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Diversos
autos museables ruedan por Cuba
Por Ángela Oramas Camero
Muchos visitantes afirman que no existe otro país como Cuba que en
sus calles exhiba el insólito museo rodante de fotingos con diversas
marcas y fechas de fabricación. En la actualidad, son los turistas
los únicos que se asombran ante la gran cantidad de vehículos y
modelos antiguos que continúan ofreciendo el servicio de taxi, pues
para los nacidos en la isla es una visión tan cotidiana que apenas
amerita la admiración.
Así este 19 de julio preciosas reliquias de coches en las categorías
de clásicos, exclusivos, deportivos y antiguos se “pavonearon” por
avenidas capitalinas, con disímiles marcas y fechas de fabricación
que oscilaron entre l935 y 1980. Por ello, mostrando un perfecto u
original estado mecánico compitieron Cadillac, Chevrolet, Mercedes
Benz, Fiat, Lada y otros. No es por gusto la afirmación de que en la
Isla se halla la mejor experiencia de conservación de máquinas
mecánicas.
Tal iniciativa tiene el antecedente de la creación en el decenio
del 90 del club de más de un centenar autos clásicos y antiguos que,
bajo el requisito de presentar la total originalidad, dirigió
Lorenzo Verdecia Espinosa, quien era productor de la televisión
cubana y por ello andaba en la búsqueda de los viejos artefactos con
miras a las utilizaciones en filmes.
Asimismo, en el municipio Habana Vieja se halla el Museo del
Automóvil de la Ciudad, que atesora carros clásicos y antiguos de
sorprendente conservación, pese a que muchos rodaron antes de 1950.
Entre estos se muestran los pertenecientes a personalidades de la
cultura, la política y el comercio. Uno fue conducido por Flor
Loynaz del Castillo que le dedicó encendidos versos y que también
sirvió para pasear por las calles habaneras al gran poeta español
Federico García Lorca.
Allí se exhibe un Cadillac de 1905, modelo E, propiedad del
acaudalado farmacéutico Ernesto Sarrá, uno de los primeros
importadores de fotingos en la Isla, y fue quien introdujo el
segundo auto llegado a la capital cubana, el modelo Rochet &Schneider
de ocho caballos de fuerza y con velocidad de 30 kilómetros por
hora. Se muestra también en este Museo, el único automóvil, de
marca inglesa, que tuvo el llamado bárbaro del ritmo, Benny Moré.
Atrás va quedando el mote de fotingo, una criollísima manera de
traducir al castellano el antiguo eslogan publicitario de voz
inglesa, foot go, y el de carros americanos como fueron llamados
los numerosos autos con marcas de fabricación en los Estados
Unidos, muchos de los cuales son sustituidos por otros nombres
populares en correspondencia con el modelo o la capacidad. De ahí,
figuran los almendrones, donde viajan hasta 12 personas. Mientras,
desde hace unos años, de las calles capitalinas desapareció El
camello, una rústica guagua que en cada itinerario trasladaba más de
200 pasajeros.
Cuentan que en 1898 rodó por las calles habaneras el primer auto, La
Parisienne, conducido por el dueño, el cubano José Muñoz radicado
desde hacía años en Francia. A su lado viajaba la esposa, lo cual se
convirtió en moda según las fotos divulgadas en periódicos. Es
decir que todo chofer llevaba como copiloto a la amiga, novia o
esposa.
El ruidoso fotingo a su paso, con velocidad máxima de 12 kilómetros
por hora, ocasionaba nubes de polvo; mientras espantados los perros
ladraban y las mulas de carga dejaban caer la carga de los lomos.
Entretanto, los comercios cerraban y los peatones corrían a
“protegerse” en sus hogares de la “bestia mecánica”, como fue
denominada La Parisienne por el diario El Fígaro. El novedoso
auto de cuatro caballos de fuerza consumía gasolina, que por aquel
año sólo podía comprarse en droguerías o farmacias, pues el negocio
del “servicentro”, llamado por los cubanos hasta hace poco garaje,
tuvo lugar alrededor de 1905, propiedad de Dámaso Lain.
