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Mujeres periodistas en Cuba, una
fuerza vital y creciente
Juan Marrero
Quizás a
algunos pueda sorprender que las mujeres en Cuba ya son el 49,8 por
ciento de la fuerza que ocupa cargos periodísticos en los medios de
comunicación nacionales, provinciales y municipales, a juzgar por
los más recientes datos computados por la Unión de Periodistas de
Cuba sobre sus afiliados.
De 4 148
afiliados, 2 064 son mujeres. Y en un futuro próximo serán muchas
más, pues de los más de 900 estudiantes que cursan los estudios de
periodismo en las distintas universidades del país, el 80 por ciento
son mujeres.
Y no solo eso:
sino que progresivamente las mujeres han pasado a asumir los
principales cargos de dirección en los medios. Ya hay alrededor de
70 que están al frente de medios, incluso nacionales e
internacionales, como ocurre, por ejemplo, en Radio Rebelde, Radio
Reloj, Palante, Cubavisión Internacional, Mujeres, Somos Jóvenes,
Zun Zun, Pionero. Radio Taíno y Habana Radio. En el caso de los
medios provinciales los periódicos Invasor, de Ciego de Ávila,
Venceremos, de Guantánamo y Cinco de Septiembre, de Cienfuegos,
están dirigidos por mujeres. Y también seis de las emisoras de
radio y tres telecentros provinciales. El mayor número de directoras
está en las emisoras municipales: 39. Y suman otras varias decenas
las mujeres que tienen responsabilidades como subdirectoras,
editoras , jefas de información y jefas de redacción en nuestros
medios, incluso en los digitales que han nacido en años recientes.
En fin, lo que
en el pasado se daba excepcionalmente, hoy es algo común. Las
mujeres cubanas, sin duda alguna, han sabido apoderarse poco a poco
de espacios que antes eran ejercidos casi exclusivamente por los
hombres. El periodismo estuvo entre los espacios prohibidos para la
mujer. Durante más de dos siglos, desde el nacimiento de Gazeta de
la Havana y Papel Periódico de la Havana, que fueron los primeros
periódicos, las mujeres que probaron suerte en esta profesión eran
muy pocas, y las que lo hicieron tanto en las etapas colonial como
en la neocolonial, debieron de enfrentar brutales acciones
discriminatorias e, incluso, maltratos.
Hace algunos
años, en un encuentro en la UPEC con mujeres destacadas en el
periodismo, les mostré y leí un documento que estaba en los archivos
del Colegio Nacional de Periodistas sobre una denuncia que hacía la
periodista María Collado, quien trabajó como cronista parlamentaria
para distintos medios radiales y de la prensa escrita durante gran
parte de la república neocolonial. Esa periodista contaba sobre
distintas acciones de discriminación y abusos de que había sido
víctima.
Así, entre los
años 1940 y 1944, cuando gobernaba Fulgencio Batista, decidieron
eliminar a las mujeres del grupo de periodistas que daban cobertura
noticiosa a lo que ocurría en el Palacio Presidencial. Más tarde,
siendo ya presidente Grau San Martín, el vocero de prensa de Palacio
le negó su acreditación “por mi condición de mujer y quizás de mujer
decente”. Relató un tercer hecho ocurrido con el Ministro de Obras
Públicas que invitó a los periodistas de su sector a visitar
determinadas obras que se construían…y cuando fue a tomar el
vehículo que salía de ese ministerio le dijeron: “esto no es viaje
para mujeres”. Y contó también sobre una invitación cursada a los
periodistas que cubrían las sesiones del Senado para un almuerzo,
pero la excluyeron a ella. Al día siguiente, pidió explicaciones y
el mismo Presidente del Senado le dijo que “aquello era una fiesta
de relajo a la que no podían concurrir mujeres y que acabara de
darse cuenta de que las mujeres en el periodismo estorban y son una
calamidad”.
Hechos
indignos y abusivos de tal naturaleza, y peores aún, no fueron una
excepción en aquella sociedad. Sabemos que muchos quedaron en el
silencio para evitar cualquier tipo de represalias. O quizás las
cartas de denuncia o de protesta fueron arrojadas a un cesto de
basura o incineradas.
En aquel
entonces, el discurso predominante fue que la mujer era inferior al
hombre. Que la inteligencia era atributo del hombre. Que la mujer
era un instrumento de reproducción destinado a perpetuar la especie.
Que había nacido para atender el hogar, en particular al esposo y
los hijos. Fuera de eso, muchas cosas le fueron prohibidas o
limitadas.
Ahora bien,
hay muchas páginas en la historia de Cuba demostrativas de que
ninguna de esas acciones y obstáculos impidieron que algunas
individualidades cumplieran con sus tareas periodísticas, tanto en
los siglos de coloniaje español como en los años de dominio y
dependencia hacia Estados Unidos.
Precursora en
ese camino fue Gertrudis Gómez de Avellaneda, La Peregrina, quien
fundó en 1860 la revista Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello, que
marcó el despegue de la prensa femenina en el país. Tanto en Álbum
como en sus escritos en diversos periódicos, la Avellaneda dio
cabida a las reclamaciones de las mujeres cubanas dentro del sistema
colonial.
Y lo fue
también la camagüeyana Domitila García Doménico, quien colaboró con
la Avellaneda en “Álbum”, y fundó en La Habana años después los
semanarios El Eco de Cuba, El Correo de las Damas y La Crónica
Habanera. Fue, además, fundadora de la primera academia de
tipógrafos y encuadernadoras en Cuba.
