La hora
final de Carlos Alberto Montaner
La CIA de los Estados Unidos planea dejarlo
fuera de sus nóminas, luego de haberle servido como “activo de prensa” durante
toda una vida
Raúl Gómez
La noticia no pudo llegarle en momento más
inoportuno. En vísperas de cumplir los cada vez mas temidos 66 años de vida, el
periodista hispano cubano norteamericano Carlos Alberto Montaner, recibió la
noticia de que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos
planea dejarlo fuera de sus nóminas, luego de haberle servido como “activo de
prensa” durante toda una vida.
En efecto, toda una vida. Fue precisamente en
el mes de abril de 1962, hace ahora 47 años, cuando Carlos Alberto aceptó
trabajar para la CIA “hasta la caída del comunismo en Cuba”. A ello
contribuyeron de manera significativa José Ignacio Rasco y Rafael “Warry”
Sánchez, dos curtidos anticastristas que ya trabajaban para la Agencia, quienes
realizaron el estudio y la caracterización de aquel joven que acababa de cumplir
19 años de edad. Por coincidencia o ironías de la vida, años mas tarde, la casa
clandestina de la CIA en Miami, en la que se produjo el reclutamiento de Carlos
Alberto, se convertiría en vivienda del propio Rasco.
Cabe la pregunta ¿Por qué la CIA dejaría
cesante a un “activo de prensa” tan experimentado y supuestamente valioso como
Carlos Alberto Montaner?
Lo cierto es que su abierto compromiso con las
políticas fallidas de los Estados Unidos de George W. Bush lo invalidan para
desempeñar un papel efectivo y constructivo en la nueva política que proyecta la
administración Obama para Latinoamérica. Hoy por hoy, no conecta, ni tiene
química con prácticamente ninguno de los presidentes latinoamericanos en el
poder; y no es recibido por ningún presidente de la región desde la década de
los noventa –hace más de quince años— cuando él soñaba con que Fidel Castro le
llamaría por teléfono para pactar la transición cubana.
Por otro lado, su defensa a cal y canto del
mantenimiento del más férreo embargo contra Cuba y su oposición a cualquier paso
en la dirección de normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba; y el
abierto rechazo que genera su figura tanto en el gobierno como en la población
cubana, lo convierten en un outsider en la agenda de Obama y en sus
planes de revisar la actual política de Estados Unidos hacia la Isla.
Sin embargo, la gota que precipitó la decisión
de la Agencia podría estar asociada a las recientes elecciones presidenciales en
El Salvador, donde quedó claramente demostrada la inutilidad de la política de
miedo –de la cual Carlos Alberto fue durante 20 años un devoto ejecutor— y la
escasa influencia que tienen hoy sus artículos sobre la población,
particularmente sobre los jóvenes, de ese pequeño país centroamericano.
Para colmo de males, Carlos Alberto tampoco
logra una comunicación efectiva con el joven y eficiente equipo del que se ha
rodeado el actual presidente del Partido Popular Español, Mariano Rajoy,
encabezado por María Dolores de Cospedal, que lo ve como un lastre, poco menos
que como un apestado, por su vinculación anterior con el terrorismo y por su
entusiasta alineamiento con la figura y las políticas del ex presidente José
María Aznar y con las de George W. Bush.
Carmelo Mesa Lago, una de las cabezas
económicas mejor amuebladas del exilio anticastrista, me dijo hace casi una
década, en un evento en la Universidad de Miami, que los artículos en que Carlos
Alberto se aventuraba a dictar cátedra sobre economía o a enumerar recetas
neoliberales para todos y cada uno de los presidentes latinoamericanos, carecían
de todo rigor científico y no tenían ningún valor agregado. El rotundo fracaso
del neoliberalismo, del que Carlos Alberto era un alabardero, y el desprestigio
que como periodista acusa actualmente en la región, parecen darle la razón al
profesor Mesa Lago. Pero, sin duda, el tema que le ha causado mayor desgaste –y
en eso lleva buena parte de culpa la propia CIA que le suministraba información
falsa con la que Carlos Alberto hacia luego sus artículos— ha sido el de la
salud de Fidel Castro…
Sus constantes artículos donde presentaba a
Castro poco menos que en las últimas sin duda contribuyeron a adormecer a los
cubanos de dentro y de fuera de Cuba y a crearles falsas expectativas con la
esperanza de su inminente muerte. Recientemente, en uno de los recesos del
evento Globalización y problemas del desarrollo que tuvo lugar en La Habana, le
pregunte a Lázaro Barredo, actual director del diario Granma y uno de sus
antagonistas más reconocidos, por Carlos Alberto; su respuesta con sorna y a
tono con los debates del evento fue: “Es un papagayo viejo y enfermo que ya no
puede aprender frases nuevas, y en América Latina se cotiza cada vez más a la
baja”. En mi modesta opinión, la peor desgracia que aqueja a Carlos Alberto como
periodista es que no consigue generar ideas nuevas; está como prisionero en un
puñado de frases hechas y lugares comunes, con los que logró escapar en décadas
anteriores, pero con las que no consigue ahora conectarse con la juventud del
continente, ni del mundo. Dicen, no me crean, que hasta su propia nieta Claudia,
tan inteligente e irreverente como su madre, cuando Carlos Alberto le da a leer
alguno de sus artículos, sin terminar la lectura le tiende una emboscada
diciéndole: “abuelo, mándamelo a mi iPod touch donde lo puedo leer mejor…”.
Para colmo de males su salud está cada vez más
renqueante y su hija, Linda, vive angustiada de pensar que su padre pueda
dejarnos antes que lo haga Fidel Castro. Hace apenas unos días, un amigo común
del doctor Antonio Guedes y mío me contaba de la creciente preocupación del
galeno por los cada vez más frecuentes espasmos cardiacos que esta sufriendo
Carlos Alberto. Según Guedes, el último le sobrevino el pasado 19 de marzo,
mientras leía un cable de Europa Press donde se anunciaba que el presidente
costarricense, Don Oscar Arias, anunciaba la reanudación de las relaciones
diplomáticas entre su país y la Cuba de Raúl Castro.
Por todo lo anterior, no se extrañe si un día,
mientras pasea con sus hijos o sus nietos por ese pulmón verde de Madrid que es
el parque de El Retiro, usted se lo encuentra abrazado a un sauce llorón,
platicándole sus desgracias y susurrando una jerga machacona, repetitiva e
inextricable, de la que solo se consigue entender “Castro esta muy enfermo”
(…)“Castro esta muy enfermo”.
Irónicamente, una de las pocas cosas serias
que escribió Carlos Alberto en su libro de fábulas sobre Estados Unidos titulado
“200 años de gringo”, ha venido a revelársele con inusitada crudeza. Escribía
entonces Carlos Alberto: “La sociedad norteamericana es muy competitiva; todos
quieren estar con los winners, no con los losser”. Tal vez eso
logre explicar, aunque solo sea en parte, por qué la Agencia se dispone a
cesantearlo. Nada, que a todos nos llega en algún momento la hora final, aunque
Carlos Alberto –por llevar más de 35 años pregonando infructuosamente la hora
final de Castro— se resista a acreditarlo.
(Fuente:
Rebelión)