eran convulsos. Con la caída del dictador
Machado el mando del Ejército, con la anuencia
de la Embajada americana, había nombrado
presidente provisional a Carlos Manuel de
Céspedes, hijo del Padre de la Patria. Tres
semanas después, el 4 de septiembre, ese
gobierno fue derrocado junto con los jefes
militares por el llamado golpe de los
sargentos. El nuevo cabecilla militar,
Fulgencio Batista y Zaldívar, devino de sargento
a Coronel Jefe del Ejército, dando los primeros
pasos como dictador apoyado en una fugaz
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Junta de
gobierno conocida por la Pentarquía, pero no fue
del agrado de la diplomacia yanqui.
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La
Pentarquía fue disuelta el día 10 del propio mes y a
propuesta del Directorio Universitario fue nombrado
presidente el doctor Ramón Grau San Martín. Este
gobierno se debatiría entre las tendencias
revolucionarias y antimperialistas cuyo abanderado era
Antonio Guiteras y de otra parte las fuerzas
reaccionarias sostenidas por el ambicioso coronel
Batista quien se mantuvo al frente de las fuerzas
armadas con el beneplácito del Embajador norteamericano
Summer Welles.
El
entierro de las cenizas de Mella estaba previsto para el
día 29 de septiembre a las tres de la tarde en un
monumento que se había levantado en el Parque de la
Fraternidad interpretando una imagen de Mella realizado
por el escultor español Juan López y había sido
autorizado por el flamante gobierno de Grau San Martín.
A las tres de
la tarde bajaron la urna del local de la Liga
Antimperialista a la calle Reina donde esperaban
miles de personas con brazaletes de sus
respectivas organizaciones, cartelones y telas
con consignas antimperialistas. Desde el balcón,
el dirigente comunista y poeta Rubén Martínez
Villena pronunció unas palabras sobre el héroe
-fue su último discurso público pues falleció el
16 de enero de 1934 víctima de la tuberculosis.
Terminada la alocución se inició la marcha.
Paquito González Cueto, un niño de 13 años de
edad, de la Liga de Pioneros de Cuba, alzaba un
cartel en el que se leía ¡Abajo el imperialismo!
Habían caminado unos metros cuando unos
francotiradores apostados en las azoteas
dispararon con saña a aquel indefenso
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Paquito González
Cueto de 13 años de edad, asesinado por los
esbirros batistianos
durante el entierro de Mella.
Retrato de estudio desconocido. |
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cortejo
fúnebre. Uno de los primeros en caer fue el niño
Paquito. Varios camiones cargados de soldados
aparecieron y secundaron aquella criminal
acción, golpeando a los concurrentes y buscando
la urna con las cenizas para desaparecerlas. Las
órdenes fueron dadas por Fulgencio Batista para
agradar al imperio. |
En
la confusión, entre tiros, golpizas, muertos y heridos,
Ramón Nicolau, uno de los dirigentes comunistas que
cargaban la urna escapó con ella y pudo salvarla.
Mientras tanto, en el parque otros pelotones de soldados
rompían a mandarriazos el obelisco levantado y
dispersaban a tiros y culatazos a los que valientemente
estaban a su alrededor protestando de aquel infame
atropello. El fotógrafo de la revista Bohemia Generoso
Funcasta captaba alguna de aquellas escenas de horror.
Durante decenas de años permanecieron ocultas en varias
casas de rigurosa seguridad bajo el ferviente cuidado de
Juan Marinello hasta el triunfo de la Revolución de
Fidel. Había llegado la ocasión de venerar aquellas
cenizas en el momento más adecuado de la historia del
Partido Comunista cubano.
El
día escogido fue el aniversario cincuenta de la
fundación del primer Partido marxista-leninista de Cuba.
Las cenizas de Mella fueron expuestas en el Aula Magna
de la Universidad de La Habana del 17 al 22 de agosto
de 1975 donde Fidel y el pueblo rindieron los más altos
testimonios de respeto y admiración. Después fueron
acogidas en el Museo de la Revolución hasta que el 10 de
enero de 1976 fueron depositadas definitivamente con
todos los honores en el Memorial que lleva su nombre
frente a su querida Universidad. Allí reposan como una
alegoría de lucha y coraje, en el mismo lugar donde
tantos estudiantes se enfrentaron contra las fuerzas
represivas de las dictaduras y los gobiernos corrompidos
siguiendo el heroico ejemplo de Julio Antonio Mella.
Referencias:
Mario Kuchilán
Sol: “Fabulario. Retrato de una época” Instituto del
Libro 1979.
Diarios de la época.
Granma de agosto de 1975 y enero de 1976. .
(Cubaperiodistas)