No puede
olvidarse a Ana Betancourt, también camagüeyana, que tiene el mérito
histórico de haber proclamado en Guáimaro la emancipación de la
mujer el 14 de abril de 1869. Y que fue la primera mujer correctora
de prensa, pues lo hizo en plena manigua en el periódico El Mambí,
editado por su esposo Ignacio Mora de la Pera. Después, en el
exilio, trabajo para la prensa defensora de la independencia de
Cuba.
Y en el siglo
XX, antes de 1950, descollaron las figuras de Ofelia Domínguez,
Mariblanca Sabas Alomá y Mirta Aguirre que con sus plumas y con su
acción combatieron por los derechos de la mujer, entre ellos el
sufragio, y el de los trabajadores, campesinos y pueblo en general.
Ofelia Domínguez, por ejemplo, fue la primera mujer en dirigir un
órgano de prensa diario en Cuba cuando en 1935 lo hace en el
periódico La Palabra luego que Juan Marinello, su director, fue
encarcelado. Mirta Aguirre durante muchos años combinó su cátedra
universitaria con la dirección de las páginas de cine, teatro y
música del periódico Hoy y otras publicaciones del Partido. Por sus
trabajos periodísticos alcanzó varios premios prestigiosos. Y
Mariblanca, santiaguera, quien vivió 82 años, colaboró en la
realización del primer congreso femenino, y estuvo cerca de Mella,
Rubén Martínez Villena y otras relevantes figuras revolucionarias
con las que emprendió proyectos como la Universidad Popular y el
Movimiento de Veteranos y Patriotas. Mariblanca abrazó con fervor el
ideario del programa del Moncada y desde las páginas de distintas
publicaciones, entre ellas El Mundo y Mujeres, defendió su causa de
la revolución triunfante. En 1983, falleció y fue enterrada como lo
pidió: con su uniforme de miliciana.
De la etapa de
1952 al 59 hay símbolos periodísticos que no pueden olvidarse. Marta
Rojas, la cronista de los sucesos del Moncada, y del juicio seguido
a Fidel y los sobrevivientes, que también fue cubierto por otras
tres periodistas. Desde la prensa clandestina mucho hizo otra
querida santiaguera: Gloria Cuadras. Está también Ernestina Otero,
quien era reportera en Palacio y enviada por la revista Bohemia
subió a la Sierra Maestra en 1958 y en Vegas de Jibacoa entrevistó a
Fidel Castro. En Diario de un combatiente, Che Guevara la menciona
en la nota del 1 de junio de 1958 diciendo: “En el camino nos
encontramos con Ernestina Otero, una periodista que nos sacó unas
fotos”. Ernestina Otero falleció años después del triunfo de la
revolución en un accidente de tránsito cuando iba a reportar una
noticia.
Por cierto,
hubo otra periodista cubana, llamada Ana María Borrero, que trabajó
para Carteles, Vanidades, Ellas, Bohemia y Diario de la Marina, que
perdió la vida cuando daba cobertura en México a una visita del
presidente estadounidense Harry S. Truman. Eso ocurrió luego de la
Segunda Guerra Mundial. Ana María fue aplastada por la muchedumbre
cuando se originó un motín circunstancial.
De los años de
revolución –más de medio siglo—han sido muchas las mujeres
periodistas que habría necesidad de mencionar, por su presencia en
escenarios de conflictos armados como Playa Girón, Viet Nam, Guinea
Bissau, Líbano, Argelia, Angola, Etiopía, Bolivia o Nicaragua, o en
misiones de desastres causados por la naturaleza, dentro y fuera de
Cuba, o siguiendo las huellas de las misiones médicas cubanas o
constructores y otros colaboradores cubanos en numerosos países. Son
tantas que no me arriesgo a hacerlo, pues podrían faltar muchas con
un historial destacado. Menciono solo a dos que, quizás, las
represente a todas: a Dora Alonso, escritora y periodista, que en
los días de Girón actuó como corresponsal de guerra para la revista
Bohemia. Dora Alonso falleció hace una década. Y a Tamara Bunke,
Tania la Guerrillera, que no pudo concluir sus estudios de
periodismo en Cuba pues debió cumplir con la misión de organizar el
destacamento guerrillero del Che en Bolivia, donde cayó en combate.
De esos
símbolos ha habido y hay muchas periodistas cubanas y de otros
países que se han desempeñado en los medios cubanos.
Algún día
tendrá que escribirse un libro sobre más destacadas después del
Primero de Enero de 1959 y hasta el presente. De todas aquellas que
estuvieron en escenarios bélicos o de desastres o de otro tipo, y
también de las que con sus bolígrafos, sus máquinas de escribir, sus
cámaras fotográficas, sus computadoras, o ante los micrófonos de la
radio y ante las cámaras de la televisión o desde las redacciones de
diarios y revistas, han informado verazmente y dejado testimonios
día tras día de estos años duros, difíciles y complejos para el
pueblo cubano que ha tenido que enfrentar la política hostil y
criminal de un Imperio que ha pretendido impedir, sin conseguirlo,
que Cuba avance sin claudicar en sus principios hacia un mejor
futuro y a construir un mejor mundo.
(Fuente:
La Jiribilla) |