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La lucha sigue, cambia la velocidad
Juan Carlos Camaño*
“…una
máxima en el manejo de los mismos (de los esclavos) es que el
sistema económico más eficaz es aquel que en el menor espacio de
tiempo extrae del ganado humano (human chattel) el mayor volumen de
rendimiento posible”.
Carlos Marx. El Capital)
Parece
muy temerario asegurar, ante el vértigo y la violencia impuesta por
el imperialismo, con sede central en EE.UU., que disponemos de “todo
el tiempo del mundo” para cambiar las relaciones de poder injustas
dominantes en el planeta. Sin embargo, no suena lejano, ni
imposible, actuar hoy –ahora, ya, intensificando la velocidad- en la
disputa por el sentido –lucha ideológica- en el campo de la
información-comunicación.
Es
más, esa lucha está ocurriendo, con nuevos bríos, muy especialmente
en nuestro continente, a pesar de que debemos enfrentarnos a la
fuerza y la furia del capital desatadas a todo o nada, a matar o
morir, exactamente cuánto más resistencia encuentra. Durísima
batalla, entonces, tratándose de la disputa por la propiedad, en
este caso, de los medios de producción ideológica.
Hace
casi una década, la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP,
acuñó una consigna –fruto de muchos años de experiencia teórica
forjada en la confrontación diaria y directa con los dueños de
medios nacionales y transnacionales de la información-comunicación-:
“En la lucha de ideas, las ideas que no se conocen no luchan”.
Así,
con tal definición, concluyó la FELAP su IX Congreso, realizado en
Pátzcuaro, Michoacán, México, en el año 2003. Y potenció su decisión
de propiciar, desarrollar y avanzar con “sus” medios propios,
consciente de la disparidad de fuerzas respecto de un oponente de
múltiples capacidades destructivas.
Nuevamente
la FELAP, volvió a apostar de tal manera por una conjunción de
soportes técnicos y de su propio rodaje conceptual adquirido de la
literatura revolucionaria y, como fuera dicho, de las tensiones y
resistencias que se fraguan en la práctica de decir y actuar lo
prohibido, a pesar de las persecuciones, desapariciones y crímenes.
De no callar, nunca.
Casi
diez años después del mencionado Congreso, la FELAP ha crecido, con
más o menos “medios propios”. Sus históricas ideas -1976-2012,
también refrendadas en el X Congreso de Villa Gesell, Buenos Aires,
Argentina-2007-, sobre el rol del Estado, el papel de la prensa, la
identidad de asalariados de los periodistas-trabajadores de prensa,
la soberanía de nuestros pueblos, la justa distribución de la
riqueza para –entre otras cuestiones vitales- hacer real la
democracia informativa-comunicacional, están, ahora, en el orden del
día en la región y en diferentes geografías de la calamitosa Europa,
puesta a gatear sobre sus escombros por banqueros, tecnócratas y
tahúres.
Y
con orgullo la FELAP se siente parte de haber construido este
presente, parte de haber insistido en revelar que el poder de los
medios, y sobre los medios, es inherente al poder del dinero con que
el poder dominante hace que seamos esclavos de sus privilegios, su
moral, su ética, su sentido común, su visión filosófica-ideológica
del bien y el mal, de la vida y la muerte. Del total de un todo que
abarca el infinito.
Orgullosa,
la FELAP, claro que sí, por este presente que le pertenece.
Orgullosa por su resistencia a aquel pasado tan neoliberal y tan
regado de multitudinarias aceptaciones sumisas, complicidades
“gallardamente” asumidas y jolgorios impunes.
En
un contexto
que habla en distintos idiomas sobre qué pretenden los dueños del
dinero y de los medios –maximizar su rentabilidad en el menor tiempo
posible, ajustando el punto de mira en dirección al cerebro de una
inmensa masa de esclavos de nueva generación-, la FELAP renueva sus
herramientas de comunicación, por citar solo un ejemplo –www.felap.org---
y, principalmente intenta una mayor velocidad en la expansión del
mensaje contra-hegemónico.
Y
así camina la FELAP hacia su XI Congreso, del próximo mes de
septiembre, a hacerse en Caracas, República Bolivariana de
Venezuela, en circunstancias históricas tan extremadamente complejas
como desafiantes. Y, por sobre todo, extraordinariamente exigentes,
donde uno de los retos centrales ha de ser, sin hacerle culto
enfermizo a la inteligencia, apelar a ella para no subestimar la
organización en la lucha y no renunciar a una estrategia capaz de
estar a la altura de la confrontación planteada: el imperio de la
vida digna para todos o la barbarie. Confrontación que excede en
largo cualquier urgencia “profesionalista”, sinónimo de desvarío en
un tiempo en llamas.
*Presidente de la FELAP
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