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El
Moncada y la radio en Fidel
Rolando Álvarez Estévez
Durante muchos años, algunos compañeros que
entonces laborábamos en la Cadena Oriental de Radio —trasladada
desde Santiago de Cuba a La Habana, el 3 de agosto de 1953—,
pensábamos de manera similar en cuanto a la visita que el compañero
Fidel realizó a dicha emisora el 20 de mayo de 1955. Coincidíamos en
que el motivo radicaba en que la casi totalidad de sus artistas,
técnicos, periodistas y empleados procedían de ese territorio
oriental.
Fidel en compañía de Guido García Inclán
durante una de sus visitas a la Cadena Oriental de Radio, luego de
su salida de prisión en 1955.
Un testimonio ofrecido por el compañero Pedro
Trigo, participante en las acciones del 26 de julio de 1953, indica
que en los planes para los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos
Manuel de Céspedes, Fidel contempló la toma de la referida emisora
de alcanzarse la victoria sobre la segunda fortaleza militar del
país en aquellos momentos.
Antes de iniciarse el combate, Fidel había
encargado el asalto a la Cadena Oriental de Radio a tres
revolucionarios: Raúl Gómez García, el poeta de la Generación del
Centenario, con la misión de leer el Manifiesto a la Nación; Mario
Muñoz Monroy, médico y técnico de radio, y Pedro Trigo.
El objetivo a alcanzar sería sumar a la
población a la lucha con las armas que se ocuparan en el Moncada,
pero como se sabe, el revés conllevó la muerte en combate de unos
pocos revolucionarios y el asesinato de la mayoría después de ser
hechos prisioneros. De los nombres citados arriba solo sobrevivió
Pedro Trigo.
Cuando el 20 de mayo de 1955 Fidel hizo su
entrada en los locales que ocupaba la Cadena Oriental de Radio,
entonces en la calle Campanario 215, esquina a Concordia, en La
Habana, es posible que la mayoría de los que allí acudieron no
conocieran de aquella orden impartida por Fidel de carácter político
y movilizadora de masas.
Desde que Fidel había llegado a la capital
después de haber sido liberado junto a otros moncadistas presos en
el presidio de Isla de Pinos, el 15 de mayo de 1955, debido a la
gran presión de las masas, decidió, junto a Raúl, residir en la casa
de su hermana Lidia, en la calle 23, entre 18 y 20 en el Vedado.
Allí acudieron decenas de combatientes de la gesta del 26 de julio
de 1953, militantes de la juventud ortodoxa, periodistas que habían
trabajado por la amnistía de los moncadistas y muchos otros.
Entre los que visitaron la casa del Vedado
estuvo Wilfredo Rodríguez Cárdenas quien había trabajado como actor
en la Cadena Oriental de Radio en Santiago de Cuba, lo que
continuaba haciendo en la misma ahora en La Habana.
Wilfredo contó en varias oportunidades que en
la conversación con Fidel este le insistió en el papel tan
importante que podía hacer la radio denunciando los atropellos y
asesinatos de la dictadura como una forma de toma de conciencia por
parte de la población, como preparándola para una lucha que
incuestionablemente continuaría.
Con su modestia y compartimentación
característica, Wilfredo nunca habló del plan de visitas a varias
emisoras en la capital que Fidel proyectaba hacer a partir del día
20 de mayo. Los hechos indican que algo hablaron del particular ya
que cuando Fidel llegó al edificio de Campanario 215 era acompañado
de Wilfredo.
Serían como las dos de la tarde cuando se
sintió un fuerte murmullo, acompañado de exclamaciones, que para
algunos resultaba incomprensible, mucho más para quien esto escribe
que era un recién incorporado a la emisora con menos de 16 años.
Observé como un hombre alto, vestido de traje y
corbata, de unos seis pies de estatura, era seguido escaleras arriba
por numerosas personas. Quedó al final el compañero Wilfredo quien
se me acercó, quizás por verme algo más que asombrado, preguntándome
¿quieres conocer a una persona importante para Cuba? Le contesté
inmediatamente que sí. Junto a Wilfredo, quien llegaría a ser el
Jefe del Movimiento 26 de Julio en el sector de la radio y la
televisión, subimos al segundo piso donde se hallaba un estudio de
grabaciones con Pedro Mir Valentín, poeta dominicano exiliado en
Cuba y perseguido por el sátrapa Trujillo; José Mederos Mestre,
después jefe de las comunicaciones radiotelegráficas por claves del
Movimiento; el periodista Gerardo Ruiz Fraga y el locutor Antonio
Pera.
Llegamos al local donde se escuchaba una sola
voz, firme en sus planteamientos en cuanto a las realidades de la
patria. El silencio de los asistentes era absoluto, de total
atención. Allí estaban Jesús Montané y otros moncadistas, así como
los periodistas Guido García Inclán, "Pincho" Gutiérrez, y muchos
más.
Aprovechando una pausa de Fidel, Wilfredo me
tomó por un brazo y me acercó a él. Estaba sentado en la esquina de
una mesa, me preguntó mi nombre, la edad, lo que había estudiado y
qué labor realizaba en el noticiero. Fue muy preciso cuando me dijo
que desde la radio se podía ayudar a la población a que conociera la
verdad de lo que pasaba en Cuba, acotando "no hay propaganda que
llegue más rápido al pueblo que lo que se transmite por una emisora
radial".
No puedo decir otra cosa, contesté con respeto
y cierta timidez sus preguntas. Cuando ya pensé que había terminado
me hizo la última ¿Qué tú crees de la situación de Cuba? Mi
respuesta fue casi inmediata: "hay que tumbar a Batista".
Fidel giró su mirada hacia Wilfredo y le
expresó: "Cuiden a este muchacho que a lo mejor puede hacer algo por
la patria".
Dimos varios pasos atrás y Fidel, con gran
optimismo, siguió hablando del carácter de la lucha que se
avecinaba, de cómo la sangre de los muertos llamaba a no olvidar, y
convertir el revés sufrido en una victoria del pueblo.
La noticia de la visita de Fidel a la emisora,
contenida en dos párrafos, la hizo de manera muy inteligente e
intencionada el periodista Gerardo Ruiz Fraga y se transmitió, en la
voz de Antonio Pera, en el noticiero de las cinco de la tarde. Había
sido la primera visita de Fidel a una emisora de la capital del
país. Fue un 20 de mayo de pleno contenido revolucionario.
La radio siempre estuvo al lado de Fidel hasta
la victoria final, por espacio de cinco años, cinco meses y cinco
días a partir del 26 de julio de 1953, y por siempre.
(Fuente
Granma)
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