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Objetivo: Cuba
Stella Calloni
La ofensiva desatada por
Estados Unidos en la región, cuyos trágicos símbolos más cercanos
son el golpe en Honduras del 28 de junio de 2009 -país donde más de
200 personas han sido asesinadas y varias de ellas por mercenarios
llevados por Estados Unidos e Israel al lugar- y la ocupación
militar de Haití, montada en la supuesta ayuda humanitaria después
del terremoto que sacudió a ese país, dejando más de 200 mil
muertos, tiene muchos correlatos.
En este avance para destruir toda organización unitaria en América
Latina, las instituciones de inteligencia de Estados Unidos se han
dado a la tarea de disputar los organismos de derechos humanos a las
víctimas de crímenes de lesa humanidad que en América Latina y el
Caribe suman a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI mucho más
de un millón y medio de personas.
Las fundaciones creadas por la CIA estadounidense y apoyadas y
financiadas por las ultraderechas mundiales, dueñas a la vez de más
del 90 por ciento de los medios masivos de comunicación en el mundo
infiltran organismos humanitarios o pagan a otros a través de
“generosas” Organizaciones No Gubernamentales(ONGs) bajo su control,
para tratar de mediatizar sus alcances. Por otra parte desacreditan
a los más firmes luchadores o a todos aquellos que no pueden
manipular.
La serie de fundaciones dependientes de las centrales de
inteligencia llevan nombres engañosos, supuestamente a favor de la
lucha por los derechos humanos. Solo que como se dice religiosamente
“por sus acciones los conoceréis”.
La falsificación, la mentira, la distorsión y manipulación son los
elementos básicos que utilizan esas organizaciones supuestamente
humanitarias.
En estos días estamos viviendo una grosera campaña orquestada a
nivel de los medios masivos de comunicación, repetidores
empobrecidos de la información creada en los centros del poder
mundial, sobre la muerte el pasado 23 de febrero de Orlando Zapata
en Cuba un detenido por diversos delitos comunes que lo llevaron a
la cárcel varias veces desde hace años.
Esa campaña es el más acabado modelo de la perversión de un sistema
que cada día asesina a miles de personas en el mundo.
En momentos de conocerse nuevos informes en Londres que determinan
que la invasión y ocupación de Estados Unidos en Iraq ha dejado como
consecuencia más de un millón de muertos, la “legalización” de la
tortura, las cárceles secretas y el ominoso traslado de prisioneros
políticos sin ningún control, se instala una campaña contra Cuba que
está sometida a un sitio medioeval desde hace casi medio siglo.
Cuando el horror continúa en Iraq, Afganistán y en Guantánamo, base
militar estadounidense en territorio ocupado ilegalmente en la isla
de Cuba, entre otros temibles acontecimientos, los grandes medios se
disputan el primer lugar en la información sobre Zapata destinada a
“agradar al imperio”.
Nada han dicho sobre las tumbas colectivas, la última de dos mil
cadáveres encontradas en Colombia, donde en un mes el ejército y los
paramilitares de ese país asesinan a más personas que la dictadura
de Augusto Pinochet en Chile durante su “reinado”, como se denunció
en Ginebra, con pruebas concretas. Y menos aún sobre los llamados
casos de ”falsos positivos” un eufemismo perverso para esconder lo
actuado por el ejército colombiano que contrata a jóvenes
desocupados para trabajar y los lleva a la selva donde los asesinan
y le colocan uniformes para aparentar que pertenecen a las
guerrillas y para cobrar lo que paga el sistema por cada guerrillero
o político antigubernamental asesinado.
El silencio sobre el crimen es tan criminal como el propio hecho.
LA VERDAD NO TIENE DOS CARAS
Zapata ha sido convertido en horas, de un hombre condenado por
delitos comunes y cuya muerte todos lamentamos desde el punto de
vista humano, en un héroe de la “disidencia” cubana, a pesar de que
nunca estuvo activo políticamente y en ningún momento fue detenido
por esa causa. Su historia real por supuesto no se difunde ni su
historial delictivo.
Operado de un tumor cerebral en 2009 por cirujanos cubanos, que
nunca diferenciaron si era o no un delincuente, había comenzado una
huelga de hambre desde diciembre pasado exigiendo “cocina y
teléfonos propios en su celda” como una insólita demanda y no
aceptaba ser alimentado.
Hay testimonios sobre los intentos de persuadirlo para que
abandonara su medida, pero fue manipulado por grupos “disidentes”
-que como se ha demostrado en Cuba hace largo tiempo- reciben dinero
desde Estados Unidos y otros lugares para conspirar contra su país-
y no aceptaba la intervención médica.
Alentado por estos, Zapata se negaba a ser alimentado. Si se le
alimentaba a la fuerza el escándalo hubiera sido mayúsculo, solo
porque era un delincuente preso en Cuba. En tanto en Estados Unidos
y en diversos países del mundo donde están enclavadas las “cárceles
secretas” se asesina prisioneros bajo torturas y en silencio.
No hemos visto una campaña destinada a terminar con esos horrores y
ninguno de los organismos supuestamente humanitarios se han
movilizado ante los miles de detenidos comunes, como Zapata, que
mueren bajo tormentos en prisiones temibles o perecen en alzamientos
contra el tratamiento inhumano al que están sometidos. Apenas los
medios registran esos acontecimientos en la crónica roja con que
aterrorizan a las sociedades cada día.
