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No hay ética en la república bananera de
Miami
Juan Marrero
El conflicto
de intereses que provocó el despido de tres periodistas del Nuevo
Herald que daban cobertura al tema cubano y, a la vez, recibían
fuertes sumas de dinero del gobierno de los Estados Unidos como pago
por sus comentarios en Radio y TV Martí, ha sido sepultado. La
poderosa mafia anexionista y anticubana de Miami, muy vinculada al
clan Bush, ha dicho la última palabra, y se acaba de anunciar que el
presidente y gerente de la empresa Miami Herald
Publishing,
Jesús Díaz Jr.,ha presentado su renuncia y que los periodistas
cesanteados podrán retornar a la nómina del periódico.
Los
periodistas Pablo Alfonso, Wilfredo Cancio y Olga Connor recibieron
más de 260 mil dólares del gobierno de Washington por su propaganda
anticubana a través de esas emisoras subversivas y, a la vez, sin
revelarlo a sus lectores, lo hacían también en una empresa
comercial, lo que infringe normas éticas del Herald y muchas otras
publicaciones norteamericanas. . Organizaciones como el capítulo del
sur de la Florida de la Sociedad de Periodistas Profesionales (Society
of Professional
Journalists)
condenaron los pagos del gobierno a periodistas y respaldaron a
Miami Herald Media Co. por su decisión de velar por los principios
éticos.
Desde que se
adoptó la decisión la ultraderecha política de Miami y los voceros
de los grupos terroristas no han descansado en decir que la empresa
del Herald se había colocado al servicio de los órganos de seguridad
y del gobierno comunista de Cuba. El representante Rafael Díaz
Balart, en otra de sus estupideces, declaró que el despido de los
periodistas “fue una petición del régimen cubano a la nueva empresa
matriz del Herald”. Se trata de una afirmación absurda, tonta y
risible por su alejamiento de la verdad. De igual modo, lo es
aquella de que The Miami Herald estaba tratando, de tal manera, de
“obtener una plaza para su corresponsalía en La Habana”.
En su carta de
renuncia, Jesús Díaz Jr. expresó que lamentaba lo ocurrido durante
las tres últimas semanas pues “se había creado un ambiente en el
cual no es posible para mi dirigir nuestros periódicos de la manera
más beneficiosa para nuestra compañía, nuestros lectores, nuestra
comunidad, o para mi”. En lugar de Díaz fue nombrado presidente y
gerente de la empresa David Landsberg, alguien vinculado desde hace
años al Miami Herald.
Díaz intentó,
en momentos en que la empresa del Herald pasó a manos de otro
consorcio periodístico, sacar al Nuevo Herald, la edición en
español, del desprestigio en que la mafia anexionista y anticubana
había sumido a esa publicación, convirtiéndola en un verdadero
líbelo. A diario en sus páginas se mentía, se deformaba y se
manipulaba la realidad de Cuba. La veracidad y la objetividad
periodísticas estaban ausentes en sus columnas. Para sus redactores,
Fidel Castro no era el Presidente de Cuba, sino “el dictador” o “el
tirano” que oprimía y esclavizaba al pueblo; las elecciones libres y
democráticas del Poder Popular, los logros en la educación y la
salud pública o los avances económicos y sociales eran inexistentes
o eran presentados como propaganda del régimen. Durante muchos años,
el Nuevo Herald presentó a Cuba como un verdadero infierno y, al
propio tiempo, presentaba como “combatientes por la libertad y la
democracia” a los grupos terroristas y a criminales como Orlando
Bosch y Luis Posada Carriles radicados en Estados Unidos En los
últimos 8 años ese periódico ha liderado la campaña mentirosa que
llevó a la cárcel injustamente a los cinco patriotas cubanos.
Todo eso, por
supuesto, ha resultado agradable a los ojos y oídos de la minoría de
cubanos intolerantes que viven en Miami y en el sur de la Florida, y
que han hecho del anticastrismo una industria con la cual se
salpican financieramente. Son, quizás, los poco más de 1 800
suscriptores que en días recientes se dieron de baja del Nuevo
Herald en protesta por el despido de los periodistas pagados por el
gobierno de Bush.
La crisis de
credibilidad no es un asunto sólo del Herald. Está también muy
presente en la mayor parte de la gran prensa de Estados Unidos, y se
ha acrecentado bajo los dos períodos de gobierno de Bush.
Expresiones de ello han sido la reiterada publicación de flagrantes
mentiras --lo de las armas de destrucción masiva y los vínculos de
Al Qaeda y Saddam Hussein--; la manipulación de informaciones --las
referidas a la lucha contra el terrorismo--; los cómplices silencios
-- el caso de los cinco patriotas cubanos encarcelados injustamente
en Estados Unidos--; y la compra de plumas --las campañas pagadas
por Bush para que se publiquen informes favorables a sus ideas sobre
el Medicare o los planes de educación.
En el caso de
la maquinaria anticubana, se sabe que siempre ha recibido
inyecciones financieras a través de fondos secretos del Gobierno
federal, por lo que el actual escándalo se mueve en las formalidades
de la superficie pública, sujeta a cierto marco de la ética
comercial. Otra cosa sería si se destapara todo lo inmoral de una
guerra sucia que dura casi medio siglo.
