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Viernes, 30 de Julio de 2010


Diversos autos museables ruedan por Cuba

 

Por Ángela Oramas Camero

 

Muchos visitantes afirman que no existe otro país como Cuba que en sus calles exhiba el insólito museo rodante de fotingos con diversas marcas y fechas de fabricación. En la actualidad, son los turistas los únicos que se asombran ante la gran cantidad de vehículos y  modelos antiguos que continúan ofreciendo el servicio de taxi, pues para los nacidos en la isla es una visión tan cotidiana que apenas amerita la admiración.

 

Así este 19 de julio preciosas reliquias de coches en las categorías de clásicos, exclusivos, deportivos y antiguos se “pavonearon” por avenidas capitalinas, con disímiles marcas y fechas de fabricación que oscilaron entre l935 y 1980. Por ello, mostrando un perfecto u original estado mecánico compitieron Cadillac, Chevrolet, Mercedes Benz, Fiat, Lada y otros. No es por gusto la afirmación de que en la Isla se halla la mejor experiencia de conservación de máquinas mecánicas.

 

Tal iniciativa tiene el antecedente de la creación en  el decenio del 90 del club de más de un centenar autos clásicos y antiguos que, bajo el requisito de presentar la total originalidad, dirigió Lorenzo Verdecia Espinosa, quien era  productor de la televisión cubana y por ello andaba en la búsqueda de los viejos artefactos con miras a las utilizaciones en filmes.

 

Asimismo, en  el municipio Habana Vieja se halla el Museo del Automóvil de la Ciudad, que atesora carros clásicos y antiguos de sorprendente conservación, pese a que muchos rodaron antes de 1950.  Entre estos se muestran los  pertenecientes a personalidades de la cultura, la política y el comercio. Uno fue conducido por Flor Loynaz del Castillo que le dedicó encendidos versos y que también sirvió para pasear por las calles habaneras al gran poeta español Federico García Lorca.

 

Allí se exhibe un Cadillac de 1905, modelo E, propiedad del acaudalado farmacéutico Ernesto Sarrá, uno de los primeros importadores de fotingos en la Isla, y  fue quien introdujo  el segundo auto llegado a la capital cubana, el modelo Rochet &Schneider  de ocho caballos de fuerza y con velocidad  de 30 kilómetros por hora.  Se muestra también en este Museo,  el único automóvil, de marca inglesa,  que tuvo  el llamado bárbaro del ritmo, Benny Moré.

 

Atrás  va quedando el mote de fotingo, una criollísima manera de traducir al castellano el antiguo eslogan publicitario de  voz inglesa, foot go, y el de  carros americanos como fueron llamados  los numerosos autos con marcas de fabricación en los Estados Unidos,  muchos de los cuales son sustituidos por otros nombres populares en correspondencia con el modelo o la capacidad.  De ahí,  figuran los almendrones, donde viajan hasta 12 personas. Mientras, desde  hace unos años, de las calles capitalinas desapareció El camello, una rústica guagua que en cada itinerario trasladaba más de 200 pasajeros.

 

Cuentan que en 1898 rodó por las calles habaneras el primer auto, La Parisienne, conducido por el dueño, el cubano José Muñoz radicado desde hacía años en Francia. A su lado viajaba la esposa, lo cual se convirtió en moda según las fotos divulgadas en periódicos.  Es decir que todo chofer llevaba como copiloto a la amiga, novia o esposa.

 

El ruidoso fotingo a su paso, con velocidad máxima de 12 kilómetros por hora,  ocasionaba nubes de polvo; mientras espantados los perros ladraban y las mulas de carga  dejaban caer la carga de los lomos.  Entretanto, los comercios cerraban y los peatones corrían a “protegerse” en sus hogares de la “bestia mecánica”, como fue denominada La Parisienne  por el diario El Fígaro.  El novedoso auto  de cuatro caballos de fuerza consumía gasolina, que por aquel año sólo podía comprarse en droguerías o farmacias, pues el negocio del “servicentro”, llamado por los cubanos hasta hace poco garaje, tuvo lugar alrededor de 1905, propiedad de Dámaso Lain.

