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El
machete de la dignidad nacional
Ángela Oramas Camero
Entre los más antiguos
aperos de labranza de Cuba se encuentra el machete, traído por los
canarios a partir del siglo XVI y de ahí que forme parte del aporte
isleño a la cultura material cubana, cuya arma blanca devino símbolo
de la nación porque sirvió en las guerras de independencia.
Muchos antes, 1762, el
machete fue usado por la resistencia española y criolla contra los
invasores ingleses. Cuentan que el alcalde de
Guanabacoa, Pepe Antonio, instó a su tropa compuesta entre otros
hombres por canarios a empuñar el machete contra los soldados
ingleses, mientras él daba el ejemplo blandiendo el suyo con gran
destreza.
Fue, precisamente, en la
villa habanera de Guanabacoa donde herreros toledanos forjaron con
acero (transportado a Cuba por los canarios) los primeros machetes
de la Isla, que por su calidad gozaron de gran fama. Así en el
siglo XVIII, campesinos criollos y canarios, muy diestros en el
manejo de esta herramienta, organizaron los llamados juegos del
machete, donde los contendientes mostraban habilidades esgrimísticas.
El Ejército Libertador de
Cuba empleó el machete como su más eficaz arma contra las tropas
españolas en las tres contiendas de liberación. El 10 de octubre de
1868, fecha del inicio de la guerra de los Diez Años, los
independentistas lo portaron con audacia, ante el grito ¡Al machete!
dado por el sargento de origen dominicano Máximo Gómez, quien luego
sería ascendido a General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba.
Esta fue la primera
llamada carga al machete, protagonizada por las huestes criollas el
26 de octubre de 1868. El filo de tal arma fue decisiva en las
posteriores campañas libertarias, así lo reconoció el general
Antonio Maceo: La libertad no se mendiga, se conquista con el filo
del machete.
El estribillo de un
trovador cubano de nuestros días reafirma cómo este herramienta
traída por los canarios a tierras cubanas es fuente para siempre de
inspiración de poetas y cantores, ofrecemos el hermoso fragmento:
Con el machete en la mano
tengo un poder soberano
que en la mañana le canta
a la sabana y a mi bandera cubana
En la actualidad los
trabajadores cubanos continúan empleando el machete en el corte de
la dulce gramínea y en otras muchas labores agrícolas. Es por ello
que en la figura dibujada de un campesino cubano, además del
sombrero de yarey, se tenga en cuenta su otro importante atributo:
el machete que porta enfundado en la cintura.
Una canaria en Martí
nos dio un genio visionario
y de un machete canario
salió el machete mambí.
Unimos trigo y maní,
aguardiente y vino de uva
y por tanto amor que incuba
esa unión de corazones
nos son siete los Montones
son ocho, contando a Cuba.
El autor de estos versos
inspirados en las siete Islas Canarias y la de Cuba: Jesús Orta
Ruiz,
Indio Naborí, Premio Nacional de Literatura, es el mayor
exponente de la décima en el siglo XX, bisnieto de las familias
isleñas Orta Amador y Ruiz Llerena, asentadas en siglo XIX en San
Miguel del Padrón, La Habana.
*Tomado del libro Corazones Canarios Cubanos con la firma de esta
autora.
(Fuente Cubarte) |