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Miércoles, 12 de Noviembre de 2008

Grandes momentos del fotorreportaje cubano
 

Los horrores póstumos al General Quintín Bandera

Jorge Oller Oller

El cadáver del General de División Quintín Bandera fue sacado al atardecer del Necrocomio Municipal dentro de una tosca caja de madera y llevado al Cementerio de Colón en un carromato de cargar y vender carbón. No lo cubría  la Bandera Cubana, ni llevaba la escolta que le correspondía a su rango militar y a su larga y valerosa historia militar y patriótica. Solo su


Un carretón de cargar carbón lleva el cadáver de Quintín Bandera custodiado por un desordenado e irrespetuoso pelotón de la guardia rural.
(Foto Juan Steegers)

joven viuda Virginia Zuaznábar y una fiel amiga lloraban y acompañaban aquellos restos hasta la sepultura.

La inaudita caravana mortuoria era custodiada por un desordenado e  irrespetuoso pelotón montado de la Guardia Rural. Fue enterrado sin honores militares ni ofrendas oficiales, en un apartado campo destinado a los pobres. Después que la soldadesca abandonó el lugar, el capellán del cementerio plantó una modesta cruz y para evitar alguna profanación escribió: E.P.D./Aquí yace Felipe Augusto Caballero / fallecido el 23 de agosto de 1906. Un sencillo ramo de flores dejó la viuda sobre su tumba. ¿Quién era y qué hizo este valeroso militar para merecer esos “horrores” póstumos?


General de División Quintín Bandera
y Betancourt.

José Quintín Bandera Betancourt era hijo de negros libertos. Nació en Santiago de Cuba el 10 de enero de 1833. Con solo 11 años comenzó una vida llena de aventuras como mascota de un vapor que navegaba a España. Se enroló de marinero en otros barcos y regresó a su ciudad natal en 1847. Tres años después estaba envuelto en lo que él pensaba era una conspiración libertaria cuando en realidad se trataba de un complot anexionista para apoyar, en Oriente, el desembarco de Narciso López. El movimiento fracasó y tuvo suerte de no ser apresado junto con otros muchos de los conjurados que sufrieron prisión o muerte.

El 10 de octubre de 1868 ocurrió el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua. Entonces Quintín tenía 35 años y tan pronto lo supo se unió a las fuerzas libertadoras. El primero de diciembre recibió su bautizo de fuego participando en el ataque a El 

Cobre; por su arrojo y valentía le confirieron el grado de cabo. Continuó realizando hazañas en decenas de batallas que le valieron vertiginosos ascensos. En 1877 se encontraba entre las fuerzas de Máximo Gómez y mostraba en su guerrera los grados de comandante.

Después de diez años de hostilidades las tropas cubanas estaban en una situación difícil e insostenible, fue el momento en que el General español Arsenio Martínez Campos aprovechó para proponer a los jefes rebeldes la llamada Paz del Zanjón. Muchos pensaron que era necesaria y la aceptaron. Maceo se opuso y en los Mangos de Baraguá anunció que continuaría las hostilidades. Entre los oficiales que lo siguieron estaba el entonces Teniente Coronel Quintín Bandera. Sin embargo Maceo no recibió ningún apoyo que le permitiera continuar la guerra. La Guerra de los Diez Años terminaba el 28 de mayo de 1878.

Las crónicas de aquellos tiempos cuentan que entre los acuerdos de la capitulación estaba la entregaba a cada miembro del Ejercito Libertador de dos meses de ración, una muda de ropa y una indemnización de acuerdo al rango militar.  Cuando Quintín se presentó al general español Francisco Ochande, este le ofreció la suma de 3 000 pesos como compensación a su extraordinario valor demostrado en la guerra. Aunque el valiente militar cubano no tenía un centavo para vivir, le respondió: “General: yo me entrego, pero no me vendo”

Al año siguiente, Quintín se alzó de nuevo en la llamada Guerra Chiquita que se iniciara el 24 de agosto de 1879 y terminara sin éxito el 17 de septiembre de 1880.  Cuando iba camino del exilio fue apresado y llevado a las mazmorras del Castillo de Isabel II en España. Seis años después fue indultado.

De regreso a Cuba el bravo militar se ganó la vida como peón de albañil o en las labores agrícolas, pero siempre con los oídos atentos a voces libertarias. En noviembre de 1893 fue detenido al descubrirse que estaba involucrado en un intento revolucionario organizado por Maceo.

Fue de los primeros en acudir al llamado del Grito de Baire bajo el mando supremo de José Martí. Unas veces a las ordenes de Maceo y otras con mando propio realizó acciones tan audaces que aterrorizaban a los más valientes soldados españoles. Pero su espíritu rebelde y liberal también le creó problemas con sus superiores. Dos veces el Titán de Bronce lo destituyó y las dos veces le restituyó el mando y los grados por la extraordinaria combatividad y valor frente al enemigo. El General Máximo Gómez también tuvo que someterlo a un Consejo de Guerra por desobediencia. Pero esta vez le anularon el mando, aunque le permitieron mantener los grados de General de División, sus dos ayudantes y una escolta de doce soldados. Con esta pequeña tropa continuó guerreando a su modo hasta que terminó la Guerra de Independencia.   