 

Pese a imprudencias de peatones y alarmas de animales, en el debut no hubo accidente, pues el primero registrado sucedió ocho años más tarde, cuando el chofer Luís Marx,  pasado de tragos, atropelló al dependiente Justo Fernández (causándole la muerte), en el crucero de Montes y Ángeles. En el auto viajaba  de regreso de un banquete y camino al hogar, el entonces presidente de la República don Tomás Estrada Palma.

 

Otros datos curiosos refieren que el primer semáforo, un Eagle norteamericano, fue emplazado en 1930 en la esquina de Prado y Neptuno, y ese mismo año también fue instalado el de la intersección de Belascoaín y Zanja.  Asimismo, el primer transporte público de motor,  la guagua modelo Callidac,  llegó en 1902 para cubrir la ruta Habana- Playa Cojimar y ofrecer servicio a cuatro pasajeros, además del chofer, seguida en 1907 por la guagua del recorrido entre Güira de Melena y San Antonio de los Baños, en la que podían viajar hasta 15 personas.

 

Dámaso Lain obtuvo un lugar de honor  con el carro francés de la marca Darracq, durante la primera carrera oficial celebrada en La Habana con cinco autos, en el tramo del puente de La Lisa a Guanajay; distancia salvadas en 57 minutos por el ganador.  Cada chofer llevó  de copiloto a la esposa o novia, como fue la costumbre.  Entre los competidores se hallaron el ministro de los EE.UU. en Cuba Mr. Squiers; el administrador de los tranvías de La Habana, Mr. Greenwood, y el también adinerado Enrique Conill.

 

La segunda competencia de automóviles se realizó el 12 de febrero de 1905 entre Arroyo Arenas (Habana) y San Cristóbal (Pinar del Río), con la asistencia de conductores de EE.UU., Francia e Italia, la que estableció una marca mundial de velocidad.  La ganó Ernesto Carricaburo con un Mercedes Benz, quien hizo el recorrido en una hora, 50 minutos y 52 segundos, a la velocidad promedio de 53 millas por hora.

 

Para la distribución de cigarros y tabacos la empresa Guardia y Cía., compró el tercer vehículo traído desde Francia a La Habana por Muñoz, un camión  de marca Parisienne de cuatro caballos de fuerza. En 1899, este fue continuado por el auto estadounidense  Locomovile of América, propiedad de Rafael Arazoza, editor de La Gaceta de La Habana,  y cuatro años después por Santiago de Cuba rodó otro bellísimo automóvil americano,conducido por Charles Broock. 

 

La aristocracia habanera adquirió tantos autos que fue necesario en 1905 crear una comisión de examen, presidida por Ernesto Carricaburo, para el otorgamiento de los títulos oficiales de chóferes y como es de suponer las pruebas no tuvieron en cuenta los conocimientos acerca de las señales del tránsito, pues todavía estas no aparecían en las calles, ni siquiera los semáforos.

 

Ya para 1913 rodaban en Cuba un millar de fotingos y en 1917 la célebre Macorina, María Calvo Nodarse,  puso las manos sobre un timón para convertirse en la primera mujer que condujo un auto en Ciudad de La Habana. El hecho causó escándalo, que unido a la vida de poca reputación de esta dama (fue amante de personajes de la política y de acaudalados hombres del negocio), motivó la canción popular del estribillo: …ponme la mano aquí Macorina.

 

Abundante agua ha pasado por debajo de los puentes desde el inicio de la historia del automovilismo en la Isla.  Innumerables anécdotas se podrán contar sobre las piezas museables que todavía ruedan en el siglo XXI y de los por qué de las famas alcanzadas por los ingenieros mecánicos, que mantienen -y no por magia- la originalidad de tales reliquias. 

(Fuente: Cubarte)
 

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