Geopolítica del petróleo
Jorge Gómez Barata
Colón no
descubrió a América ni los norteamericanos el petróleo, pero uno
incorporó al Nuevo Mundo a las corrientes civilizatorias
occidentales y los otros hicieron del combustible la base de la
prosperidad del capitalismo.
En 1859
los norteamericanos perforaron con éxito los primeros pozos con
fines comerciales, rápidamente inventaron los métodos para
refinarlo e introdujeron masivamente el automóvil, base de una
civilización consumidora de hidrocarburos en una escala jamás
imaginada. Ningún producto ha influido tanto en el progreso de
la humanidad y ninguno podría acarrearle desgracias mayores.
La base
del milagro económico norteamericano fue ensamblar el dinamismo
propiciado por el liberalismo económico practicado en un
territorio inmenso, extraordinariamente rico y abierto a la
emigración, con una fuente de energía abundante y barata que
propició una larga era de prosperidad económica. Durante más de
un siglo Estados Unidos sostuvo su economía y su desarrollo,
incluso su condición de imperio sobre la base del petróleo del
que durante más de 100 años fue el primer productor y
exportador.
El
petróleo sin embargo se ha convertido en el Talón de Aquiles de
los Estados Unidos que posee todas las armas…excepto una: el
petróleo. El 40 por ciento de la energía y casi el 100 por
ciento del combustible que utilizan los norteamericanos son
importados.
Según
algunos autores la decadencia de Estados Unidos comenzó cuando
en 1973, la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP), formada por 13 países del Tercer Mundo, siete de ellos
árabes y algunos minúsculos, los desafiaron, imponiendo a todo
Occidente un embargo y estableciendo sus precios y sus
condiciones. Desde entonces el petróleo es uno de los ejes de la
geopolítica mundial.
Actualmente el 60 por ciento de las reservas mundiales de
petróleo se concentran en los países del golfo Pérsico,
proporción que crece constantemente no sólo porque en esa región
se perforan nuevos pozos sino porque las de otros países se
consumen rápidamente. En 1950 Estados Unidos producía todo el
petróleo que necesitaba y era el primer exportador mundial; hoy
produce menos del 30 por ciento del que necesita y su
dependencia en lugar de disminuir aumenta.
El
petróleo es vital no sólo para mantener en funcionamiento la
gigantesca economía norteamericana sino para las operaciones de
su descomunal maquinaria militar que consume alrededor de 500
millones de barriles anuales. Si el Pentágono fuera un país, por
consumo de petróleo ocuparía el lugar 35 entre doscientos. Las
elites imperiales conocen los datos y no ignoran que si el
estrecho de Ormuz se cerrara y Venezuela, México y Nigeria
dejaran de suministrarle petróleo, su economía colapsaría y su
fuerza militar sería un montón de chatarra.
La mala
noticia es que los imperios se comportan como tales. Para
Estados Unidos que, a pesar de las crisis y otros síntomas de
decadencia, está todavía muy lejos de un punto crítico es más
viable y rentable controlar las reservas de petróleo existentes
que gastar en prospecciones extremadamente caras o en
inversiones en fuentes alternativas que, en cualquier caso
pueden realizarse sin prisa. A pesar de los precios exuberantes,
en adquirir petróleo, Norteamérica gasta alrededor del 10 por
ciento de su PIB; el problema no es económico, es de
seguridad.
De ahí la
estrategia norteamericana vigente desde la década de los setenta
cuando a los riesgos de la Guerra Fría se sumó el embargo
petrolero de la OPEP, la audacia expansionista de la Unión
Soviética que invadió a Afganistán y el derrocamiento del Sha en
Irán que llevó al poder a un movimiento islámico radical con el
cual hasta hoy no ha podido lidiar y ante lo cual en 1980, el
presidente James Carter esbozó una doctrina según la cual:
“Cualquier amenaza al acceso de Estados Unidos al petróleo del
Medio Oriente enfrentará la resistencia por cualquier medio,
incluidos los militares…”
Una
peculiaridad del petróleo es que más del 70 por ciento de las
reservas probadas se encuentran en los países musulmanes del
golfo Pérsico, ubicados en el Medio Oriente, la más conflictiva
de las regiones del mundo, el lugar donde desde hace 60 años no
cesa el peligro de guerra, un escenario en el cual los
conflictos locales inevitablemente adquieren relevancia global y
donde la existencia de Israel coloca a todos los países en ruta
de colisión con Estados Unidos.
Actualmente no existe ningún asunto estratégico que para Estados
Unidos tenga una prioridad mayor que el petróleo, tanto que está
a punto de conducirlo a su aventura militar más grande y
complicada desde la Guerra de Corea.
La
geopolítica del petróleo tiene dos ramas: una la que se realiza
por medios pacíficos y otra que presenta fuertes componentes
militares.
(Fuente: EnMoncada)