Pese a imprudencias de peatones y alarmas de animales, en el debut
no hubo accidente, pues el primero registrado sucedió ocho años más
tarde, cuando el chofer Luís Marx, pasado de tragos, atropelló al
dependiente Justo Fernández (causándole la muerte), en el crucero de
Montes y Ángeles. En el auto viajaba de regreso de un banquete y
camino al hogar, el entonces presidente de la República don Tomás
Estrada Palma.
Otros datos curiosos refieren que el primer semáforo, un Eagle
norteamericano, fue emplazado en 1930 en la esquina de Prado y
Neptuno, y ese mismo año también fue instalado el de la intersección
de Belascoaín y Zanja. Asimismo, el primer transporte público de
motor, la guagua modelo Callidac, llegó en 1902 para cubrir la
ruta Habana- Playa Cojimar y ofrecer servicio a cuatro pasajeros,
además del chofer, seguida en 1907 por la guagua del recorrido entre
Güira de Melena y San Antonio de los Baños, en la que podían viajar
hasta 15 personas.
Dámaso Lain obtuvo un lugar de honor con el carro francés de la
marca Darracq, durante la primera carrera oficial celebrada en La
Habana con cinco autos, en el tramo del puente de La Lisa a Guanajay;
distancia salvadas en 57 minutos por el ganador. Cada chofer llevó
de copiloto a la esposa o novia, como fue la costumbre. Entre los
competidores se hallaron el ministro de los EE.UU. en Cuba Mr.
Squiers; el administrador de los tranvías de La Habana, Mr.
Greenwood, y el también adinerado Enrique Conill.
La segunda competencia de automóviles se realizó el 12 de febrero de
1905 entre Arroyo Arenas (Habana) y San Cristóbal (Pinar del Río),
con la asistencia de conductores de EE.UU., Francia e Italia, la que
estableció una marca mundial de velocidad. La ganó Ernesto
Carricaburo con un Mercedes Benz, quien hizo el recorrido en una
hora, 50 minutos y 52 segundos, a la velocidad promedio de 53 millas
por hora.
Para la distribución de cigarros y tabacos la empresa Guardia y
Cía., compró el tercer vehículo traído desde Francia a La Habana por
Muñoz, un camión de marca Parisienne de cuatro caballos de fuerza.
En 1899, este fue continuado por el auto estadounidense Locomovile
of América, propiedad de Rafael Arazoza, editor de La Gaceta de La
Habana, y cuatro años después por Santiago de Cuba rodó otro
bellísimo automóvil americano,conducido por Charles Broock.
La aristocracia habanera adquirió tantos autos que fue necesario en
1905 crear una comisión de examen, presidida por Ernesto Carricaburo,
para el otorgamiento de los títulos oficiales de chóferes y como es
de suponer las pruebas no tuvieron en cuenta los conocimientos
acerca de las señales del tránsito, pues todavía estas no aparecían
en las calles, ni siquiera los semáforos.
Ya para 1913 rodaban en Cuba un millar de fotingos y en 1917 la
célebre Macorina, María Calvo Nodarse, puso las manos sobre un
timón para convertirse en la primera mujer que condujo un auto en
Ciudad de La Habana. El hecho causó escándalo, que unido a la vida
de poca reputación de esta dama (fue amante de personajes de la
política y de acaudalados hombres del negocio), motivó la canción
popular del estribillo: …ponme la mano aquí Macorina.
Abundante agua ha pasado por debajo de los puentes desde el inicio
de la historia del automovilismo en la Isla. Innumerables anécdotas
se podrán contar sobre las piezas museables que todavía ruedan en el
siglo XXI y de los por qué de las famas alcanzadas por los
ingenieros mecánicos, que mantienen -y no por magia- la originalidad
de tales reliquias.
(Fuente:
Cubarte)
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