Ni su heroica historia en las tres guerras patrias, ni sus grados le valieron para obtener un empleo, ni llevar una vida decorosa. Tras muchas gestiones le dieron una plaza de “capataz de la basura” para cuatro meses después dejarlo cesante. El 27 de junio de 1901 se casó con la joven Virginia Zuaznábar con la cual tuvo cinco hijos. El General Quintín solicitó una entrevista a Estrada Palma al  asumir este el gobierno de la República. Sólo le pidió trabajo. El flamante Presidente lo escuchó con frialdad y no le prometió nada. Intentó regalarle cinco pesos para ayudarlo y el General los rechazó enfurecido, no era limosna lo que buscaba sino un empleo digno. El industrial Ramón Crusellas le dio una plaza de vendedor ambulante y el viejo General con su raído uniforme y sus añejas condecoraciones iba de casa en casa vendiendo jabones con el convencimiento de que el trabajo no deshonraba a los hombres.

El ambiente político durante el gobierno de Estrada Palma se iba caldeando a medida que se acercaban las elecciones presidenciales de 1906. El Presidente se dejó adular y aceptó de sus incondicionales y del Partido Moderado la nominación para un segundo periodo. Con escandalosos fraudes aseguró su reelección.  

Los políticos y veteranos que agrupaba el Partido Liberal llevando de candidato presidencial al General José Miguel Gómez se levantaron en armas ante los abusos de poder de Estrada Palma y aquellas fraudulentas elecciones. En la asonada, conocida como “La Guerrita de Agosto,” participó activamente el General Quintín Bandera quien con una partida de alzados bajo su mando operó en los territorios de Wajay y Arroyo Arenas, en La Habana

El gobierno no supo controlar la situación. Se hablaba de que Estrada Palma renunciaría y que indultaría a los que regresaran a la vida normal. Algunos rebeldes creyeron que todo había terminado y regresaron a su hogar sin que sufrieran represalias. Quintín, acampado en una finca cercana a la laguna de Ariguanabo, pensó que seria tratado al igual que a los compañeros implicados y solicitó del Presidente un salvoconducto para reunirse con su familia. Cuando el 23 de agosto de 1906 el capitán Ignacio Delgado fue a verlo con la Guardia Rural llevaba órdenes precisas. Quintín no recibió el perdón presidencial sino un certero tiro en la cabeza y crueles machetazos de remate.

Su cadáver fue llevado al Necrocomio. No bastó asesinarlo, había que humillar su rebeldía aún después de muerto y lo trasladaron al cementerio dentro de un carretón de acarrear carbón. Juan Steegers, reportero grafico de La Lucha, captó la escena en los momentos en que la soldadesca esperaba la orden de partida. Con este brutal episodio de la historia republicana el General Quintín Bandera, héroe de las tres guerras patrias, terminaba su vida de gloriosas aventuras.  

Veintisiete días después del asesinato de Quintín Bandera, el 19 de septiembre de 1906, Estrada Palma renunció y entregó la República al Gobierno norteamericano.

El fotorreportero que captó esta dramática fotografía, Juan Francisco Cecilio Ignacio Steegers y Perera, nació en La Habana en 1856.  Su familia se trasladó a Cayo Hueso. Siendo aún muy joven se vinculó a la Junta Revolucionaria constituida durante la Guerra de los Diez Años y aprendió fotografía. Terminada la contienda regresó a La Habana  y abrió una galería fotográfica en Guanabacoa. En 1889 comenzó a trabajar en el periódico La Lucha como fotógrafo de sucesos policíacos. Al estallar la Guerra de Independencia se reincorporó a la causa revolucionaria y fue nombrado enlace entre la Junta Revolucionaria  y las fuerzas del General Néstor Aranguren. Al concluir la guerra continuó retratando los hechos de sangre que ocurrían en La Habana para La Lucha y ayudando a la policía en la


El reportero grafico de La Lucha Juan Steegers.

aplicación de las últimas técnicas fotográficas francesas de identificación. Estudió dactiloscopía y criminalística y el 21 de agosto de 1904 fue nombrado perito del Presidio de La Habana. El 28 de noviembre de 1907 remite al Juez de Instrucción del Distrito Central el primer informe dactiloscópico realizado en Cuba. Continuó publicando en La Lucha los casos policíacos más interesantes hasta el 1º de agosto de 1909 que creó y organizó el Departamento de Identificación Criminal con un método propio de dactiloscopía fotográfica que llamó “Sistema Steegers”, el cual fue empleado con éxito en varios países latinoamericanos. En 1911 fundó y dirigió el Gabinete Nacional de Identificación hasta su fallecimiento ocurrido el 23 de marzo de 1921.  

Fuentes:

- Julio Lagomasino, ayudante de Juan Steegers en el periódico La Lucha y profesor de fotografía y grabado de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling en charla con sus alumnos sobre los pioneros de la fotografía periodística cubana. (Martes, 6 de noviembre de 1951).

- Diario La Lucha de los días miércoles 22, jueves 23 y viernes 24 de agosto de  1906.

- Historia de Cuba doctores Marban y Leiva, La Habana 1947 pp. 617-618.

(Cubaperiodistas)
 

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