Todo ello, y
muchos otras acciones escandalosas, repercuten a la larga
negativamente en la obtención de publicidad, en la disminución de
las ventas de periódicos y, en última instancia, en los bolsillos de
los propietarios de los medios. Y no puede olvidarse que la prensa
en el capitalismo es ante todo un negocio. En Estados Unidos, desde
1990, los periódicos han perdido el 15 % de sus lectores.
Tras
producirse el cambio de propietarios del Herald, que pasó del
consorcio Knight Ridder al también poderoso grupo de prensa
McClatchy Corporation, en una operación de 4 500 millones de dólares
que involucró a 32 diarios de diferentes ciudades, su nuevo
presidente Jesús Díaz Jr. nacido en Cuba, pero formado y educado en
Atlanta, donde se graduó en contabilidad y finanzas, trató de
aplicar su filosofía y su aspiración de vender más periódicos y
ampliar el número de lectores porque ello significa más ganancias.
Díaz consideró que con periodistas comprados por el gobierno y con
informaciones manipuladas y contaminadas ninguna empresa
periodística puede llegar a alcanzar tales resultados.
Para ese
empresario el periodismo es negocio por encima de todo. Olvidó, sin
embargo, que en la república bananera de Miami quien manda es el
clan Bush y la mafia.
Díaz Jr.,
además de despedir a los periodistas de origen cubano por su falta
de ética, comenzó a introducir algunos cambios en la línea editorial
del Nuevo Herald. Sorprendentemente, por ejemplo, empezaron a
publicarse algunas informaciones sobre Cuba con un matiz de
objetividad. Como la siguiente, publicada a mediados de septiembre,
bajo el título “Castro se repone paulatinamente”:
“La salud
de Fidel Castro mejora y ha comenzado a incorporarse paulatinamente
a sus actividades cotidianas, informó su hermano Raúl.
"No crean
que el comandante en jefe está tirado en una cama. Tiene un teléfono
al lado y si los otros días dije que lo usaba, ahora digo que cada
día lo usa más", dijo el martes el presidente interino durante la
última sesión del Congreso del Sindicato de Trabajadores Civiles de
la Defensa.
"Está cada
vez mejor", agregó Raúl Castro según la edición del diario estatal
Granma del miércoles.
El
histórico líder de la revolución cubana de 80 años de edad dejó por
primera vez en cuatro décadas en manos de su hermano el poder de
manera temporal.
Durante la
Cumbre de los No Alineados (NOAL), realizada la semana pasada en la
capital cubana, Raúl Castro --cinco años menor que el hermano--
fungió como anfitrión oficial de las 118 naciones miembros del foro.
Sin
embargo, desde su lecho de enfermo, con bata y pijama, Fidel Castro
recibió a varios de los dirigentes presentes en la reunión
internacional, como a su amigo y homólogo venezolano, Hugo Chávez;
el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Alfredo Palacio, quien es
médico de profesión y se expresó sorprendido por la recuperación.
Además
saludó personalmente al secretario de la ONU, Kofi Annan y al
diputado argentino, Miguel Bonasso.
No hay
informes oficiales sobre la salud de Castro, considerada un secreto
de Estado.
En las
imágenes presentadas por la televisión se lo ve más flaco (perdió
unos 20 kilos con la operación), pero lúcido.
Desde que
nació como un suplemento del The Miami Herald que se distribuía
gratuitamente, jamás en ese periódico se publicó una información con
ese lenguaje y tono respetuoso hacia Cuba y sus dirigentes. No
recuerdo nada parecido. Era una señal que aumentó la preocupación en
la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la CIA, otras
dependencias Washington y, por supuesto, de la mafia de Miami.
Se apreciaba
en los días anteriores a la renuncia de Díaz Jr. que había una
fuerte puja en el interior del Herald por mantener la línea
editorial agresiva contra Cuba. En la sección en Cuba connotadas
figuras terroristas y contrarrevolucionarias mantenían sus espacios,
y también periodistas que participan en las campañas diseñadas por
Washington contra la Revolución Cubana.
Un claro
ejemplo es el caso de Carlos Alberto Montaner, mencionado en el
reportaje del Nuevo Herald entre los que recibían suculentas sumas
de la Oficina de Transmisiones de las mal llamadas Radio y TV Martí.
Este notorio agente de la CIA recibió espacio en el Herald, luego de
la denuncia, para tratar de lavar su cara. Le han publicado una
extensa carta y, además, un artículo de su hija, Gina, que intenta
defenderlo, y que, por cierto, tiene un detalle interesante:
reconoce que Firma Press, la empresa que vende los artículos de
Montaner al Herald y a decenas de periódicos, es criatura y
propiedad de él. En su pretendida defensa, Montaner ha dicho que sus
artículos en el Herald se entregan a través de Firma Press, el
Herald le paga a Firma Press y Firma Press le paga a él. Pero lo
cierto es que Firma Press y Montaner son una misma pieza. ¡Vaya
desfachatez!
El caso del
Herald es muy ilustrativo de que en la república bananera de Miami
las normas éticas no tienen validez alguna si no cuentan con la
santificación del clan Bush y la mafia anexionista, terrorista y
anticubana.
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