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Bloguear o no
bloguear…
José Dos Santos
La Fundación del Español Urgente (FUNDÉU)
dedica el número 9 de su boletín “Donde dice…” al mundo de la
terminología en nuestro idioma.
Por su importancia le haremos llegar
en este espacio de El Centinela algunos de los asuntos, reflexiones
y recomendaciones que más actualidad tienen para los que utilizamos
el lenguaje en la misión comunicativa.
Comenzaré por el término blog,
considerado por Judith Freixa, en su artículo “Neologismos
frecuentes del español”, como el mayor.
Blog “denomina una nueva realidad”.
Es, básicamente, una página personal en internet, sin fines de lucro
y que se diseña y pone online muy fácilmente. “Significa
bitácora… en la web, weblog”.
Dice la especialista que “el escritor
de blogs es cada día más activo. Internet ha pasado de ser la gran
biblioteca a ser la gran conversación”.
Es un neologismo ya instalado en la
lengua que va acompañado de palabras de la misma familia. Entre
ellas “bloguero” y “weblogger”.
Ya en 2004 se señalaba que “entre los
webloggers es más habitual leer hasta 20 o 50 weblogs ´probablemente
por la necesidad de estar al día de lo que sucede en la blogosfera y
por su mayor implicación en este pequeño universo”.
En 2005, según cita la autora del
trabajo mencionado, se hablaba de la existencia de millón y medio de
bitácoras en activo. Tres cuartas partes de los creadores de ese
sitio personal lo hacían en 2006 para expresar y mantener relaciones
con familia y amigos. Por junio de ese año se precisaba que cada
seis meses se duplicaba la población de la blogosfera, que en ese
momento era 60 veces más grande que hacía tres años.
Entre
los términos derivados se utilizan fotoblog, blogrolling y blog ging.
El significado del primero es fácil de deducir. El segundo
identifica a la acción de los webloggers de difundir entre si sus
páginas, generalmente mediante una lista de bitácoras preferidas. El
tercero se lo debo porque ni siquiera la especialista fue clara al
hablar sobre él.
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