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Martes 03 de Octubre de 2006


No hay ética en la república bananera de Miami

Juan Marrero

El conflicto de intereses que provocó el despido de tres periodistas del Nuevo Herald que daban cobertura al tema cubano y, a la vez, recibían fuertes sumas de dinero del gobierno de los Estados Unidos como pago por sus comentarios en Radio y TV Martí, ha sido sepultado. La poderosa mafia anexionista y anticubana de Miami, muy vinculada al clan Bush, ha dicho la última palabra, y se acaba de anunciar que el presidente y gerente de la empresa Miami Herald Publishing, Jesús Díaz Jr.,ha presentado su renuncia y que los periodistas cesanteados podrán retornar a la nómina del periódico.

Los periodistas Pablo Alfonso, Wilfredo Cancio y Olga Connor recibieron más de 260 mil dólares del gobierno de Washington por su propaganda anticubana a través de esas emisoras subversivas y, a la vez, sin revelarlo a sus lectores, lo hacían también en una empresa comercial, lo que infringe normas éticas del Herald y muchas otras publicaciones norteamericanas. . Organizaciones como el capítulo del sur de la Florida de la Sociedad de Periodistas Profesionales (Society of Professional Journalists) condenaron los pagos del gobierno a periodistas y respaldaron a Miami Herald Media Co. por su decisión de velar por los principios éticos.

Desde que se adoptó la decisión la ultraderecha política de Miami y los voceros de los grupos terroristas no han descansado en decir que la empresa del Herald se había colocado al servicio de los órganos de seguridad y del gobierno comunista de Cuba. El representante Rafael Díaz Balart, en otra de sus estupideces, declaró que el despido de los periodistas “fue una petición del régimen cubano a la nueva empresa matriz del Herald”. Se trata de una afirmación  absurda, tonta  y risible por su alejamiento de la verdad.  De igual modo, lo es aquella de que The Miami Herald estaba tratando, de tal manera, de “obtener una plaza para su corresponsalía en La Habana”.

En su carta de renuncia, Jesús Díaz Jr. expresó que lamentaba lo ocurrido durante las tres últimas semanas pues “se había creado un ambiente en el cual no es posible para mi dirigir nuestros periódicos de la manera más beneficiosa para nuestra compañía, nuestros lectores, nuestra comunidad, o para mi”. En lugar de Díaz fue nombrado presidente y gerente de la empresa David Landsberg, alguien vinculado desde hace años al Miami Herald.

Díaz intentó, en momentos en que la empresa del Herald pasó a manos de otro consorcio periodístico, sacar al Nuevo Herald, la edición en español, del desprestigio en que la mafia anexionista y anticubana había sumido a esa publicación, convirtiéndola en un verdadero líbelo. A diario en sus páginas se mentía, se deformaba y se manipulaba la realidad de Cuba. La veracidad y la objetividad periodísticas estaban ausentes en sus columnas. Para sus redactores, Fidel Castro no era el Presidente de Cuba, sino “el dictador” o “el tirano” que oprimía y esclavizaba al pueblo; las elecciones libres y democráticas del Poder Popular, los logros en la educación y la salud pública o los avances económicos y sociales eran inexistentes o eran presentados como propaganda del régimen. Durante muchos años, el Nuevo Herald presentó a Cuba como un verdadero infierno y, al propio tiempo, presentaba como “combatientes por la libertad y la democracia” a los grupos terroristas y a criminales como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles radicados en Estados Unidos  En los últimos 8 años ese periódico ha liderado la campaña mentirosa que llevó a la cárcel injustamente a los cinco patriotas cubanos.

Todo eso, por supuesto, ha resultado agradable a los ojos y oídos de la minoría de cubanos intolerantes que viven en Miami y en el sur de la Florida, y que han hecho del anticastrismo una industria con la cual se salpican financieramente. Son, quizás, los poco más de 1 800 suscriptores que en días recientes se dieron de baja del Nuevo Herald en protesta por el despido de los periodistas pagados por el gobierno de Bush.

La crisis de credibilidad no es un asunto sólo del Herald. Está también muy presente en la mayor parte de la gran prensa de Estados Unidos, y se ha acrecentado bajo los dos períodos de gobierno de Bush. Expresiones de ello han sido la reiterada publicación de flagrantes mentiras --lo de las armas de destrucción masiva y los vínculos de Al Qaeda y Saddam Hussein--; la manipulación de informaciones  --las referidas a la lucha contra el terrorismo--; los cómplices silencios -- el caso de los cinco patriotas cubanos encarcelados injustamente en Estados Unidos--; y la compra de plumas --las campañas pagadas por Bush para que se publiquen informes favorables a sus ideas sobre el Medicare o los planes de educación.

En el caso de la maquinaria anticubana, se sabe que siempre ha recibido inyecciones financieras a través de fondos secretos del Gobierno federal, por lo que el actual escándalo se mueve en las formalidades de la superficie pública, sujeta a cierto marco de la ética comercial. Otra cosa sería si se destapara todo lo inmoral de una guerra sucia  que dura casi medio siglo.