Cuba es un país sometido a una guerra infinita, constante,
depredadora, por la mayor potencia del mundo situada a 90 millas de
distancia de la Isla. Esa potencia mantiene organizaciones
terroristas en su territorio que han actuado y actúan contra la isla
en acciones de guerra sucia y dejaron miles de muertos y
discapacitados en la isla. ¿Quién clama, que campanas tañen por esos
miles de muertos? ¿Qué justicia existe en Estados Unidos para
castigar a criminales como Luis Posadas Carriles, responsable de la
explosión de un avión de cubana de aviación en 1976 que dejó 73
muertos?
POSADAS CARRILES SIGUIÓ ASESINANDO IMPUNEMENTE
Entre 1997 y 1998 se produjeron una serie de atentados en Cuba
algunos de cuyos autores fueron descubiertos como los guatemaltecos
Jorge Venancio Ruiz y Marlon Antonio González Estrada, miembros de
la estructura terrorista de Posada Carriles quien los organizó en
Centroamérica, financiado por la cúpula de la Fundación Nacional
Cubano-Americana (FNCA) para ejecutar acciones contra el pueblo
cubano.
Uno de esos ataques terrorista provocó la muerte del joven italiano
Fabio di Celmo, varios heridos y cuantiosos daños materiales en un
hotel en Cuba. Oficinas cubanas fueron atacadas en esa ronda
terrorista criminal, también en otros países.
Solo basta imaginar lo que hubiera sucedido si Posada Carriles y
otros hubieran llevado adelante los frustrados atentado contra el
comandante Fidel Castro durante la VII Cumbre Iberoamericana en la
Isla de Margarita en Venezuela, o lo que le habían preparado en
Panamá, donde se les detuvo con 40 kilos del poderoso explosivo C-4
con que pensaban asesinarlo y posiblemente al presidente Hugo
Chávez, en un encuentro programado con estudiantes en la Universidad
de Panamá, durante la Cumbre del año 2000.
Ninguno de los terroristas que han atentado contra el pueblo de
Cuba, y también a través de acciones como la contrainsurgente
Operación Cóndor de la que fueron piezas claves para asesinar a
miles de políticos del continente, ha sido castigado.
Están en Miami protegidos por la “justicia” de Estados Unidos y
financian a los llamados “disidentes” que reciben dinero para
conspirar con su país sitiado, como ha sido probado por el Gobierno
cubano ante Washington.
Cuba es un país reconocido por su cultura, educación y salud para
todos y por su solidaridad que llega a diversos lugares del mundo
beneficiando a millones de personas. Las cifras de sus logros en
esos aspectos lo colocan a la cabeza de todos los países del
continente, e incluso de los del primer mundo, y no existe una sola
constancia de que en los últimos 50 años haya habido asesinatos
extrajudiciales, torturas o desapariciones en ese país.
En realidad Zapata murió atendido por médicos que intentaron
salvarle la vida, cosa que no hicieron sus amigos “disidentes”, que
lo alentaron a morir sabiendo que estaba su salud comprometida.
Cuando se supo la noticia y el presidente cubano Raúl Castro lamentó
esa muerte también habló de cómo la vida de un ser humano puede ser
puesta en juego para manejo de otros intereses.
Lo asombroso es que los “cerebros” de esta campaña contra Cuba son
los mismos que apoyan y aclaman los sucesos en Iraq y han visto
televisados los asesinatos en torturas en ese país, Guantánamo y
otros lugares del mundo sin que se haya conmovido su “humanitario”
corazón.
Los mismos que colaboraron para realizar el golpe militar y cívico
en Honduras donde el presidente Manuel Zelaya fue secuestrado,
llevado a una base de Estados Unidos en territorio hondureño (Palmerola)
y luego a Costa Rica, con total impunidad. Y que aportaron dinero y
escuadrones de la muerte para la persecución, secuestros, tormentos
y asesinato de intelectuales, campesinos, obreros, estudiantes,
periodistas y otros en Honduras por el pecado de reclamar los
derechos constitucionales del pueblo hondureño.
Este es el caso de los legisladores anticubanos Ileana Ros-Lehtinen,
Lincoln Díaz Balart, Mario Díaz Balart, que encabezaron una “vigilia
en honor” por Zapata frente a la Sección de Intereses de Cuba en
Washington.
Ellos que han instigado todas las dictaduras del continente así como
actos de terrorismo contra Cuba y otros países, y en especial en
Honduras en los últimos tiempos, son la mejor muestra de la
hipocresía y la esencia de la doble moral de un sistema de muerte.
“Los abusos cometidos contra Orlando Zapata Tamayo comprueban que la
tortura y el terror contra el pueblo son políticas de Estado bajo el
régimen castrista. Esta muerte es una prueba de la práctica del
terrorismo de Estado”.
Esto no lo dijo un demócrata convencido, sino Orlando Gutiérrez
Boronat, quien apoyó todas las instancias del golpe en Honduras como
jefe del Directorio Democrático Cubano, y ayudó a realizar las
elecciones para bendecir a un gobierno que hoy viola impunemente los
derechos humanos en ese país.
La ronda de los predadores sobre el cadáver de Zapata es la más
acabada expresión del terrorismo imperial. La confirmación de una
amoralidad que es en realidad el fundamento de su existencia.
(Fuente
cubadebate.cu)
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