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José Cantón Navarro, siempre martiano
Roberto Rodríguez Menéndez
Hace, por
estos días de julio, dos años de la desaparición física de uno de
nuestros más importantes estudiosos de la Historia patria: José
Cantón Navarro. Aun dudo de haber escrito "desaparición" pues (y es
la verdad) casi continuamente voy a sus libros en busca de un dato
preciso, de una opinión esclarecedora sobre momentos, excepcionales
o no, de nuestra Historia. Y con toda intención digo "o no" pues
Cantón Navarro es (con leal intención lo escribo así) de esos
estudiosos que olfateaban con precisión matemática un simple hecho,
un comentario al vuelo, un dato perdido entre líneas o quizá entre
recuerdos orales.
De toda la
obra, y no menor, desarrollada en libros, artículos, folletos,
conferencias, resalta con fortaleza cristalina el pensamiento
martiano en todo el aporte que significó y significa para la lucha
del pueblo cubano desde el intenso siglo XIX hasta el presente donde
es arma definitorio para el combate mediático que estos tiempos
imponen.
No obstante,
es inevitable recordar datos esenciales sobre la vida de José Cantón
Navarro ilustre hijo de Pinar del Río, nacido un 18 de julio de
1925: Maestro Normalista, Doctor en Ciencias Históricas,
Investigador Titular. Profesor Titular Adjunto de la Universidad de
La Habana y de la Escuela Superior del PCC Ñico López, ejerció la
docencia, consecutivamente, en enseñanza Primaria, Secundaria
Básica, Preuniversitaria y Superior, y en los campos de las Ciencias
Sociales, la Filosofía, la Literatura, y otras ramas de la ciencia,
durante más de 55 años, a lo que se agregó una labor continuada de
investigación en las Ciencias Sociales, particularmente en la
Historia y las Ciencias Políticas, durante más de 50 años y al
propio tiempo periodista y fundador del Centro de Estudios
Martianos, y, por su puesto, miembro de la Sección de Historia de la
UNEAC y militante y cuadro del primer partido marxista-leninista
desde 1940. Corresponsal del periódico Hoy y de la emisora Mil Diez
en la década de los 40; dirigente estudiantil en la Escuela Normal
de Pinar del Río; dirigente del Comité Provincial Antifascista. A lo
anterior habría que sumar sus publicaciones: poco más de 15 libros y
folletos como autor; otros tantos como coautor o recopilador; además
de unos 20 prólogos, decenas de artículos en revistas
especializadas, y cientos de ellos en otras publicaciones nacionales
y extranjeras.
Inmensa obra
la que nos legó José Cantón Navarro en su recorrido entre nosotros,
conmovedor, si tenemos entendida su vida sencilla de hombre sincero,
como lo quería nuestro Apóstol.
Quien le
conoció de cerca apreció en este historiador revolucionario su
pasión por la investigación de la obra martiana y sobre todo y quizá
a ese acercamiento a los pasajes de su vida que están aún por ser
estudiados con cuidadosa lupa, tan necesaria, para no cometer
imprecisiones que lastren momentos de intensidad humana, patriótica
y de luz.
A decir
verdad, Cantón era del sólido criterio de encontrar siempre, costara
el tiempo que costara, la información más útil para adentrarse en
momentos mayores del apóstol donde, justamente, la vida lo puso a
prueba en lo personal (humano), lo patriótico (la lucha) y de modo
bien particular para adentrarse en su monumental obra poética,
impregnada en discursos de luz, en la profundidad de sus artículos
para diversos periódicos de su tiempo.
Para Cantón
Navarro el ideario martiano fue decisivo, primero, para organizar y
llevar a cabo la guerra necesaria por la independencia de Cuba, y
después de la frustración del 98, para sustentar la lucha por la
patria verdaderamente libre, soberana, democrática y justa por la
que él entregó su vida. El genio político de José Martí y su calidad
humana –-le escuché decir varias veces-- hicieron posible la unión,
en un solo partido, de todos los hombres amantes de la libertad.
Fundó ese partido sobre bases que le daban un carácter eminentemente
popular y avanzado. Además, fue Martí el ideólogo de la Revolución.
Leer la
intensidad de los libros escritos por Cantón Navarro desentrañando a
José Martí es ratificar como el ideario de hombre se fusionó
admirablemente con la prédica del socialismo, hasta la victoria de
una revolución que emprendió la difícil solución de aquellos
problemas que enfrentó Martí y a la vez ha hecho frente a nuevos y
graves problemas que no se planteaban todavía a fines del siglo XIX.
Por éstas e
infinidad de razones más fue que Fidel Castro consideró a Martí como
Autor Intelectual de la gesta heroica protagonizada por jóvenes
revolucionarios aquel glorioso 26 de Julio de 1953 cuando realizaron
los asaltos a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo.
Admiraba en
este ilustre historiador cubano su valentía de análisis por muy
difícil que fuera hurgar en hechos complicados y con poca luz de
información. Él insistía que la Revolución había llevado a cabo una
inmensa labor dirigida a estudiar y divulgar el pensamiento de
Martí, su vida y su obra, pero consideraba que algunos temas
requieren de un estudio más profundo y de una difusión mayor. Entre
esos temas estaban: los campesinos y el problema agrario; la
juventud; la cultura; la defensa de la Naturaleza; los principios
ético-morales; el trabajo; la religión, y la amistad entre todos los
pueblos del mundo.
Cuando la
muerte nos cambió su presencia, Cantón Navarro estaba trabajando
intensamente en varias propuestas: Cuba: una revolución martiana y
marxista, un libro al que le daba los últimos toques. En el trataba
de demostrar que no hay contradicciones al afirmar que nuestra
revolución es marxista y a la vez martiana. Entre los aspectos que
se analizan en este libro están: objetivos que se trazó Martí y que
sólo una revolución socialista podía cumplir; concepciones de
nuestra Revolución que se articulan con el ideario martiano, y otras
que se fusionan o identifican con dicho ideario; criterios de Martí
sobre el socialismo y sobre socialistas destacados (Marx, Baliño,
etc.); presencia de Martí en los comunistas cubanos de todas las
épocas, hasta hoy.
Varias
propuestas de investigación histórica se le quedaron en el tintero a
José Cantón Navarro sobre la vida y la obra del Apóstol. El hombre
que para él era el todo más racional de nuestra historia.
Dos años de no
verle es duro. Pero le sigo leyendo y es mi homenaje de amigo,
también hasta siempre martiano.
(Fuente:
Cubarte)
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