Todo ello, y muchos otras acciones escandalosas, repercuten a la larga negativamente en la obtención de publicidad, en la disminución de las ventas de periódicos y, en última instancia, en los bolsillos de los propietarios de los medios.  Y no puede olvidarse que la prensa en el capitalismo es ante todo un negocio. En Estados Unidos, desde 1990, los periódicos han perdido el 15 % de sus lectores.

Tras producirse el cambio de propietarios del Herald, que pasó del consorcio Knight Ridder al también poderoso grupo de prensa McClatchy Corporation, en una operación de 4 500 millones de dólares que involucró a 32 diarios de diferentes ciudades, su nuevo presidente Jesús Díaz Jr. nacido en Cuba, pero formado y educado en Atlanta, donde se graduó en contabilidad y finanzas, trató de aplicar su filosofía y su aspiración de vender más periódicos y ampliar el número de lectores porque ello significa más ganancias. Díaz consideró  que con periodistas comprados por el gobierno  y con informaciones manipuladas y contaminadas ninguna empresa periodística puede llegar a alcanzar tales resultados.

Para ese empresario el periodismo es negocio por encima de todo. Olvidó, sin embargo, que en la república bananera de Miami quien manda es el clan Bush y la mafia.

Díaz Jr., además de despedir a los periodistas de origen cubano por su falta de ética, comenzó a introducir algunos cambios en la línea editorial del Nuevo Herald. Sorprendentemente, por ejemplo, empezaron a publicarse algunas informaciones sobre Cuba con un matiz de objetividad. Como la siguiente, publicada a mediados de septiembre, bajo el título  “Castro se repone paulatinamente”:

“La salud de Fidel Castro mejora y ha comenzado a incorporarse paulatinamente a sus actividades cotidianas, informó su hermano Raúl.

"No crean que el comandante en jefe está tirado en una cama. Tiene un teléfono al lado y si los otros días dije que lo usaba, ahora digo que cada día lo usa más", dijo el martes el presidente interino durante la última sesión del Congreso del Sindicato de Trabajadores Civiles de la Defensa.

"Está cada vez mejor", agregó Raúl Castro según la edición del diario estatal Granma del miércoles.

El histórico líder de la revolución cubana de 80 años de edad dejó por primera vez en cuatro décadas en manos de su hermano el poder de manera temporal.

Durante la Cumbre de los No Alineados (NOAL), realizada la semana pasada en la capital cubana, Raúl Castro --cinco años menor que el hermano-- fungió como anfitrión oficial de las 118 naciones miembros del foro.

Sin embargo, desde su lecho de enfermo, con bata y pijama, Fidel Castro recibió a varios de los dirigentes presentes en la reunión internacional, como a su amigo y homólogo venezolano, Hugo Chávez; el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Alfredo Palacio, quien es médico de profesión y se expresó sorprendido por la recuperación.

Además saludó personalmente al secretario de la ONU, Kofi Annan y al diputado argentino, Miguel Bonasso.

No hay informes oficiales sobre la salud de Castro, considerada un secreto de Estado.

En las imágenes presentadas por la televisión se lo ve más flaco (perdió unos 20 kilos con la operación), pero lúcido.

Desde que nació como un suplemento del The Miami Herald que se distribuía gratuitamente, jamás en ese periódico se publicó una información con ese lenguaje y tono respetuoso hacia Cuba y sus dirigentes. No recuerdo nada parecido. Era una señal que aumentó la preocupación en la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la CIA, otras dependencias Washington y, por supuesto, de la mafia de Miami.

Se apreciaba en los días anteriores a la renuncia de Díaz Jr. que había una fuerte puja en el interior del Herald por mantener la línea editorial agresiva contra Cuba. En la sección en Cuba connotadas figuras terroristas y contrarrevolucionarias mantenían sus espacios, y también periodistas que participan en las campañas diseñadas por Washington contra la Revolución Cubana.

Un claro ejemplo es el caso de Carlos Alberto Montaner, mencionado en el reportaje del Nuevo Herald entre los que recibían suculentas sumas de la Oficina de Transmisiones de las mal llamadas Radio y TV Martí. Este notorio agente de la CIA recibió espacio en el Herald, luego de la denuncia, para tratar de lavar su cara. Le han publicado una extensa carta y, además, un artículo de su hija, Gina, que intenta defenderlo, y que, por cierto, tiene un detalle interesante: reconoce que Firma Press, la empresa que vende los artículos de Montaner al Herald y a decenas de periódicos, es criatura y propiedad de él. En su pretendida defensa, Montaner ha dicho que sus artículos en el Herald se entregan a través de Firma Press, el Herald le paga a Firma Press y Firma Press le paga a él. Pero lo cierto es que Firma Press y Montaner son una misma pieza. ¡Vaya desfachatez!

El caso del Herald es muy ilustrativo de que en la república bananera de Miami las normas éticas no tienen validez alguna si no cuentan con la santificación del clan Bush y la mafia anexionista, terrorista y anticubana.

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